El gestor cultural Carles Jiménez apuntó el «cambio importantísimo» que ha experimentado el mapa de la oferta cultural en la Isla (festivales de música o nuevas galerías de arte son dos ejemplos) y alertó de fenómenos como la «economización de la cultura» en el cual «estamos inmersos» y del riesgo de que esta se convierta en «creadora de productos y clientes cuando, de hecho, juega un papel fundamental «en la construcción de la identidad».
«Ser menorquín es un hecho cultural», subrayó Jiménez, quien además destacó que un 55,4 por ciento de los menorquines, según el sondeo del IBES, asiste a espectáculos, exposiciones y actos culturales más de una vez al mes; en Ferreries llega al 74,5 por ciento y Jiménez calificó el municipio de «bastión de la cultura en Menorca», porque es donde más se usa y promociona el catalán.
Pero esa avidez por consumir cultura tiene otra cara, la de la producción, y esa no es tan amable. Los artistas locales, por ejemplo en el teatro o la música, no tienen espacios adecuados donde ensayar o simplemente guardar su material. «Hay que promover la creación local», dijo, pero la creación «necesita espacios», por ejemplo, el Centre de Recursos Artístics de Menorca, un centro de creación y producción en Es Mercadal «que no llega a ponerse en marcha».
Jiménez propuso abrir «fábricas de creación» ya que, por ejemplo, el alud de galerías foráneas abiertas «no está revirtiendo en la comunidad de artistas locales, que no se están beneficiando». El gestor también llamó a crear sinergias entre el sector público y la comunidad artística y a elaborar un plan estratégico de cultura en Menorca.