El 1 de abril de 1926, Joan March Ordinas ponía la primera piedra de un ambicioso proyecto financiero que, cien años después, es un referente en el campo de la banca a escala estatal e internacional. La apertura de la primera oficina de Banca March en el número 17 de la calle Sant Miquel de Palma marcó el inicio de una era. Lo hizo en el edificio conocido como Can Gallard des Canyà, una construcción del siglo XVII concebida originalmente como vivienda, pero que a principios del siglo XX fue reformada por el arquitecto Guillem Reynés i Font y desde el año 1990 acoge parte de la colección de arte de la Fundación Juan March, un punto de referencia dentro de la labor cultural que la entidad ha llevado a cabo, también en otras ciudades como Madrid, promoviendo acciones y actividades culturales e incluso deportivas, siendo la imagen de Banca March protagonista en modalidades como el fútbol, la vela e incluso el motociclismo.
Joan March Ordinas (Santa Margalida, 1880-Madrid, 1962) hizo realidad un reto personal y profesional con el nacimiento de Banca March, cuya expansión fue rápida, abriendo nuevas oficinas en apenas un año en localidades como Llucmajor, Inca o Felanitx, para en 1928 expandirse a Manacor y más adelante a Sa Pobla. Un hito dentro de la joven Banca March fue su conversión, por cuestiones legislativas, en sociedad anónima en 1941, constituyéndose con un capital social de 50 millones de pesetas, dividido en un total de 10.000 acciones nominativas por un valor cada una de ellas de 5.000 pesetas. Joan March Ordinas suscribió y abonó en metálico la totalidad del capital y su hijo mayor, Joan March Servera, fue nombrado presidente del consejo de administración, con su otro hijo, Bartomeu, como vicepresidente primero y Lluís Alemany Pujol ejerciendo de vicepresidente segundo.
Crecimiento
El fallecimiento del fundador, Joan March Ordinas, no alteró la política ni la filosofía de la entidad, en la que Joan March Servera, un año antes del deceso del patriarca, sumó al cargo de presidente el de director general. Mientras tanto, la expansión de la entidad bancaria continuaba, aterrizando en Barcelona (1965) o Ibiza (1967), para más adelante llegar a Madrid (1971), Menorca y Formentera (1972), cubriendo de esta manera todo el mapa de Baleares.
La tercera generación entraba en acción con la muerte de Joan March Servera, en 1974, quedando las acciones de Banca March repartidas entre sus cuatro hijos: Juan (33'3 %), Carlos (33'3 %), Leonor (16'6 %) y Gloria March Delgado (16'6 %), siendo el segundo elegido presidente y administrador de la entidad, continuando y acentuándose el crecimiento de la misma dentro del mapa y el sector financieros y bancarios de España. Como muestra, queda la incorporación de las oficinas del Banc del Progrés Agrícola, fundado en Campos en 1917 por Joan Alou Ballester y con la finalidad de dar soporte a los campesinos de esa comarca.
En 1976, coincidiendo con el 50 aniversario de Banca March, la entidad culminaba otro proyecto marcado en rojo. Se inauguraba el 1 de febrero la flamante sede y edificio de referencia en las Avenidas de Palma, emblema de la marca y la entidad. Los arquitectos Felipe Lafita Pardo y Rafael Llabrés Fuster fueron los encargados del diseño y ejecución de las obras, que dejaron una construcción que sigue siendo hoy en día un icono de la ciudad.
Alba
Por el camino, diferentes operaciones y asociaciones con otras entidades bancarias reforzaron la solidez de Banca March, que en 1986 llevó a cabo la constitución de la Corporación Financiera Alba, uno de los buques insignia de la firma. Se trata de una sociedad de inversiones que forma parte del Grupo March, consolidado como uno de los principales grupos privados españoles de capital familiar y cuya presidencia cedió meses atrás Carlos March Delgado a Juan March de la Lastra, presidente de Banca March desde 2015 y en la actualidad, además de estilete y referencia de la cuarta generación que lidera actualmente el control de este trasatlántico de la banca.
En la década de los 90 y con el cambio de siglo, comenzó el crecimiento en dirección a Canarias y otros puntos de la Península, contando actualmente con oficinas en once comunidades autónomas: Baleares, Canarias, Catalunya, Madrid, Comunidad Valenciana, La Rioja, Murcia, Navarra, Andalucía, Aragón y País Vasco. La crisis posterior llevó a ajustar el volumen de oficinas y presencia física, pero a la vez, los inicios del siglo XXI permitieron asentar un modelo que ha sido exitoso.+
Banca privada
Y es que en torno al año 2000, Banca March se especializó en la banca privada y el asesoramiento a empresas. A consecuencia de todo ello, llegaron diferentes reconocimientos a su labor, siendo considerada en 2010 y 2011 como la entidad europea de mayor solvencia, prestigio y rango que conserva en la actualidad. Entre medias, un cambio de imagen corporativa o la remodelación de la emblemática oficina principal de Avenidas (2017) formaron parte del trayecto de la ya centenaria entidad, cuyo logotipo, formado por una letra M formada por tres triángulos, representa la alineación de intereses entre clientes, empleados y accionistas, considerados los tres pilares de la filosofía de negocio de Banca March, simbolizando a la par el crecimiento conjunto.
Una forma de ser y pensar que les inspira desde su nacimiento, en 1926, para actualmente contar con cerca de un centenar de oficinas operativas (al cumplir 90 años eran 200) en Península, Baleares, Canarias e incluso presencia en Londres o en Luxemburgo, donde convertirá en filial su sucursal y la constituirá en base de la expansión internacional del Grupo, que mira al futuro con nuevos retos y celebra un siglo de vida en el que Mallorca siempre ha sido parte presente y activa en su devenir. La cuarta generación, con Juan March de la Lastra y Juan March Juan, es la que pilota los destinos de una de las entidades bancarias más respetadas y fiables de España y Europa y el último gran banco familiar del país.