Se calcula que entre el 30 y el 60 % de la población mundial es meteosensible, lo que provoca que los cambios de presión atmosférica impacten especialmente sobre su salud. Los síntomas son variados: dolores fuertes de cabeza, dolor o rigidez articular, dolor de los senos nasales, cambios de humor, ansiedad, insomnio…
El doctor José Manuel Valverde, especialista en medicina de familia, explica que eso se nota en las urgencias de los centros médicos de Baleares donde crece exponencialmente la llegada de pacientes coincidiendo con los cambios de tiempo. «La mayoría de veces llegan con migrañas y cefaleas tensionales, estas últimas son las más frecuentes y se ven bastante afectadas», relata.
No obstante existen otras enfermedades que también se ven influidas por la inestabilidad meteorológica. «Las personas que padecen sinusitis sufren dolor agudo en la zona de los senos paranasales con los cambios de presión atmosférica y esos cambios también pueden provocar molestias articulares, sobre todo a la gente con artrosis o artritis reumatoide», explica.
Más allá de la sabiduría popular que pasa de generación en generación existen algunos estudios científicos que así lo demuestran. «Hubo un estudio que se hizo en Israel en el que se gastaron 5 millones de dólares para concluir que a la gente le dolían las articulaciones con los cambios de presión, algo que sabe absolutamente cualquier abuela», reflexiona el doctor.
Aunque la meteosensibilidad no tiene cura los pacientes crónicos aprenden a gestionarla con la ayuda de los médicos especialistas que pueden pautar cambios en la medicación y medicamentos de rescate para este tipo de casos.
Los cambios de presión no ligados a la meteorología, como el llamado mal de altura que afecta a los escaladores, también impactan en nuestra salud. «Al final es por lo mismo que te duelen los oídos cuando viajas en avión y sabemos que los submarinistas también pueden tener problemas, especialmente las personas con patologías previas como problemas respiratorios, ya que la baja presión reduce el nivel de oxígeno», continua.
En contra de lo que algunos puedan pensar el empeoramiento de patologías como la cefalea, la sinusitis o la migraña no se produce cuando la presión atmosférica supera una cifra estándar, por arriba o por abajo, sino que son los cambios bruscos de presión los que desencadenan las crisis. Esos cambios bruscos son cada vez más frecuentes.
El jueves 22 de enero se registró en Palma la presión más baja de Baleares, de 993hPa. Es la más baja de la que se tiene constancia desde el mes de marzo de 2025, ha informado a través de redes el geógrafo y meteorólogo de IB3, Miquel Salamanca.
«El cambio climático es algo que es absolutamente evidente, antes en invierno hacía frío y en verano calor y las inundaciones eran ocasionales. Ahora nada va como iba antes, las estaciones ya no son exactamente de la misma manera, tenemos mucho más calor en verano, el invierno cada vez llega más tarde y nos encontramos con una borrasca tras otra», reflexiona.