«A las mujeres hijas de inmigrantes marroquís que viven en Baleares les va mejor que a los hombres porque tanto en las familias como en las mezquitas todos coinciden en que son mejores estudiantes que los chicos. Están muy orgullosos de ellas». Así lo explica el antropólogo Alexandre Miquel Novajra, que ha participado en un estudio sobre la escolarización y el abandono escolar de los marroquís asentados en Baleares.
«Es una contradicción porque te lo dicen en la mezquita, un espacio donde no hay mujeres; como mucho aparece alguna para servir el té. Pero claramente la sociedad marroquí confía más en las mujeres para que lleguen a la universidad que en los hombres», asegura el autor, que junto a José Luis Reina Segura y Mustafa Boulharrak ha entrevistado a alumnos y docentes, pero también a familias, imanes y representantes de asociaciones vinculadas a estos lugares de culto que para los marroquís van mucho más allá del aspecto religioso y son centros vinculados a la vida comunitaria.
«Las mujeres están presionadas por la familia y la comunidad, pero esto se produce en mayor o menor grado según el nivel cultural y económico; si vienen del campo o no y si los padres son analfabetos. Esto último es más importante que la cuestión religiosa», afirma Novajra que durante años investigó sobre los fenómenos migratorios y el mundo árabe. Cuanto más pobres, los padres son más indiferentes a que sus hijos se abstengan de ir a clase o que abandonen los estudios antes. Algo que ocurre incluso con el hecho de aprender árabe y el Corán en la mezquita.
Exclusión y repliegue
Otro dato que han confirmado es que el inmigrante marroquí es recibido con un etiquetado social denigrante al que responde con aislamiento, refuerzo de su identidad y rechazo a la integración, circunstancia esta que se reproduce en las generaciones ya nacidas en España y con nacionalidad española, como decían graduados universitarios entrevistados por los autores.
«Existe una actitud racista desde las propias instituciones, pero también machista contra las mujeres que llevan velo, a las que se les dice que son víctimas y a la vez se las discrimina por ponérselo. Que su uso haya crecido puede responder más a que se les niegue la identidad de ser de aquí, donde han nacido, y se aferren a esos símbolos», considera el antropólogo, porque la mayoría de entrevistados manifestó un aumento de actitudes contrarias a los magrebíes, además de ser cuestionada su nacionalidad española por tener un apellido marroquí.
«A las hindús, que también suelen ir bastante tapadas, o contra los turbantes de los paquistaníes, no se les cuestiona así porque contra ellos no existe un discurso tan articulado», señala. «La dificultad en la integración y la convivencia de la segunda generación, ya española, inquieta. Se necesitan medios para evitar la exclusión y la discriminación», añade Boulharrak.
Claudio RanieriVeo que te has se entido plenamente aludido, por cierto... en tu país... has visto quien ha ganado ?