David Jiménez vive a día de hoy con tres riñones, dos suyos y uno de un donante, su hermano Carlos, quien a sus 41 años está aprendiendo a vivir con uno solo. La razón de esta donación que le ha salvado la vida a David a sus 39 años se debe a la enfermedad que padece desde que nació: hidronefrosis bilateral. Un problema que empezó en la infancia, y que le provocaba tener los uréteres torcidos, lo que causaba que la orina regresara a los riñones, dañándolos poco a poco. «Se quedan dilatados y ya no funcionan como tocan», indica David Jiménez.
Al nacer, «los médicos pensaban que podía haber muerto», narra. A sus padres les dijeron los doctores que esta enfermedad no tenía cura. Para él, los años pasaron con una certeza silenciosa, sus riñones estaban dañados y con el paso del tiempo irían a peor. La única cura era el trasplante de un riñón o la diálisis. Para su suerte encontró la persona que le devolvió la esperanza, los médicos del Hospital Son Espases encontraron que su hermano tenía el mismo grupo sanguíneo que él.
Trabajo psicológico
En ese momento empezó un trabajo psicológico para la familia desde que los hermanos eran pequeños. Los padres les fueron preparando para una posibilidad que no era una obligación, pero sí un acto inmenso de amor. «Haciéndonos a la idea de que en algún momento llegaría el día en que mi hermano, si él quería, tendría que donarme un riñón».
Después de años de espera, finalmente ese día llegó el 17 diciembre y tras una exitosa operación en el Hospital Son Espases, los hermanos Jiménez agradecen el trabajo del equipo de nefrología y urología del centro, en especial de las enfermeras de la unidad que como señalan «han estado pendientes de nuestras dudas y necesidades en todo el proceso».
Gracias a su hermano no tuvo que pasar por la diálisis y ahora tiene una prórroga de 20 o 30 años más de calidad de vida. Así David ha podido esquivar una de las etapas más duras de la enfermedad, uniéndole a su hermano Carlos a partir de ahora algo más que un lazo fraternal.
Asimismo, explica que estos años de espera se deben a la decisiones médicas, pues los especialistas consideraron oportuno aguantar al máximo los años de vida de sus riñones hasta que estos no pudieran aguantar más.
Una vida discreta
Hasta entonces, David había tenido una lucha discreta. «Mi vida ha sido más o menos normal, porque es una enfermedad silenciosa», relata. «Aunque siempre medicada y vigilada para ir regulando la enfermedad». Controlaba lo que comía, llevaba un estilo de vida saludable, aceptando los límites que le imponía la hidronefrosis bilateral. Tras el trasplante, David salió del hospital en tan solo una semana y pudo caminar, respirar y volver a casa a pasar las fiestas de Navidad junto a su familia. «Que te hagan una operación así y que en una semana puedas estar en tu casa caminando tan normal me ha sorprendido bastante», confiesa.
Nueva vida
Ahora se acostumbra al nuevo órgano que, según revela, sí que nota la sensación de tener un órgano externo dentro de su cuerpo, al que tendrá que ir acostumbrándose. Aún así, lo que más nota no es físico, sino la energía que le ha regresado tras el trasplante. «Ahora me siento más animado después de meses de cansancio y dolor».
En cuanto a la recuperación de su hermano Carlos, la experiencia ha sido distinta «al final siempre sale mejor el receptor que el donante», subraya. Carlos ahora siente que necesita descansar más y tiene que aprender a vivir con uno solo. David, en cambio, vuelve a sentirse vivo, aunque sabe que el camino no termina aquí. «Tengo que tomar medicación de por vida», inmunosupresores que lo protegen y lo exponen a la vez.
Al recordar el proceso David no habla del miedo ni del dolor. Habla del avance, del cuidado, de la humanidad de los profesionales de la salud. «Tenemos una suerte con los médicos que tenemos que a veces no la apreciamos». Con todo, David no solo ha recibido un riñón. Ha recibido tiempo, futuro, segundas oportunidades, así como una gran vitalidad y un vínculo junto a su hermano Carlos irrompible.
Eso son hermanos y todo lo demás cuentos chinos. Enhorabuena