«Creo que somos lo que hemos ido viendo durante toda la vida. Vas escaneando miles de cosas, ya sea en la naturaleza, en los libros… Y llega un momento en que reflejas todo eso que llevas dentro», confiesa Sabrina Troya (Barcelona, 1980), a quien su trayectoria vital le ha llevado hasta un proyecto que le encanta. «Recolecto flores y plantas de la Isla, las preparo y trabajo con ellas para su conservación», confiesa esta artista, asentada en Menorca desde hace 20 años, especializada en el campo de lo que se conoce como joyería botánica.
Troya siempre se ha sentido atraída por la naturaleza y hace unos años comenzó, de forma autodidacta, a investigar en el mundo del secado de plantas. Desde hace un año tiene en su haber el título de artesana que otorgan en las Illes Balears y está embarcada en un proyecto profesional en el que ya se ve el resultado de años de aprendizaje. «He conseguido encontrar las técnicas para secar bien las plantas, para que conserven el color y no se pudran», relata sobre un proceso en el que después dio un paso más con la resina «que hace que queden encapsuladas y conservarlas por completo». Esa es la parte principal de sus piezas, más allá de la forma final o los materiales: «Para mí la joya es lo que hay dentro».
Arte y medio natural
Así, su vida profesional está ligada tanto al arte como al medio natural, reconoce cuando rememora cómo fue el comienzo, cuando decidió aparcar su antigua profesión, la de peluquera. «Siempre me ha gustado mucho pasear por los caminos y lo que me llamaba mucho la atención era ver las flores que quedaba en él, las que pisaban y se perdían», rememora Troya, a quien siempre le rondaba en la cabeza la idea de «compartir» esa belleza, pensar en «cómo hacer que se volviera eterna, que pudiera viajar y la viera mucha gente».
Aquel pensamiento fue el punto de partida de un proceso en el que ha puesto, con gusto, muchas horas de trabajo. «Empecé a probar con cositas muy sencillas, con técnicas como poner una flor entre los libros, para luego probar diferentes técnicas de secado, planchado y conservación», explica Troya, quien gracias a la utilización de resinas convierte lo efímero en pequeñas obra de arte duraderas. Y la manera de mostrarlo al mundo es en forma de piezas de joyería y bisutería.
Le gusta esa sensación de gente que visita la Isla y se lleva algo de aquí: «Creo que tiene un componente muy emocional», relata. También se da el caso de muchas personas que acuden a ella con sus propias flores «porque tienen un significado importante para ellas, y de ahí creo que salen joyas muy especiales».
Así, reparte la mitad de su tiempo de trabajo entre el taller que tiene en Ciutadella y sus paseos por el campo para recoger la materia prima. Está orgullosa de haber encontrado «una manera sostenible de trabajar». Es una cuestión de sentido común, explica; recoge pocas flores con la idea de que se regeneren y volver al mismo sitio al año siguiente y obtener la recompensa de que sigan allí. Con el tiempo, Sabrina ha aprendido «a mirar. Siempre digo que es muy diferente ver que observar. Estamos muy acostumbrados a ver, pero no nos damos cuenta de lo que pisamos, lo que tenemos cerca, los colores, las texturas… Mis ojos han cambiado con el tiempo».
Cuando se le pregunta sobre alguna pieza especial que haya creado, responde que las «buganvillas me parecen grandes tesoros», una planta con mucho significado en su proyecto artístico, del que ha brotado también su nombre comercial, Sra. Buganvilla.