David Bueno (Barcelona, 1965) es doctor en biología y profesor de genética en la Universidad de Barcelona, donde dirige la Cátedra de Neuroeducación UB-EDU1st, la primera del mundo dedicada a esta temática. Además de su trayectoria como investigador, que le ha llevado a trabajar en centros de Alemania, Austria o Estados Unidos, se ha convertido en un reputado divulgador, motivo por el cual fue invitado al I Congrés d’Educació de los Col·legis Diocesans de Mallorca i Menorca celebrado esta semana en Palma.
¿Cómo enseñar en una realidad que ya está atravesada por la IA?
—Durante siglos las cosas cambiaron muy lentamente y se podía educar para el presente porque el futuro no cambiaría tanto. Y eso ya no es así. Por eso es tan importante educar en los que llaman habilidades blandas, que son las más importantes, como la capacidad para continuar aprendiendo, tener propósitos vitales y ser consciente de que con tus acciones contribuyes a la sociedad. Lo primero es que los adultos aprendamos a convivir con la IA porque tampoco sabemos (ríe). No podemos enseñar lo que desconocemos y las familias también son educadoras. La IA es una herramienta muy potente e interesante, pero cómo transmitir esa buena gestión si solemos hacerlo mal nosotros también porque ha aparecido por sorpresa.
Terence McKenna decía que la espontaneidad, la creatividad y la experiencia directa eran claves contra la cultura tecnológica esterilizante y preprogramada.
—Claro, porque cuando tocas un instrumento, teatralizas, danzas o pintas se desencadenan más elementos sensoriales. No se trata de hacer solo un dibujo porque es bonito. Hay que pensar por qué lo haces de determinada manera, por qué escoges ciertos colores. Es un recurso que los docentes deben usar ¿Por qué la música nos evoca alegría, nostalgia o tristeza? ¿Por qué me gusta un cuadro y no otro? Indagar y responder todo eso permite conocerte mejor y a la gente de tu entorno. Te hace más crítico y supuestamente menos manipulable frente a los algoritmos, que están muy bien diseñados para ese fin.
La perspectiva educativa hoy es mejor, pero hay demasiada inercia utilitarista
¿Apostarlo todo a la razón despreciando las artes nos ha llevado a este atolladero civilizatorio?
—La potencia de las artes es que son aspectos que, como la ciencia y la filosofía, nos hacen humanos. No podemos caer en la visión utilitarista que habla de cosas que sirven, como la ciencia, la técnica, la economía o el derecho, y que el resto solo sirve para hacer bonito. Todo es importante y estos aspectos artísticos permiten conectar mejor los dos sistemas de control de nuestro comportamiento. Uno es rápido e impulsivo: las emociones; el otro, más lento, reflexivo. Las artes bien usadas activan ambos sistemas a la vez y eso, a la larga, permite gestionar mejor el comportamiento. Es una inversión a largo plazo. La perspectiva educativa hoy es mejor que antes, pero hay demasiada inercia utilitarista.
¿Hay alguna forma de estimular neurológicamente el aprendizaje?
—A través de la propia educación, tanto en casa como en la escuela. Cuando los padres muestran curiosidad por aprender lo que se enseña a sus hijos transmiten que aprender despierta curiosidad, y eso activa la motivación, que a su vez genera bienestar. Vincular el aprendizaje a este sentirte a gusto provoca un deseo por continuar aprendido más. Cuando un alumno te pregunta algo que como adulto sabes que no tiene sentido y respondes «qué tontería», matas su curiosidad. Es mejor mostrar curiosidad por su duda para luego reconducirle dándole otra alternativa. Así transmites que su curiosidad es buena, que usándola aprenderá cosas y que sentirá bienestar.
En muchos hogares es muy complicado que se dé porque los propios adultos carecen de curiosidad.
—Porque no se les ha educado así, pero ahí entre la función socializadora de la escuela para favorecer al máximo la equidad. Y no digo igualdad, que es hacer lo mismo con todos. Equidad implica estimular más a aquellos que no reciben el estímulo de casa.
Hasta los 16 años el cerebro no es suficientemente maduro para distinguir bien entre realidad y ficción en la red
¿Por qué rechazas la prohibición de las redes a menores de 16 años?
—Si al llegar del instituto se encuentran a sus padres con el móvil chateando en vez de estar con ellos aprenden que cuanto más tiempo pasen en la red, mejor. Debemos tomar conciencia. Tengo dudas de que esa prohibición sea viable porque se trata de compañías internacionales que pueden eludir limitaciones. Hay que entender que hasta los 16 años el cerebro no es suficientemente maduro para distinguir bien entre realidad y ficción en la red. Cuesta más porque ahí ven a personas aparentemente reales que hacen cosas supuestamente reales, pero no lo son. Se usan filtros, programas de edición de imagen y solo se muestra diversión y glamour. Y cuando estás en el instituto se te exige esfuerzo y sacar buenas nota. Es una bofetada. La vida real es la suya. Hay influencers muy buenos, ojo, y por eso prohibirlo de forma taxativa puede tener un efecto contrario porque los adolescentes son rebeldes por causa biológica. Veo más factible que haya un periodo de transición en el cual puedan acceder bajo la tutela de un adulto que les haga entender que no todo es real.
¿Qué recomiendas frente a la hiperestimulación algorítmica?
—Tomarnos la vida con más calma. El cerebro está evolutivamente adaptado para tener momentos de extremo estrés, pero también largos momentos de tranquilidad. Podemos tener semanas en las que no paremos, no hace daño. El problema es que vivir así todos los días del año es fatal. Y la mayoría de familias afirman vivir así, lo cual tiene consecuencias. Careces de tiempo para vivir a través de tus sentidos, y por eso es importante estar en un parque, la playa o el bosque sin prisa. Que los niños jueguen tranquilamente. Ese es un aprendizaje sensorial vital. No estamos adaptados a para esta vorágine. La vida de nuestros padres era más tranquila. Se trabajaba mucho, pero al llegar a casa charlaban y hacían la comida. No digo que antes se viviera mejor, pero debemos reincorporar momentos diarios de no hacer nada. La utilidad de lo inútil.
hola que talEs mas bien al contrario. El que vive sumergido en el aburrimiento y sin ninguna motivación por estimular su creatividad acaba esclavizado en su a dia por un pensamiento dominado por la mediocridad. Y hay quien ve virtud en eso, especialmente los políticos de cierto bando.