Los precios de la vivienda del alquiler en Baleares y otras regiones españolas han vivido un proceso de estabilización en los últimos seis meses que obedece, principalmente, al agotamiento de la demanda. Los inquilinos han llegado al límite de su capacidad de pago, un factor decisivo para echar el freno a una escalada en el mercado del alquiler que hasta ahora parecía imparable.
Esa es la principal conclusión del Barómetro del Alquiler 2025 elaborado a nivel estatal por el Observatorio del Alquiler, en el cual se constata que los precios se han ido moderando a lo largo de la segunda mitad del año en los «grandes mercados» de España, categoría que además de Baleares incluye ciudades como Madrid, Barcelona o Málaga. El escenario que se presenta, básicamente, es de agotamiento.
«El mercado ha alcanzado un punto de inflexión donde los precios han dejado de subir al ritmo de años anteriores, no por una mayor oferta, sino por la imposibilidad de los inquilinos de asumir mayores rentas», señala el informe para subrayar que el mercado del alquiler se adentra en 2026 inmerso en «una dinámica de cambio».
Así, las previsiones apuntan a una modulación en el ritmo de encarecimiento en los mercados más saturados. En ese sentido, se confirma una desaceleración con respecto a 2024, año en que el incremento medio de los precios en España fue del 11,3 % frente al 5,9 % del año pasado. El informe apunta que en los territorios más tensionados los inquilinos ya dedican casi la mitad de sus ingresos al pago del alquiler. «El desajuste entre la oferta y la demanda y la escasez de vivienda disponible para arrendar están detrás del alto nivel de precios que tanto dificulta el acceso a la vivienda en nuestro país».
El hecho es que, pese a la estabilización de los precios, «la escasez de la oferta se mantiene como la piedra angular del problema», advierte el Observatorio del Alquiler para dejar claro que «esta moderación hacia la estabilización no debe confundirse con una recuperación». Factores estructurales omnipresentes siguen contribuyendo a que esa escasez se mantenga, como la imposibilidad de acceder a la compra de vivienda o el auge de los hogares unipersonales.
Esta estabilización de los precios ligada al límite de la capacidad de gasto ya venía siendo advertida hace meses por el sector inmobiliario balear. José Miguel Artieda, presidente del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria de Baleares y de Apibaleares, ya hablaba a finales de año de una cierta «saturación» del mercado del alquiler que atribuía a que el inquilino «no tiene capacidad de asumir cualquier precio». Por su parte, el Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Mallorca (COAAT) hablaban hace semanas de una evolución similar en el mercado de compraventa de unifamiliares, especialmente las de lujo: los precios no han dejado de subir en los últimos años hasta saturar el mercado.
El informe del Observatorio muestra igualmente que Baleares consolida su posición entre los territorios más caros con una media de 1.643 euros por alquiler, lo que equivale a un incremento del 2,8 % durante el año pasado. Las zonas con los precios más altos son aquellas más pobladas o ubicadas en áreas con economías más dinámicas, «así como aquellas en las que tiene más relevancia el sector turístico».
En el ranking provincial de presión de la demanda, las Islas ocupan el tercer lugar, solo por detrás de Barcelona y Girona. Esta clasificación mide la presión de la demanda con el número de personas que se interesan por una vivienda de alquiler en sus primeros diez días de mercado. Baleares cerró 2025 con 137 interesados por vivienda. La comunidad, que en 2024 presentaba una relación de 124 interesados por vivienda, registró además uno de los mayores incrementos anuales de la presión. La distribución de ésta obedece a factores como el crecimiento poblacional, además de las situaciones en zonas como el archipiélago balear, «que además experimentan gran presión del turismo». Por otro lado, la presión de la demanda hace que esta se desplace hacia cinturones metropolitanos y zonas limítrofes por el efecto expulsión de las grandes capitales.
Mallorqui, clar, com moltes d'empresutxes, que agafen inmigrants regularitzats, però que saben que no tenen recolz social aquí i que acceptaran condicions miserables. Pot estar regularitzat, però la única manera de passar davant d'un autòcton del SOIB que cerca feina digna amb drets laborals, és acceptar feina de 50-60 hores a la setmana per una salari de 40 h./semana , on li roben hores extres, descansos, etc... Defenseu a monstres abusons, i ho sabeu (que és lo gravíssim).