El reconocido maestro y conferenciante César Bona defendió este sábado en Palma la necesidad de construir una educación centrada en el desarrollo integral del alumnado y en la mejora humana, en una ponencia celebrada en el marco del congreso Educa Illes, organizado por los colegios diocesanos de Mallorca y Menorca en el Conservatori de Música. Durante su intervención, alertó sobre el impacto creciente de la inteligencia artificial y llamó a aprender a utilizarla de forma responsable sin renunciar al pensamiento propio.
El ponente abordó la importancia de los límites en la infancia, afirmando que su ausencia puede ser fuente de frustración en la edad adulta. Según explicó, los límites orientan y protegen, tanto en el ámbito familiar como en el escolar. Y destacó el valor de la imaginación infantil y defendió que debe cuidarse y estimularse, evitando frenar la creatividad por considerarla excesiva. Bona subrayó la importancia del lenguaje como herramienta para ampliar la comprensión del mundo. Recordó su adolescencia marcada por la lectura y el deseo de expresarse mejor, y citó al filósofo Ludwig Wittgenstein para remarcar que «los límites del lenguaje son los límites de tu mundo».
Otro eje de su discurso fue la defensa de la amabilidad como valor esencial. Bona afirmó que no nace de la superioridad, sino de la vulnerabilidad, y que engloba virtudes como la justicia, el respeto, el cuidado, la generosidad y la ética. También reflexionó sobre el concepto de lo útil, apoyándose en La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine, para defender que las artes, la belleza y la ética son útiles porque «nos hacen mejores».
Sobre la IA, advirtió que se trata de una herramienta «que va a pensar por nosotros» y que supone un reto ineludible. Por ello, defendió que docentes y estudiantes tienen la obligación de conocerla, aprender sus usos para potenciar capacidades humanas y enseñar a emplearla de forma ética y responsable, incluso sabiendo cuándo no utilizarla. Bona citó ejemplos actuales, como alumnos de Primaria que cuestionan invertir tiempo en tareas que la IA podría resolver en segundos, y respondió que el esfuerzo forma raíces, como en un árbol: cuanto más fuertes son, mayor resistencia se logra.
El docente planteó que la educación debe ser «un máster de vida», un espacio donde los niños y jóvenes puedan desarrollarse física, emocional, social e intelectualmente. En este sentido, advirtió de que obtener buenas calificaciones no siempre implica estar preparado para afrontar los desafíos reales del mundo, por lo que animó a replantear el sentido de la innovación educativa y su dirección.
Finalmente, Bona reivindicó la curiosidad como motor del aprendizaje, poniendo como ejemplo a Leonardo da Vinci, a quien describió como «más curioso que creativo». Concluyó recordando que educar implica tomar decisiones constantes y que el objetivo último debe ser formar personas capaces de crecer y aprender durante toda la vida.