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La mirada a Menorca de Julieta Oriola con una luz diferente

La artista argentina expone en la Fundación Numa su proyecto ‘Luces de la noche’, una colección de aires invernales que invita a la reflexión con la turistificación como elemento de fondo

La artista argentina posando junto a una de sus obras en la planta superior de la Fundación Numa, donde se puede visitar hasta el 20 de diciembre la colección de «Luces de la noche», formada por siete cuadros además de los bocetos utilizados para el proyecto    | Foto: Josep Bagur Gomila

| Menorca |

En la obra de Julieta Oriola (Buenos Aires, 1979) la luz no brilla de día, sino cuando cae el sol. Sus representaciones no hablan de idílicos rincones de la Isla y aguas turquesa, sino de urbanizaciones turísticas que viven aletargadas lejos del verano. En «Luces de la noche», la artista plástica argentina refleja un lugar que poco tiene que ver con la Menorca de postal a la que estamos acostumbrados, una propuesta que esta tarde abre sus puertas en la planta superior de la Fundación Numa de Ciutadella y que se puede visitar hasta el 20 de este mes.

Su proyecto habla de la cara menos visible de la Menorca contemporánea, esa que se caracteriza por espacios repletos de vida durante la temporada turística y por urbanizaciones que quedan prácticamente suspendidas en el tiempo durante el resto del año. Fruto de la observación de ese contraste y un buen número de paseos nocturnos, Oriola empezó a trabajar hace unos años en un proyecto que ahora ve la luz gracias al apoyo de las ayudas para creación del Consell insular. «Todo surge de las caminatas nocturnas por Ciutadella y después por sus urbanizaciones turísticas en las noches de invierno», experiencias que, confiesa, le produjeron «una sensación entre la belleza y el abismo».

«Luces de la noche». En la Fundación Numa, hasta el 20 de diciembre. | Fotos: Josep Bagur Gomila

Lo que Oriola se encuentra en esos viajes nocturnos es, explica, el reflejo de un territorio marcado por «la turistificación» a través de estampas protagonizadas por una arquitectura cuyo entorno se transforma de forma cíclica. «Menorca se llena y se vacía cíclicamente. En invierno hay unos meses en los que todo se apaga, sobre todo las urbanizaciones, que se desmantelan, parecen un atrezo, un pueblo fantasma», sostiene.

Y tras el «exceso de consumo y entretenimiento temporal» que deja el turismo, Oriola responde a la pregunta de qué queda y refleja «ese vacío». La muestra, integrada por siete pinturas, invita al público a ver la noche como un espacio en el que establecer «un paralelismo entre el mundo interior y exterior» como resultado de los paseos realizados por las urbanizaciones de Cala Blanca, Cala en Bosch y Cala en Blanes.

Espacios que funcionan como paisajes para hablar no solo de la turistificación y sus efectos, sino también de cuestiones un tanto diferentes. «En realidad es un proyecto bastante espiritual», confiesa la pintora, quien reconoce que de alguna forma «Luces de la noche» dialoga con la tradición mística de «La noche oscura del alma» de San Juan de la Cruz.

En realidad, con su obra, y la «asimetría» que representa con la noche como elemento exterior y el cuerpo interior, la artista invita a la introspección. «Mi idea es que transitando por esa noche oscura podemos llegar a comprender las cosas de una forma más profunda», reconoce quien se define como una persona curiosa que investiga sobre todos esos temas que le interpelan.

El contexto es el que es y «al final todo nos conduce a las mismas preocupaciones de la vida, lo que nos sucede tanto a nivel global como individual», relata. «Todo eso se puede llevar a un nivel íntimo, con nuestro bagaje de historia personal, una masa en la que hay estrés, dolor y sufrimiento, algo que se puede digerir atravesándolo, no barriéndolo debajo de la alfombra».

La argentina se define como una creadora con registros diferentes pero un estilo reconocible en el que el paisaje siempre ha sido un elemento clave. «Pero siempre desde una perspectiva más interna... Un paisaje puede emocionarnos, aunque también acongojarnos con su inmensidad», insiste.

Como no podía ser de otra forma, la iluminación del espacio expositivo es una de las claves de una propuesta que también tiene un «aire instalativo». Un planteamiento que busca la oscuridad que contrasta con el punto de luz de cada una de las piezas.

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