Manuel Maqueda es profesor de Programas Especiales de Economía Circular Aplicada y Economia Regenerativa de la Universidad de Harvard, especialidades en las que es pionero. Cofundador y CEO del Instituto Bionomía, asesora a empresas y gobiernos de todo el mundo. Ha participado recientemente en el Forbes Illes Balears Tourism Summit organizado en Palma por Forbes España.
Lleva años investigando y difundiendo la economía circular aplicada. ¿En qué momento este paradigma dejó de ser una opción teórica para convertirse en una necesidad urgente para empresas y gobiernos?
Hay un momento de inflexión cada vez que una masa crítica de políticas, de empresas y de ciudadanos mueven ficha para que los costes de generación de residuos sean repercutidos a quienes los generan. Por ejemplo, cuando en 2017 China cerró sus fronteras a las exportaciones europeas de residuos plásticos. Mirando el problema desde el lado de la extracción de recursos, el modelo linear de extraer-fabricar lleva tiempo tensionando la geopolítica mundial. Los exabruptos de Trump son respuesta a una sagaz China que lleva ya 7 planes quinquenales de economía circular para blindar sus cadenas de suministro de la escasez de recursos actual y futura. Como quedó claro en el fórum de Forbes en Palma, sin economía circular no hay fortaleza económica, sobre todo si vives en una isla.
La economía regenerativa propone ir más allá de «no hacer daño» y pasar a «mejorar los sistemas vivos». ¿Cuál es el malentendido más común que existe hoy sobre este concepto
Un error común es pensar que puedes ser regenerativo sin pasar antes por la economía circular. Un sistema lineal basado en extraer, fabricar y tirar nunca puede ser regenerativo. Otro error grotesco es creer que para ser regenerativo basta con añadir un extra a la compensación de la huella de carbono, como si eso fuese la única variable pertinente. Regenerar no es mitigar ni descarbonizarse. Es rediseñar los sistemas y los modelos de negocio para separar la entrega de valor de la extracción de recursos finitos, de la toxicidad y de los residuos, al tiempo que restaurando la biosfera y sus capacidad de proporcionarnos salud, bienestar y servicios de ecosistema.
Cuando todo es sostenible, nada es sostenible. ¿Se nos murió el concepto «sostenibilidad» de tanto usarlo?
Quizás nació muerto, o mejor dicho fue un embarazo malogrado por errores graves en su ADN. El término se concibió como una etiqueta aspiracional, según la cual cualquier mejora de eficiencia o reducción de la huella se supone que nos impulsaba hacia un futuro mejor. Sin embargo, mejorar la eficiencia de un sistema lineal es como llevar a un caballo hacia el abismo haciéndole perseguir una zanahoria suspendida sobre su hocico. Solamente si transformamos los sistemas lineales extractivos a sistemas circulares estaremos construyendo un futuro, en lugar de gastarnos hoy el futuro de nuestros hijos.
Como cofundador y CEO del Instituto Bionomía, trabaja en metodologías para transformar la actividad humana. ¿Qué sectores avanzan más rápido y cuáles se resisten más?
Los sectores que más avanzan son los que les ven las orejas al lobo del agotamiento de los recursos, ya sea porque tienen una mayor intensidad material, o vulnerabilidades singulares en términos de materiales críticos y residuos problemáticos. También a aquellos donde la presión regulatoria y social es más fuerte. Alimentación, construcción y turismo son tres ejemplos muy relevantes en Baleares. Se resisten al cambio sectores anclados en la rapidez, la obsolescencia y la adicción a la dopamina, como es la moda. Pero aún en los sectores más complejos vemos tendencias circulares emergiendo con fuerza. Yo mismo acudí al forum de Forbes vestido de Vinted y de Wallapop.
España ha asumido compromisos ambiciosos de sostenibilidad. ¿Percibe coherencia entre las metas anunciadas y las políticas e infraestructuras que realmente se están construyendo?
España ha dado pasos importantes, especialmente en renovables y en la modernización de algunas infraestructuras clave, pero sigue existiendo falta formación en circularidad. A menudo las buenas intenciones se desperdician en soluciones lineales, que mejoran hoy las eficiencias de sistemas abocados al fracaso mañana. También predomina la apuesta por soluciones de transición frente a la apuesta valiente por soluciones sistémicas. Todo esto es quizás comprensible porque los ciclos políticos son cortos. Lo bueno es que las propias administraciones están comenzando a darse cuenta, a formarse en pensamiento circular, y a buscar marcos más amplios de consenso. Esto es esperanzador.
La presión humana y ecológica es especialmente intensa en Balears. ¿Qué oportunidades ve en el archipiélago para convertirse en un territorio laboratorio de economía regenerativa?
En Baleares se da una presión turística cada vez más insoportable en un lugar que al mismo tiempo es una especie de Silicon Valley del turismo mundial. Con esta combinación, si se hacen las cosas bien, Baleares puede posicionarse como un referente en restauración de suelos y paisajes, en innovación turística y en la transición hacia una economía azul regenerativa. Durante el Fórum de Palma quedó claro que aquí hay talento, visión y urgencia suficiente como para liderar el camino. Además me llamó la atención que la presidenta Prohens asistiera a todas las ponencias del evento sin saltarse nada y con mucho interés y escucha activa. Me atrevo a aventurar que la voluntad política también está ahí.
El turismo genera tensiones sociales por su carácter extractivo. ¿Cómo integrar la economía regenerativa de manera realista sin perder competitividad?
La tensión social evidencia que hay un amplio consenso en la necesidad del cambio. El modelo extractivo, en el que el territorio soporta una creciente carga, está agotado. El reto y la oportunidad es hacer una transición armoniosa a un modelo regenerativo, dirigido a visitantes más conscientes, de mayor valor añadido y que busquen coherencia entre valores y experiencia. De este modo no sólo se aumentan los ingresos con menos visitas, sino que cada llegada participa en la recuperación de un paisaje, en la apuesta por la alimentación local, y en el uso de infraestructuras y sistemas realmente circulares.
En su experiencia docente en Harvard, ¿Qué competencias serán imprescindibles para los líderes económicos de la próxima década?
Precisamente la mayoría de mis alumnos son líderes de entre 30 y 50 años de edad, ya sea en el área de enseñanza continuada de Harvard, como en cursos que imparto a través del Instituto Bionomía. La clave es aumentar las competencias en tres áreas muy concretas: primero el pensamiento y los marcos de acción propios de la economía circular y regenerativa; segundo el pensamiento en sistemas, y tercero la mentalidad de diseñador. Mis alumnos son diseñadores de sistemas, no simples gestores, y esa es la clave del éxito en las próximas décadas.
Muchas empresas hablan de sostenibilidad, pero pocas transforman su modelo de negocio. ¿Qué indicadores distinguen un compromiso auténtico del greenwashing?
Para distinguir entre compromiso real y greenwashing, hay que mirar dónde van los recursos y cómo se toman las decisiones. Una empresa comprometida se caracteriza por asignar inversiones importantes a proyectos transformadores, por medir con transparencia sus flujos materiales y por demostrar que su actividad tiene un impacto verificable. Los incentivos internos, desde la dirección hasta los equipos operativos, han de estar alineados con ese propósito. La humildad, la transparencia y la sinceridad son también buenos indicadores. El greenwashing, en cambio, suele estar trufado de jactancia, de vaguedades y de trucos de marketing.
¿Cómo puede la ciudadanía participar activamente en la transición hacia un modelo regenerativo y qué palancas faltan?
La ciudadanía tiene un poder enorme en esta transición. De hecho en nada nos impide a todos tomar parte en el cambio hoy mismo, por ejemplo eliminando el plástico de un solo uso, comprando cosas de segunda mano, cambiando a una alimentación estacional, local y ecológica y comunicando a otros qué hacemos y porqué. En definitiva, se trata de vivir como si viviésemos en una isla. Sentarse a esperar que otros hagan políticas es una excusa inaceptable. Es verdad que se echan de menos más formación y más opciones asequibles, pero esto no nos debe paralizar.
¿Qué mensaje trasladaría a quienes ven la transición ecológica como un coste y no como una oportunidad?
A quienes ven la transición ecológica como un coste les recordaría que el coste real está en no hacerla. La regeneración implica resiliencia, reducción de riesgos, acceso a financiación preferente y nuevas oportunidades de negocio. Lo vimos claramente en el fórum de Forbes: quienes están liderando esta transformación tienen ya una ventaja competitiva decisiva. Creo que Baleares tiene ante sí la mayor oportunidad económica de su historia, y la única que nuestros hijos se merecen.
Ejemplos: Londres no existe, es London, Lérida no existe, es Lleida, también es Catalunya y illes Balears, como es C'an Picafort y no Can Picafuerte, es Iceland tierra de hielo y no Islandia, tierra-isla (Tierra de Fuego). También es Mexico o Texas (de teixes), también Suomi y no Finlandia o Bharat y no India, etc.