Aunque militen en equipos diferentes, el paso de los años no hace más que reforzar los lazos de amistad que unen a Pol Figueras (La Selva del Camp, 1998) y Jacobo Díaz (Madrid, 1996), jugador del Leyma Coruña, próximo rival del Hestia Menorca.
Su relación, forjada en un año difícil a nivel social por el contexto de la pandemia, pero excelente en lo humano y deportivo por la exitosa temporada 2020/21 del CB Bahía San Agustín, se mantiene intacta desde aquellos días compartiendo piso en Palma. Prueba de ello es la boda del nuevo ala-pívot de Coruña, celebrada este último verano en su isla, Tenerife. «Pol se lo pasó bastante bien, la verdad», comenta entre risas el canario.
«Estoy en una edad en la que mis amigos ya se comienzan a casar», reconoce con buen humor el catalán. «Una de las dos bodas que he tenido este verano ha sido la de Jacobo y Kristin, con quienes viví en mi primer año en Mallorca cuando aún no tenían una hija en común y seguían siendo novios», rememora con mucha chanza el jugador del Hestia Menorca.
Un nuevo inquilino
Su historia, pese a que hubiesen sido compañeros de equipo del mismo modo, podría ser bastante distinta ahora. Y es que en un primer momento, no estaba previsto que ambos compartieran piso. De hecho, Jacobo ya lo tenía totalmente ocupado antes de que incluso se anunciara el fichaje de Pol por el Bahía San Agustín.
«El año después de jugar en Marín, fiché en Palma y entré en un piso en el que había un chico sueco. Al cabo de tres o cuatro semanas se fue y yo pensé que me iba a quedar con el piso entero para mí solo, pero después vino Pol, que creo que no tenía equipo hasta ese entonces», explica el tinerfeño acerca de la situación que se encontró al principio.
«Yo llegué a Palma un 30 de septiembre. Hasta ese día no tenía equipo y la verdad es que venía de un verano muy duro», se sincera el de La Selva del Camp. Además de la pandemia, en ese momento su madre también estaba pasando por una dura enfermedad que, pese a lograr resistir un año más, finalmente no lograría superar. «Ese año fue una alegría a nivel deportivo y por la gente con la que compartí vestuario. Y Jacobo tiene gran parte de culpa de ello, está claro», señala Figueras.
Pese a no conocerse de antes, el base tarraconés ya tenía muy buenas referencias de su nuevo compañero de equipo y de piso, ya que Jacobo coincidió el año anterior en Marín con Alex Mazaira, uno de los mejores amigos de Pol en el mundo del baloncesto. «La verdad es que congeniamos muy rápido. Durante las temporadas te llevas muy bien con algunos compañeros y cuando te separas, a veces, pese a que haya mucho cariño y una muy buena relación, tal vez se diluye un poco. Pero no por nada, sino porque es algo natural, ¿no? Pero la verdad es que con Jacobo mantengo mucho el contacto, estamos pendientes el uno del otro y somos muy buenos amigos», reconoce Figueras.
Días enteros jugando al Catan
Con la pandemia aún presente a lo largo del curso, Jacobo reconoce que la vida se hizo «bastante casera». «Al final nos pásabamos todo el día juntos porque íbamos a entrenar. Los planes del fin de semana los hacíamos junto a mi pareja, que ahora es mi mujer», apunta el canterano de Estudiantes haciendo mención a su mujer Kristin, una americana a la que conoció durante su periplo en la NCAA estadounidense.
Pese a no ser una inquilina del piso como tal, visitaba a Jacobo «cada dos o tres meses por el tema del visado». «Se quedaba mes y medio o dos meses y se volvía a Estados Unidos», aclara. En su ausencia, Pol y él se repartían las tareas con un éxito sorprendente. «Por la mañana, después de entrenar, íbamos los dos al supermercado. Él hacía la comida y yo limpiaba», bromea. «La verdad es que fue muy chulo. Además, deportivamente, las aspiraciones del club ese año eran mantenerse. Formamos un grupo de jugadores muy buenos, con muchas amistades, y eso se acabó viendo reflejado en la pista, ya que llegamos al tercer partido contra Breogán en playoffs y al final terminaron ascendiendo ellos», recuerda.
Pero lo que realmente unió a los dos aquel año en Palma no fue el baloncesto, sino un juego de mesa: el Catan. «Podíamos jugar dos partidas de Catan al día sin problema, pero mejor que te cuente él», sugiere el director de juego catalán.
Jacobo arranca subiendo la apuesta. «La obsesión llegó a tal punto que solo jugábamos a Catan. A veces jugábamos siete partidas al día. Y no te exagero», subraya el nuevo ‘4’ coruñés. «Después de comer, jugábamos, antes de ir a dormir, también. Necesitábamos ser tres, así que cuando estaba mi pareja, era una obsesión», reconoce bromeando quien también coincidiera con el entrenador del Hestia Menorca, Javi Zamora, en las categorías inferiores de la selección española.
Después de llegar a enfrentarse en ACB y de verse las caras el último año con Jacobo defendiendo los colores de Tizona Burgos, este sábado (19.30h) volverán a medirse con Pol siendo un referente del Hestia Menorca y Jacobo comandando el juego interior de Leyma Coruña.