Hasta los años 80 la educación inclusiva para niños con diversidad funcional en las aulas ordinarias de Baleares era una utopía que lastraba el futuro de centenares de familias. No solo afectaba a los estudiantes con discapacidad intelectual o física profunda, niños sordos o ciegos eran también excluidos de los colegios públicos de toda España, algo impensable a día de hoy.
La aprobación de la LOGSE en 1994 supuso un cambio de paradigma, pero sobre todo una oportunidad de futuro. En ella se menciona por primera vez el concepto de Necesidades de Apoyo Educativo Especial (NESE). En el año 2006 la LOE fue un paso más allá estableciendo el derecho de todos los alumnos a una educación que atienda la diversidad.
El número de alumnos NESE en las aulas de Baleares ha experimentado un crecimiento del 63,1 % en los últimos seis años pasando de 25.090 diagnosticados en el curso 2017-2018 a 40.923 del periodo escolar 2023-2024, según datos recogidos por un reciente informe del sindicato CCOO. En el conjunto de España ya superan el millón de estudiantes.
A los perfiles tradicionales de niños con diversidad funcional o trastornos del espectro autista y trastornos conductuales se les suman los de los llamados alumnos recién llegados (nouvinguts) que son estudiantes que entran en el sistema educativo sin haber estado escolarizados en los dos años previos y sin conocer el castellano o el catalán. Su clasificación como NESE ha sido clave para lograr una distribución equilibrada del alumnado entre centros públicos y concertados en algunos pueblos y ciudades de Baleares y estrechar la brecha de vulnerabilidad social que de lugar a los llamados ‘colegios gueto’.
Once municipios de las Islas ya tienen firmado un convenio relacionado con la escolarización equilibrada y el reparto equitativo del recién llegado. Sigue un modelo en el que sa Pobla fue pionero, por la alta tasa de inmigrantes extracomunitarios que tenía. Le siguieron Inca y Manacor por los mismos motivos.
La Conselleria d’Educació anuncia ahora que se reunirá con la Federació d’Entitats Locals de les Illes Balears (Felib) para presentarles un protocolo que para que otros municipios que quieran sumarse así lo soliciten. La idea es que esos convenios estén ya firmados en febrero, antes de que se abra el proceso de escolarización para el próximo curso 2026-2027.
Los ayuntamientos con protocolo firmado programan entrevistas con las familias de todos los alumnos que cumplen tres años en el ejercicio y no han estado escolarizados previamente y evalúan si precisan Necesidades Especiales de Soporte Educativo para distribuirlos de forma igualitaria por todos los centros de su pueblo o ciudad.
El modelo no solo contribuye a acabar con los guetos, sino que ha abierto la posibilidad a que buena parte de los colegios hayan obtenido la calificación de Centros de Atención Preferente, lo que les permite disponer de mayor personal de apoyo y dotación de recursos, pero también designar las plazas de profesorado como de especial dificultad.
En el curso 2025-2026 se han modificado los criterios que determinan que un centro sea considerado de atención preferente. Se mide el índice socioeconómico y cultural del centro (ISEC) que otorga una puntuación dependiendo del índice de su vulnerabilidad del alumnado, teniendo en cuenta entre otras cuestiones cuántos libros hay en las casas donde habitan sus alumnos. También es determinante que más de un 20 % del alumnado sea socioeconómicamente vulnerable o bien que más del 7 % sean estudiantes ‘nouvinguts’.
En el presente curso escolar integran la lista 47 Centros de Educación Infantil y Primaria (CEIP), cuatro Colegios de Educación Infantil y Primaria Integrado con Educación Secundaria Olbigatoria (CEIPIESO) y 11 Institutos de Educación Secundaria (ESO). A ellos hay que añadir un Colegio de Educación Infantil y Primaria integrado con Enseñanzas Elementales Musicales (CEIPEEM) y un Colegio de Educación Primaria (CP).
La escolarización equitativa recorta la brecha económica y social, pero familias de alumnos con discapacidad denuncian presiones de los centros para que abandonen los centros ordinarios de educación en Baleares y se marchen a las llamadas escuelas de educación especial.
Mara Beier es la presidenta de la asociación Ningún niño sin terapia, Autismo Mallorca, fundada por las familias que se quedaron sin terapias tras el cierre de Gaspar Hauser en el año 2017. Con la ayuda de especialistas quiere impulsar un Programa Piloto Integrado de Inclusión Real que conecte escuela, servicios sociales, ocio o deporte y la transición a la edad adulta garantizando los apoyos necesarios para que los niños y niñas con diversidad funcional no sean alejados de su entorno.
La propuesta, que presentará a la Conselleria d’Educació plantea la necesidad de garantizar apoyos suficientes en plazo, por parte de equipos especializados e itinerantes y que se extiendan los apoyos en domicilio una vez que los estudiantes hayan cumplido 21 años.
Con ello persigue reducir la «expulsión encubierta» que refieren muchas familias con hijos e hijas discapacitadas a cargo. Su hijo Gerard, que ahora tiene 14 años fue a la escuela ordinaria hasta tercero. Estremece oír el relato de lo que supuso para la familia. «Él fue a la escoleta ordinaria en el pueblo cuando empezamos con las sospechas y salió de allí casi con el diagnóstico de autismo. Desde muy pequeñito se veía que iba a tener muchas dificultades. Recuerdo cómo nos hacían sentir como familia de un niño con estas dificultades presionándonos en cada reunión para que nos fuéramos. Aguantamos hasta tercero de primaria, pero era una continua pelea. Nos hacían sentir mal diciendo que no tenían recursos suficientes. No querían al niño en el colegio», recuerda.
«Era una invitación continua a que nos fuéramos, intentando hacernos ver que allí no le podían tener, e incluso me hicieron ir a ver colegios con aulas específicas. Veía que iban pasando los años y Gerard no evolucionaba. Cuando era pequeñito a Gerard donde le ponías se quedaba y aquello, que fue una suerte para ellos fue una desgracia para nosotros. Lo tenían en una esquina y me enteré porque me lo dijeron sus compañeros de clase», relata.
«Me dediqué en casa a buscar libros de primaria adaptados a él con pictogramas, imprimiendo y plastificando durante horas y el jefe de estudios cuando se lo llevé me dijo que para qué se lo daba si no iba a leer, hablar ni escribir nunca. Han pasado diez años desde que nos marchamos y sigo viendo gente a la que le sigue pasando. Es cierto que faltan recursos y que la Conselleria tiene que destinar más dinero pero no solo eso cuenta, también lo hace la actitud con la que tratan a los niños. Cuando vinieron a observarle del colegio especial me dijeron que Gerard podría haber estado toda la vida en la escuela ordinaria porque a nivel conductual no es agresivo. Podría haber evolucionado con adaptaciones», continúa.
El paso de un centro de educación ordinario a un colegio de educación especial tiene un coste social para buena parte de los estudiantes con discapacidad. «Al vivir en un pueblo, los mismos niños con los que fue a escoleta eran sus compañeros en el colegio. Le entendían, le querían y le aceptaron. Al final nos vimos forzados a tomar una decisión en contra de los principios de cualquier padre. Queremos que sea uno más en su entorno, que le conozcan y le traten como uno más, pero te obligan a segregarlo diciéndote que si no no va a avanzar y el tiempo corre en contra de tu hijo. Gerard pasó de tener amigos a no tener, de ir invitado a los cumpleaños a que no le invitaran. La vida sigue adelante para todo el mundo, mientras ellos se ven segregados», lamenta.
Tienen razón todos los que tienen claro que faltan recursos, tanto profesionales como económicos. Pero es la pescadilla que se come la cola. No hay especialistas por falta de dinero que sale de nuestros impuestos . No hay dinero dado que el poco que se recauda no se destina a la formación, o se dedica a financiar una. C.A. cuya pretensión es la de separarse de España (subvenciones al catalanismo tanto a nivel Nacional como internacional). También hay que tener en cuenta las mordidas de políticos y no hay pan para tanto chorizo.