La Sala de lo Social del TSJIB confirma el despido fulminante de un celador que fue pillado fumando en una clínica de Palma. El tribunal concuerda con la empresa que trató de un comportamiento sancionado como muy grave y que lleva aparejado de forma inmediata el despido aunque en otros casos similares la empresa no hubiera actuado con tal contundencia. El trabajador tenía más de quince años de experiencia como empleado en distintos centros sanitarios y llevaba siete en la misma clínica privada. Durante ese tiempo no tenía ningún expediente en su contra. Sin embargo, la misma mañana de enero del año pasado sucedieron dos incidentes considerados como muy graves por la empresa.
En el primero de ellos, una de sus supervisoras le vio durante una discusión con otros compañeros sobre el uso de una mascarilla.
Era el único que no la llevaba. En ese momento había en vigor una orden del Ministerio de Sanidad que obligaba a su uso ante la epidemia anual de gripe. Cuando se le recriminó que no la llevara contestó que «no quería», según la sentencia. Poco tiempo después, el supervisor del servicio de urgencias entró en el vestuario de hombres de la clínica. Olió a tabaco y vio salir humo de uno de los aseos del que salió el celador. El baño tenía un mecanismo para extracción de olores.
El trabajador recurrió el despido en primer lugar por una supuesta irregularidad formal que el TSJIB descarta porque entiende que la empresa sí le dio la oportunidad de defenderse de la sanción. El segundo motivo tenía que ver con la gravedad del incumplimiento que, su representación entendía que no llegaba a ser suficiente para provocar el despido. Tanto un juzgado de lo Social como el Tribunal Superior de Justicia resuelven lo contrario y respaldan la actuación de la empresa. La sentencia recuerda que simplemente el hecho de saltarse la prohibición de fumar en el recinto estaba contemplada como infracción muy grave por el centro y que era una norma que había sido comunicada a los empleados.
También hay carteles que recuerdan de la prohibición. «Compartimos con el juez la gravedad de estos incumplimientos especialmente la negativa contumaz al cumplimiento de las órdenes de la empresa», señala la resolución del Tribunal superior sobre la negativa al uso de la mascarilla. Por eso, considera que la sanción no puede rebajarse a grave y confirma el despido disciplinario.
En las empresas privadas hay disciplina y a veces injusticias por exceso de rigor o manías personales. En lo público vale prácticamente todo, por eso todo el mundo quiere ser funcionario y por eso España está en la ruina y los robados a base de impuestos. Es una ruina mantener ese tinglado de derechos, privilegios y trabajores que van casi por libre sin supervisión constante a cada minuto.