La llegada de Fernando Zurbriggen (Santa Fe, Argentina, 1997) le ha cambiado la cara por completo al Hestia Menorca. Ese soplo de aire fresco en la pista se traslada también al vestuario en el plano personal. A nuestro encuentro para realizar la entrevista, enseguida nos damos cuenta de ello.
Fer transmite y contagia con una simple conversación ese carisma y esa energía con los que uno comprende que es un líder natural. No necesita levantar la voz porque sus actos hablan por él. Educado bajo la premisa de que «las cosas que pasan, sean elecciones o no, pasan por algo», el argentino afronta la vida con un lema muy suyo: ‘Solo tengo una sonrisa y espero una de vuelta’. «Creo que la buena energía trae buena energía. Eso dice mi madre», afirma acerca de unos valores adquiridos desde su niñez.
Poniendo sus «mejores ganas todos los días» para que esa sonrisa también vuelva con los «hechos», Fer eligió empezar a jugar a básquet y dejar el fútbol con 9 años para ganarle a su hermano Ale, tres años mayor y también jugador de baloncesto. Y con ese mismo hambre que le mantiene vivo día a día terminó consiguiendo el apoyo académico de Obras Sanitarias para sacarse una carrera universitaria mientras se convertía en profesional, compartir vestuario con las mayores leyendas de la selección argentina, debutar en ACB con el Obradoiro y, ahora, aterrizar en Menorca para llevar al Hestia y a sí mismo a una nueva dimensión.
¿Qué tal lleva sus primeros dos meses en su nueva casa?
—Bien, muy contento. En especial con el clima que viene acompañando. Soy un chico muy tranquilo, al que le gusta estar con su mate, ver el atardecer…
Desde el punto de vista deportivo, contento de que el equipo esté en buena dinámica. Mi incorporación fue bastante sencilla, por lo que también estoy agradecido con el club, porque desde el primer día que pisé la Isla, a nivel de organización, han estado a la altura de lo que habíamos hablado y creo que se corresponde con el momento deportivo actual.
¿Ya ha podido romper esa monotonía del día a día para ir descubriendo la Isla?
—En mi tiempo libre invierto un montón en la recuperación. En mi casa hay un centro de kinesiología con las botas de presoterapia, LaMagneto, los equipos de TENS... Tengo todos los juguetes (risas).
Pero si, por ejemplo, hay un día como este, que se puede estar un poco al sol, caminar un poquito por la playa… Yo soy bastante de conocer, así que lo más importante es sentirme a gusto y enamorarme del lugar donde estoy. Porque al final, Menorca hoy en día es mi casa.
Está firmando sus mejores números en España y se le ve como pez en el agua mientras el equipo crece al ritmo que dictamina. ¿Esperaba tener un impacto de este calibre?
—No soy una persona que suela mirar las estadísticas como tal. Sí en cuanto a la ética de trabajo y de carácter. Yo sabía que tengo la capacidad de contagiar para bien. Y para mal también, porque si estoy de mala hostia… sé cabrear al que me rodea (risas). Pero bueno, creo que eso es un talento que con el paso del tiempo y la experiencia he aprendido a controlar. Y yo creo que en este grupo hay muchísimo talento deportivo.
Entonces, tal vez puedo ofrecer un poco más esa experiencia. Es mi decimotercera temporada profesional y eso, quieras o no, es lo que yo le aporto al equipo. Estoy muy contento porque pude contagiar mi manera de jugar al básquet.
Ya estando en México, muchos daban por hecho que volvería a Obradoiro. ¿Qué de cierto había en ese rumor y cómo acaba recalando en la Isla?
—Es cierto que hubo conversaciones. No solamente con estos clubes, sino también con algunos otros de ACB. Pero bueno, yo soy un chico que necesita creer en el proyecto y creer que el lugar en el que está me va a ayudar. Y justamente vi eso en Menorca.
Creo que traigo una línea de juego, en cuanto a sensaciones desde México, muy buena. Quería ayudar a que el club también se pusiera en ese umbral deportivo a consecuencia de mi rendimiento. Es una relación de simbiosis. Como ya dije en mi primer día, yo voy para que el club crezca y poder crecer yo dentro del club.
Aquí tenía a muchos conocidos: Vicedo, Figueras, McFadden... Pol le recomendó personalmente como su reemplazo.
—Sabía de antemano que tanto Edgar como Pol habían hablado con Javi Zamora sobre todos mis aspectos extradeportivos. Estoy seguro de que ellos favorecieron mi llegada y fue la gente con la que contacté para venir. Me hablaron muy bien del club y bueno, me han dicho lo que me he encontrado. Eso también habla de los grandes profesionales que han sido.
Y en especial Pol. No es fácil recomendar a alguien que venga en tu lugar. Así que no solamente estoy agradecido con el club por la oportunidad, sino con ellos de también saber crearme el lugar para que yo me incorpore. El grupo también me ha dado mi espacio. Entonces, no solamente es lo que yo le he dado al grupo. El grupo se ha abierto a mí y tengo que ser agradecido con eso.
¿Zamora le aseguraba ese espacio en la pista en sus primeras conversaciones?
—Yo sabía que el grupo tenía este potencial. Javi (Zamora) tiene una idea de juego muy clara y yo intento proyectar lo que él me pide dentro del campo sumándole, a veces, un poco de mi estilo.
Soy un base dinámico al que le gusta tener un control exagerado de las cosas que pasan y creo que el grupo está sacando mucho provecho de todas esas situaciones: del liderazgo de Javi en el banco y de lo que yo pueda ejecutar dentro de la cancha.
Al prepararse para su anterior etapa en México había tenido que ganar 5 kilos. ¿Cómo gestiona esa parte para maximizar su rendimiento?
—Eso es muy sencillo. Acá se entrena mucho y los estoy bajando rápido (risas). No, pero ya antes de venir había bajado dos kilos y ahora estoy en proceso. Ya he bajado uno y medio en estos dos meses. Si todo marcha bien, ya debería estar en mi peso de competencia.
Pero sin perder de vista y sin despriorizar que mi juego tiene un carácter físico. Soy un jugador que se impone físicamente en el campo. Son detalles muy rigurosos en los cuales invierto mi tiempo libre. Por eso no voy a la cueva (d’en Xoroi), ni al bote… (risas). La verdad es que invierto un montón de tiempo y energía en el cuidado del cuerpo.
¿Este cuidado empezó mientras estudiaba Educación Física y Gestión en su etapa en Obras Sanitarias?
—Soy profesor de Educación Física y licenciado en Alto Rendimiento Deportivo, sí, pero la realidad es que fue un tema de competición. Cuando entro por primera vez a la selección nacional en 2016 como sparring, conozco a Manu Ginóbili, a Luis Scola, al ‘Chapu’ Nocioni… y veía que toda esta gente hacía algo distinto a mí: la manera en que comían.
Empecé a trabajar con los mismos profesionales que ellos y desde entonces, que ya pasaron diez años, he ido año a año dando pequeños pasitos. Sin volverme loco, pero pequeños pasitos en esa dirección. Y la experiencia me dice que me ha permitido no solamente mejorar físicamente, sino el día a día, el rendimiento. Al final ya son diez años, y toco madera, en los cuales solamente he tenido lesiones fortuitas, de impacto: nada grave en el sentido muscular ni ligamentario. A lo que apunto con eso es justamente salud.
Teniendo esa capacidad de contagio, ¿su vecino Spencer Littleson está tomando ejemplo de ese cuidado?
—Es muy gracioso porque Spencer toma mate. Y no solo eso. Spencer obliga a su mujer a tomar mate. Yo me cruzo a casa, tomamos mate, compartimos mate... (risas)
La dieta, por ejemplo, también la hacen Edgar y Pol. Todo lo que sea positivo para la carrera de un jugador, bienvenido sea. Yo me considero un chico curioso que está todo el tiempo intentando aprender. No significa que genere cambios, sino aprender o, de curiosidad, preguntar. Y bueno, yo creo que el tema de la alimentación es consecuencia de eso.
Imagino que con el marisco gallego se le haría más fácil la adaptación en Santiago... ¿Qué supuso para usted saltar directamente de Argentina a la ACB con Obradoiro? ¿Cumplió sus expectativas personales?
—Y pulpo (risas). Desde el punto de vista deportivo fue una adaptación gigante porque el salto de competitividad era muy grande.
Pero bueno, ya en mi primera temporada jugaba bastante y tenía un protagonismo importante, además de una relación muy cercana a Moncho Fernández, que se extendió después por tres años más. O sea, ellos estaban contentos conmigo y yo estaba muy a gusto dentro del club. De hecho, tengo muchos amigos en Santiago.
Y después, desde el punto de vista extradeportivo, me parece uno de los lugares, Galicia en general, con mayor cultura gastronómica, social... Eu tamén falo galego, estudei na Escuela de Lenguas. Fui para adaptarme, empecé a estudiar... incluso he dado entrevistas para Radio Galega (emisora en gallego). Por eso te digo que yo soy un tipo muy curioso.
Menorquí no parlo, pero entiendo. Tengo conocidos de acá, de Menorca, que de a poquito me van enseñando.
Su capacidad de adaptación es más que elogiable.
—Habla un poco de cómo soy yo, de mi personalidad. Por eso te decía que tengo que estar agradecido al grupo de que me hayan dado mi espacio.
Tengo eso de que me comprometo y tomo un objetivo. Acá el objetivo era cambiar la dinámica del equipo. Y bueno, luego también está ese respeto por lo que yo puedo dar y mi manera de hacer las cosas. Yo soy bastante estricto en algunas y me gusta que el grupo haya entendido y respetado eso. A su vez, soy muy informal y el que pone la música en el vestuario, hace los chistes de humor negro... Nunca olvido cuál es mi lugar dentro del equipo e intento cumplir ese rol.
En Obradoiro compartió capitanía con el menorquín Álex Suárez. ¿Cómo es su relación con él? ¿Han podido hablar o verse recientemente?
—Somos amigos muy íntimos: compartimos boda, cumpleaños... Un día libre igual me escapo a Palma a verle o viene a comer asado acá. Soy muy cercano a él y a toda su familia.
Conocí Menorca hace tres años viniendo a visitarle. Conocía la parte turística, así que era un guiri más en la Isla. Pero bueno, ahora soy residente balear y eh, como tal ya saco orgullo de ‘mira los guiris estos...’ (risas). No, Álex me mostró una parte de Menorca, la natural, que me fascinó.
En su último año en Fuenlabrada, su misión, cuando jugaban en contra, era frenar a un Jalen Cone que ha crecido un montón tras su llegada. ¿Cambia mucho la película pasar de tenerlo como rival a tenerlo como compañero?
—Justamente el año pasado Jalen lideró la Liga en anotación. Por eso te digo que yo sé el potencial que tiene el grupo, sé lo bien que pueden jugar al básquet los chicos. De hecho, lo están demostrando.
Como compañero ya le voy agarrando las mañas y siempre le hago el chiste de que al final yo peso 20 kilos más y a veces me tengo que tomar un taxi para frenarlo (risas). En el día a día es muy bueno. De hecho, él ha dado un gran salto de calidad como base y director de juego. De la la otra parte nunca tuve dudas: es un anotador serial y ha crecido a pasos agigantados. Creo que justamente en este último juego en Burgos contra Tizona lo ha demostrado.
Por último, me toca preguntarle sobre su contrato, ya que fue el único cuya duración el club no desveló. ¿Hay Fer Zurbriggen hasta final de temporada o la relación podría cortarse antes?
—Una vez que tomo los compromisos, los cumplo. Y yo me he comprometido con el club a llevar al grupo a un nivel. Creo que estamos en esa dirección y hasta que no lleguemos a ese objetivo, Fernando Zurbriggen va a estar en la Isla.
Ok