Presentó su dimisión hace apenas dos semanas. Sin estridencias, cumpliendo (e incluso yendo un poco más allá) con un periodo pactado de antemano, cuando aparcó su retiro para volver a la primera línea de la gestión pública en lo que sería su cuarta Dirección General de Turismo. Pep Aloy (Palma, 1959) retoma su jubilación dejando una ristra de recetas y sugerencias de cara a futuro. Elige la Escola d'Hosteleria de la UIB para la entrevista por su carga simbólica: él mismo impulsó su creación hace ahora justo 30 años. Los mismos que han pasado desde que asumió su primera dirección general de Turismo.
¿Confirma que esta va a ser su última jubilación?
Es la última. Hace dos años y medio cometí el error de comentar en voz alta que la jubilación era aburrida. Volver otra vez está totalmente descartado. Era un compromiso temporal y de objetivos que ya he cumplido.
Desde el sector del alquiler vacacional le desearon «una feliz y esperada jubilación»...
Lo entiendo, evidentemente (ríe). Yo no permití algunas cosas porque el interés general va por delante de los intereses privados.
¿De qué está más satisfecho en esta última etapa?
Una cosa es el decreto de contención. Otra es haber movilizado los fondos necesarios, porque si los decretos no van acompañados de dinero no sirven. En dos años hemos movilizado 740 millones de euros entre fondos europeos e Impuesto de Turismo Sostenible (ITS).
¿Se acabará subiendo el ITS?¿Cree que debería hacerlo?
Hay que subrayar que lo nuestro es un impuesto finalista, no una ecotasa. Lo de subirlo... Si se hace para controlar los flujos será una equivocación absoluta. Yo combatí la ecotasa hace 20 años porque pensaba que suponía una desventaja competitiva, pero ahora he de reconocer que está bien así como está, con estos precios y con inversiones finalistas. He procurado que el dinero fuera a proyectos necesarios y con absoluta transparencia. Son 140 millones cada año y creo que hay bastante. No debería subirse, sino invertirse bien.
Asumió su primera Dirección General de Turismo hace 30 años. ¿Cómo ha cambiado el sector desde entonces?
Lo primero, el crecimiento de la oferta de plazas turísticas, que ha pasado de 300.000 a más de 600.000. Otra cosa es que se ha perdido el concepto de uso exclusivo. Esto se ha ido desvirtuando cada vez más.
Se refiere al alquiler turístico.
Sí. En esos años creció la idea de extender y democratizar el turismo y el concepto de uso exclusivo se perdió. Primero se permitió el uso turístico en unifamiliares y en 2017 se extendió a los plurifamiliares. Y entonces lo podía entender, lo que no entiendo es que ahora nos quejemos. Yo era alcalde de Sencelles y quería también allí llegara el turismo. Y ahora el problema es que ha llegado.
¿Cree en el decrecimiento?
Hemos de decrecer, pero por lo fácil: cargándonos los ilegales. Eso sí que es un buen decrecimiento. Después está el problema de la hipocresía: muchos hablan de decrecer, pero nadie quiere irse el primero, sino que decrezcan los demás. Vamos a centrarnos primero en lo ilegal, porque lo otro tiene un coste. No digo que no se tenga que hacer, pero cuando alguien dice que esto o lo otro se ha de expropiar hemos de ser consecuentes: un día u otro vendrá un juez y dirá quién tiene que pagar eso.
¿Habría ido más allá?
Puede, pero también he de decir que con esto Europa no ayuda nada. Yo me considero una persona con una ideología liberal, pero cuando se ha de poner orden has de intervenir. Y Europa apuesta por la liberalización total de las actividades.
¿Qué más ha cambiado?
Otra diferencia es que no somos conscientes del proceso de transformación en el que estamos. Miami era en los años 70 el refugio de los jubilados norteamericanos que iban allí a morir. La ciudad se transformó y pasó de destino turístico a residencial. Pasó igual en la Costa Azul. Ahora queda una oferta hotelera de cada vez más nivel, pero se ha convertido esencialmente en un modelo de destino residencial. Y a nosotros, poco a poco, nos está pasando lo mismo.
¿Estamos llegando al techo de la capacidad de gasto turística?
La temporada es cada vez más larga y los precios y las rentabilidades son cada vez más altos, pero todo esto tiene un límite. Y nos estamos acercando a ese límite, sin duda.
¿La bajada del mercado alemán es motivo de preocupación?
Otros no sé qué dirán, para mí sí lo es. Es verdad que se ha compensado con otras nacionalidades, pero aquí hay una cuestión que va más allá de números. El alemán es un mercado muy nuestro y todavía muy numeroso. Como mínimo hemos de estar al tanto.
¿A qué lo achaca?
El motivo real son los precios, vinculado a la situación económica que se vive en Alemania, con una crisis importante que acaba repercutiendo en otras partes de Europa.
¿No era eso lo que se buscaba?¿Turistas con más dinero?
Sí, pero si esto pasara con un mercado residual no me preocuparía. En cambio, con un mercado como el alemán tenemos que estar alerta. También porque el efecto carpe diem post-covid ha terminado y tarde o temprano vendrá un ciclo negativo.
Los nuevos vuelos a Montreal y Abu Dhabi justo en temporada alta, ¿no van contra los objetivos de contención?
Son aviones pequeños y no masificarán nada, sobre todo con la bajada de los alemanes. Y es un tipo de cliente que nos interesa. El mercado canadiense es de lo mejorcito que hay. Viene prácticamente todo el año y es buen cliente en todos los aspectos.
Toca revisar el acuerdo con los cruceros ¿Qué habría que hacer?
Reducir pasajeros al día. Ahora estamos en un máximo de tres barcos y 8.000 cruceristas al día, pero si planteáramos la posibilidad de decrecer un poco el número de cruceristas, eso haría que en vez de megacruceros hubiera barcos más pequeños y con menos gente. Y eso quiere decir de más poder adquisitivo.
¿Qué deja por hacer?
Es momento para unificar normativas y hacer una sola ley integrando las nacionales y europeas. También hemos de simplificar los trámites y potenciar la formación, que es clave para todo el sector.
¿Es aún necesaria la promoción en ferias turísticas?
Sí en las ferias grandes y especializadas. Para todo lo demás, toda esa promoción básica ya está superada.
La peor desgracia que nos a traído el capitalismo es la globalización.