Miguel Vico lleva años luchando por algo que para la mayoría de personas es cotidiano: poder salir de su casa con normalidad. Este vecino del barrio palmesano de Sa Indioteria, con una discapacidad del 71% y las dos piernas amputadas, vive en un tercer piso sin ascensor en la comunidad de propietarios situada en el número 6 de la calle Santiago Álvarez Avellán.
Su única forma de bajar a la calle es utilizando la fuerza de los brazos y desplazándose por los escalones. «Si quiero salir de casa tengo que arrastrarme como una culebra por las escaleras», explica. «Pago mis cuotas como todos los vecinos, pero no puedo entrar y salir de casa como cualquier vecino».
La comunidad de propietarios aprobó en una junta celebrada en julio del año pasado la instalación de una silla salvaescaleras que permitiría resolver el problema de accesibilidad del edificio. La medida salió adelante por unanimidad, pero más de un año después la instalación todavía no se ha ejecutado. Según denuncia Vico, el retraso se debe a que el administrador de la finca no ha completado la tramitación necesaria para que la entidad financiera pueda autorizar el préstamo que debe sufragar la obra.
Un proyecto aprobado pero paralizado
El presupuesto para instalar la silla salvaescaleras asciende a 22.000 euros, una cantidad que se financiaría mediante un préstamo y que supondría aproximadamente unos 20 euros mensuales por vecino. «Los vecinos lo aprobaron todos», recalca Vico. «No hay ningún problema en la comunidad. El problema es que el administrador no termina de enviar toda la documentación y el proceso se queda parado».
El propio afectado asegura que llegó a contactar personalmente con la financiera encargada de estudiar la operación. Allí le confirmaron que siguen esperando varios documentos que deben ser remitidos por la administración de la finca para poder tramitar el préstamo. «De diez documentos que piden, envían cuatro», lamenta. «Así pasan los meses y todo sigue igual».
La situación actual es el último capítulo de un largo proceso médico. Vico explica que durante años sufrió graves problemas circulatorios en las piernas. Tras varias intervenciones quirúrgicas y complicaciones derivadas de la diabetes, finalmente los médicos tuvieron que amputarle ambas piernas.
El proceso fue largo y doloroso. Llegó a permanecer 18 días en la UCI después de sufrir un infarto durante una operación. Durante meses tuvo que convivir con fuertes dolores y tratamientos con morfina. «Fue un sufrimiento enorme», recuerda. «Y después de todo lo que he pasado con la enfermedad, ahora me encuentro atrapado en casa por algo que ya está aprobado».
«Es como vivir en una cárcel»
El aislamiento que provoca la falta de accesibilidad ha terminado afectando también a su estado emocional. «Esto es como vivir en una cárcel», confiesa. «Hay momentos en los que me pongo a llorar de la impotencia porque veo que los años pasan y sigo esperando. Pensé incluso en lo peor, lo he pasado muy mal porque caí en un pozo cuando perdí las piernas y esto me afecta a mi salud mental».
A pesar de todo, intenta mantenerse activo y alegre. Lee, hace ejercicio en casa dentro de sus posibilidades, disfruta de su familia y dedica muchas horas a una de sus grandes pasiones: tocar el piano, una actividad que considera terapéutica. Cuando consigue bajar a la calle con ayuda, disfruta recorriendo el carril bici con su scooter eléctrico. «Solo quiero poder salir de casa y respirar aire», explica.
Un llamamiento para agilizar el trámite
Vico insiste en que no está reclamando ayudas económicas ni un trato especial, sino únicamente que se agilice un procedimiento que ya cuenta con el respaldo de toda la comunidad. «Les pido por favor que lo tramiten con rapidez», afirma. «Esto es muy importante para mí. Yo lo haría por cualquiera».
Mientras tanto, sigue esperando que la gestión avance y que la silla salvaescaleras se instale finalmente en su edificio. « Les pido por favor que lo agilicen, porque lo necesito. Solo quiero poder entrar y salir de mi casa con dignidad», concluye.
En la plaza de la Explanada de Mahon, hay otra persona en las mismas condiciones y reslmente no se como sale pues la contrahuella de las escaleras son altísimas