Bronco enfrentamiento en el pleno del Parlament entre su presidente, Gabriel Le Senne, y dos de sus excompañeros, Idoia Ribas y Agustín Buades, a cuenta de la ley ómnibus. Los dos no adscritos han irritado a Le Senne pidiendo la votación por separado de las enmiendas, una maniobra deliberada que implicaba prolongar un debate ya de por sí extenso.
Todo ha comenzado cuando Buades ha solicitado la votación separada de sus 14 enmiendas. Tras votar varias de ellas, todas con el mismo resultado (sin que ningún otro grupo las apoyara), Le Senne ha optado por continuar en bloque. Pero el es potestad de los diputados solicitar la votación por separado por lo que el diputado, igual que Idoia Ribas, ha insistido. «Es un fraude de ley lo que están haciendo», les ha recriminado Le Senne, que ha preguntado si algún grupo tenía intención de votar a favor. A esta consulta el diputado por Formentera, Llorenç Córdoba, se ha visto obligado a anticipar que iba a votar a favor de alguna, algo por lo que se ha quejado más adelante. «Yo no estoy obligada a adelantar mi sentido del voto», ha protestado también Ribas.
En el siguiente bloque de enmiendas de nuevo Buades ha pedido la votación separada para votar a todas lo mismo. Una sola votación se multiplicaba así por ocho. «Los derechos se han de ejercitar de buena fe», ha censurado Le Senne. Sus excompañeros han mantenido el pulso: «Es su obligación, usted está incumpliendo el reglamento». El presidente ha indicado a Ribas que si quería intervenir pidiera la palabra y ella lo ha hecho en base al artículo que permite responder a alusiones personales: «Usted me ha dicho que he cometido un fraude de ley», le ha lanzado la que en su día fuera portavoz de Vox, desafiante. El presidente le ha apagado el micrófono: «No tiene la palabra, no tome la palabra sin pedirla o tendré que llamarla al orden». Los dos exdiputados han acusado al presidente de vulnerar sus derechos y han seguido solicitando votación separada de los siguientes bloques, a pesar de las advertencias de Le Senne, y entre risas de la izquierda ante el intercambio.
Hace unos días fue el portavoz de Més, Lluís Apesteguia, quien amenazó con reventar el pleno solicitando votación nominal (con llamamiento público diputado a diputado) de todas las enmiendas, algo que prolongaría durante horas el proceso, como gesto de protesta contra la costumbre de legislar ‘por la puerta de atrás’ con centenares de enmiendas. El ecosoberanista no lo ha hecho pero sí ha pedido esa votación nominal para las tres disposiciones sobre el catalán, aunque las tres en un mismo bloque.
Trabalenguas en latín
Fruto de esta inclusión de enmiendas inconexas al texto original, la ley incorpora hasta 72 disposiciones finales y adicionales. Sus títulos se enumeran en latín: es decir, de la primera a la duoseptuagies, una circunstancia que ha obligado a los diputados a practicar los numerales romanos y que también ha generado algunas situaciones entre la comedia y la crítica; pronunciar novoquinquagies se ha demostrado todo un trabalenguas.
«Si quiere se lo digo en mallorquín en lugar del latín», sugería Apesteguia a Le Senne cuando le tenía que indicar qué disposiciones quería votar por separado (la séptima bis, séptima quinquies y la quatersexagies). «¿Me lo puede traer por escrito, por favor?», ha acabado pidiendo el presidente, que en otro momento ha bromeado elogiando el «acento de Roma» del diputado. «Si el Tribunal Constitucional ve el vídeo de la sesión de hoy no sólo nos darán la razón, sino un fuerte abrazo», ha deslizado Apesteguia, que promete recurrir la ley.
Quan no hi hagi vox haurem de pagar per veure aquets xous al circ