En el imaginario colectivo, la presencia del gran tiburón blanco en Baleares ha oscilado durante décadas entre el mito y el rumor. Sin embargo, la ciencia y la memoria de los pescadores demuestran que el tiburón blanco (Carcharodon carcharias) no sólo ha habitado históricamente el Mediterráneo occidental, sino que también dejó huella en aguas de Mallorca.
Durante una buena parte del siglo XX, especialmente entre las décadas de los 40 y los 70, las almadrabas (técnica con redes para la pesca del atún) instaladas en puntos como las bahías de Pollença y Alcúdia (especialmente en Cap Pinar o Cap Ferrutx) capturaron de forma accidental numerosos ejemplares de gran tamaño. Los tiburones acudían atraídos por los atunes, una de sus presas predilectas, y quedaban atrapados en estas redes fijas ancladas a la costa. Entre 1941 y 1976 se documentaron al menos 18 grandes capturas en el norte de Mallorca, aunque otras fuentes elevan la cifra a cerca de 30 en el conjunto de las Islas. Algunos ejemplares superaban los seis metros de longitud y los 2.000 kilos de peso, dimensiones considerables.
El declive fue evidente a partir de finales de los años 70. El último gran ejemplar capturado en Mallorca data de 1976. Desde entonces, la presencia del tiburón blanco pasó a considerarse excepcional, envuelta en testimonios no confirmados y en señales indirectas -como mordeduras en grandes peces- difíciles de atribuir con certeza sin pruebas genéticas o visuales.
Ese vacío de tres décadas se rompió el 28 de junio de 2018, cuando la expedición científica de la organización Alnitak documentó y filmó un ejemplar de aproximadamente cinco metros a ocho millas de Cabrera. El equipo, liderado por el biólogo Ricardo Sagarminaga, certificó así el primer avistamiento confirmado en aguas españolas en al menos 30 años. El encuentro fue calificado como histórico por tratarse de la primera constatación científica moderna de un ejemplar vivo en Baleares. Actualmente, los estudios científicos coinciden en que la presencia del tiburón blanco en el Mediterráneo occidental es extremadamente rara y probablemente se encuentra en un fuerte declive histórico. Proyectos de investigación emplean técnicas como el análisis del ADN ambiental para intentar detectar su rastro en aguas de Mallorca, Menorca o Cabrera, pero no existe evidencia de una población residente en Baleares.
Frente al blanco, otras especies de tiburones sí son habituales en el Mar Balear. La tintorera, la mussola o el gatvaire aparecen con mayor frecuencia y, en ocasiones, provocan cierres preventivos de playas cuando algún ejemplar juvenil se acerca a la costa. Sin embargo, el tiburón blanco sigue siendo un visitante muy esporádico.
Lejos del sensacionalismo habitual, los expertos recuerdan que estos grandes depredadores desempeñan un papel esencial en el equilibrio del ecosistema marino.
jeppeTe puedo asegurar que no lees más que yo.