Ernesto Baletto, es sociólogo del servicio de Asistencia y Orientación a Víctimas de Discriminación Racial o Étnica de la Cruz Roja en Baleares. Analizamos con él las teclas que tocan los discursos de odio y cómo pasan factura no solo a los migrantes sino a la sociedad en su conjunto.
¿Están calando los discursos de odio? ¿Qué teclas tocan?
—Las teclas que tocan los discursos del odio en relación a las personas que migran o llegan a Baleares son distintas y variadas. Primero provocan un proceso de aislamiento, de rechazo, que es lo que viene a buscar la discriminación racial o étnica. Esa es la etapa previa a la violencia racial. Hacen mucho daño para la cohesión social, para el estado emocional en la parte más íntima, para la salud mental con sus sinsabores colectivos e integrales... El discurso de odio deshumaniza, rechaza y culpabiliza hasta el punto de que cuando una persona lo sufre se pone el foco en ella y no en el agresor. Muchos piensan que si ha sufrido una verbal o física es porque algo habrá hecho.
¿Están entrando en las mentes de los ciudadanos de Baleares? ¿Notan un incremento más allá de las estadísticas?
—Sí. Las nuevas formas de comunicación sobre todo las redes sociales y nuevas tecnologías difunden los bulos y la desinformación constantemente sobre ese tema. Producen un sentimiento colectivo en el conjunto de la sociedad que hace que mucha gente que sufre racismo y que ya de por sí pasa por un proceso de victimización cuando emigra, sufra un proceso de revictimización, es lento, tedioso, pesado, produce aislamiento y daño social. Provoca un daño importante, un trauma, un caso emocional y rompe la cohesión social.
Habla del proceso de victimización por el que pasan las personas migrantes. ¿En qué medida son conscientes de lo que finalmente encuentran al llegar a su destino?
—Es difícil. La gente que sufre viene a aportar a la sociedad de acogida. Vienen a trabajar en la construcción en la hostelería, cuidando a personas mayores, en el campo. Su llegada es un aporte pero no siempre se ve de esa manera. Entran en un proceso de deshumanización que les hace la vida aún más complicada. Los más vulnerables son los que no tienen documentación, los discursos de odio se suman a la mochila de la inmigración que ya va cargada de historias. La mayoría tienen miedo a hacerla denuncia, miedo a hablar… temen ser expulsados si lo hacen.
¿El agresor se recrea haciendo sufrir al más débil?
—Quienes cometen delitos de odio saben bien hacia quien dirigirlos y hacen hincapié en las personas con vulnerabilidad, que tienen precariedad, muchas son mujeres monoparentales con hijos a cargo, que conviven con los problemas de empadronamiento y el hacinamiento de la vivienda. Si además cuando sales a la calle te encuentras a alguien que te insulta o te dice que te vayas a otro país se empieza a producir una grieta en la parte del cuerpo que hace sufrir.
¿Las víctimas sufren un mayor aislamiento y dificultad de integración?
—Generalmente sí. Cuando una persona sufre racismo, discriminación en la calle, en la administración o la empresa hace que no vuelva a esos espacios donde lo ha sufrido. Te aíslas, limitas las salidas, dejas de buscar información y de hacer cosas que te gustan. Es un tema duro e importante, sobre todo para las mujeres que trabajan como cuidadoras de puertas para adentro y que no tienen acceso a los canales para explicar lo que les ocurre. Si no puedes explicarlo, decirlo o comentar, empiezas a cuestionarte para qué emigraste, lo que dejaste… Las personas migrantes afrontan nuevos retos a su llegada pero muchas veces dejan atrás hijos, espacios, olores, parques… si además de todo eso sufres un proceso de expulsión emocional del ámbito de la persona civil te pasa factura. Hay mucha gente que es resiliente desde el día que sube a una patera o a un avión pero cuando llega afronta situaciones que no estaban antes en su cabeza. Es el inicio de los traumas, que hay que trabajar con un especialista, pero es complicado.
¿Cuál es el perfil de las víctimas de ese tipo de delitos de odio?
—Por mi experiencia práctica las personas de colectivos magrebíes musulmanes, procedentes del África subsahariana y latinoamericanos son las que más sufren el ámbito de la discriminación. También la sufre el pueblo gitano, pero como elemento de población española.
¿Dentro de esos colectivos, hay unas personas más expuestas que otras?
—Sí, hay colectivos más expuestos, si trabajas en la obra con contratas o subcontratas posiblemente lo sufras más, en el ámbito de las cocinas también ocurre, porque son un espacio particular, pequeño, con dilemas internos en los que hay que convivir muchas horas. Y afecta más a las personas racializadas que practican el islam y a colectivos latinoamericanos, en particular los que representan a los pueblos originarios. Llamativamente las mujeres son las que más denuncian, las que más se ponen al hombro algunas situaciones y salen para delante.
¿Dentro de esos colectivos de víctimas también hay personas racistas?
—Normalmente hay un sentimiento de pertenencia al grupo, pero a veces hay gente que lleva años viviendo aquí y puede excluir a algún paisano o conacional. Aunque generalmente el proceso de discriminación y racismo se da de autóctonos a los de fuera. Los nuevos mallorquines o mallorquinas, hijos de inmigrantes pero que ya han nacido aquí y que pertenecen a lo que la gente llama segunda o tercera generación, muchos de ellos personas catalanoparlantes totalmente integradas, a veces siguen sufriendo discriminación por su origen. La diferencia es que tienen DNI y una red de iguales en el pueblo en la que apoyarse. Muchos son funcionarios y funcionarias en ayuntamientos u ocupan cargos de especialización, tienen recursos psicológicos, personales y sociales a diferencia del subsuelo del subsuelo de la pirámide que sufre los delitos de odio que son los que llegan sin papeles, sin conocer a nadie y sin espacios donde vivir. En este caso es el sector más vulnerable y al que afecta todo, desde su condición humana, su salud emocional, su proceso de integración, su capacidad de buscar ayuda hasta conocer gente.
¿Qué podemos hacer a título individual por las víctimas?
—Ofrecer solidaridad, colaboración, empatía, escuchar antes de opinar y dar igualdad de oportunidades a todos y a todas, incluso si las condiciones de accesibilidad los recursos no están al alcance de todos. Hay que acoger, abrazar, escuchar, entender y buscar lugares comunes de interlocución y mediación porque al final de todo esto, del drama, de la humillación, de la culpa, del por qué lo hice, por qué emigré si me tratan mal y dejé a mi hijo, todo termina en el mismo cuadro. O se acepta la situación y te integras, vives y intentas salir adelante o te rompes y te vas para seguir buscando un espacio distinto a este en el que creíste que emigrando ibas a estar bien.
¿Olvidamos que lleva a los migrantes a expatriarse?
—El proceso migratorio se inicia por exhilios obligados ya sean guerras, matanzas, desastres naturales, calentamiento global, falta de comida… Se decide de forma personal para buscar mejores condiciones de vida para la familia porque donde estás ya no hay garantías ni un sistema que te proteja. Algunas de las personas que migran son recibidas o esperadas, otras imaginan lo que les espera sin nadie aquí y lo que encuentran no siempre es así. Sé por los centenares de personas que he atendido como profesional, que en un montón de casos la realidad supera cualquier especulación cerebral o que hayas leído. Te puedes encontrar debajo de un puente vendiendo periódicos a una persona excepcional y te puedes encontrar en el mismo sitio a una persona que abuse de ti, caer en manos de quien no tendrías que caer. Algunos son muy resilientes pero la lucha es constante, dura y pasa factura física y emocional. Es lo que comunmente se conoce como el duelo migratorio, un proceso muy duro y difícil de solucionar. Lo pasa la mayoría de la población migrante. Sociológicamente no te adaptas, ves que estas solo y hay un proceso de aceptación de las condiciones que se integra en el ámbito laboral, en la red social ye en grupos de amigos.
¿Qué papel juegan las redes sociales en la propagación del racismo y la xenofobia?
—Las redes sociales han producido una nueva corriente de opinión que no estaba en la cabeza de nadie. Ahora lo que tardaba en llegar boca a boca a un año llega en un instante en un reel que hace mucho daño, porque dicen barbaridades. Y es un discurso que se incrementa también en los medios de opinión. Es importante solucionarlo y por eso desde la Unión Europea, hasta los gobiernos locales o nacionales, están empezando a regular.
Hay más discursos de odio en Baleares, ¿se traducen en más agresiones verbales y físicas?
En mi espacio del servicio de atención a víctimas de discriminación he visto varios casos, muchas veces insultos en espacios públicos, medios de transporte, en el roce de un parque… En el espacio público de la calle misma pasa muchas veces. Son situaciones que nos llegan.
¿Qué debemos hacer como ciudadanos si presenciamos un caso?
—La propia víctima que lo sufre es la que tendría que denunciar, pero es importante el acompañamiento. Nosotros desde el servicio lo hacemos, vamos con ellos a poner la denuncia, al centro de salud, a los servicios sociales e intentamos la mediación.
¿La mediación permite reeducar para evitar que se reproduzcan los patrones?
—Sí, pero lo cierto es que no se da constantemente porque la tienen que aceptar todos. También formamos a víctimas potenciales y a personal profesional y médico, tratamos de abarcar transversalente todo lo que pueda prevenir la discriminación, el racismo y los delitos de odio. Muchas veces se impone el miedo en la víctima que lo sufre y acaba abandonando el proceso porque pasa por una recvictimización.
Hemos hablado del perfil de las víctimas, pero ¿qué perfil tienen los agresores?
—Hay de todo, no hay un perfil exacto. Jóvenes no hay tantos, se da más en otras edades, pero es difuso. El acto de odio es fácil para el agresor o agresora y es muy difícil buscar lo que lo produce.
... tiene razón en la mayor, que se la compro... PERO también hay que ser honestos, y estar al quite de una posible consecuencia que ya he podido observar en otras latitudes en los que el problema del racismo es mucho mayor, y es que algunas víctimas se victimizan, usando eso en su propio beneficio, "la mejor defensa un buen ataque" dicen... cuando alguien esgrime que eres racista, independientemente que lo seas o no, se ganan de manera automática la simpatía del entorno, ganando un punto, y algunos se aprovechan HACIÉNDOSE LAS VÍCTIMAS en ocasiones sin serlo, para controlar la situación y ganar el asalto por puntos...