«El relato patrimonial de la Menorca Talayótica adolece de una ausencia fundamental: el género». Esa es una de las principales conclusiones que extrae el arqueólogo Octavio Torres Gomariz (Elche, 1991) de un estudio en el que propone las bases para hacer una relectura que ayude «a explicar de una manera más cercana, humana y social» esa parte de la prehistoria menorquina.
Así lo defiende en un artículo publicado recientemente que, en parte, es fruto de un proyecto financiado por el Consell insular de Menorca a través de una línea destinada a mejorar el conocimiento histórico de la Isla.
Tras estudiar con detalle el expediente que condujo al reconocimiento de la Unesco en 2023, el arqueólogo alicantino, muy relacionado con la Isla, donde ha investigado temas relacionados con los círculos y los espacios domésticos de dos de sus yacimientos más representativos, como Son Catlar y Torre d’en Galmés, descubrió que el término «género» no aparecía por ninguna parte. Un documento que «apenas incluye referencias aisladas a la mujer u hombre, lo que transmite una idea de un pasado sin rostros ni cuerpos. Tampoco hay lugar para la infancia o la vejez. La neutralidad narrativa deviene en exclusión, defiende.
Lo monumental y lo cotidiano
El problema radica, explica Torres, en esa tendencia generalizada de priorizar siempre lo monumental sobre lo cotidiano, utilizando siempre un masculino genérico que tiende a invisibilizar. Aclara que muchas veces se suele identificar hablar de género o arqueología feminista «con agregar nombres de mujeres o hablar en femenino», pero el enfoque correcto va mucho más allá: «De lo que se trata es de dar visibilidad a algo que no lo tiene». Se refiere, en parte, al trabajo de muchas mujeres que se han dedicado a la historia y la arqueología, pero sobre todo «a repensar cómo contamos la historia».
Lo que el investigador propone en el artículo «Bases para una relectura con perspectiva de género de la Menorca Talayótica» no viene a decir, en absoluto, «que lo que se haya hecho hasta ahora esté mal ni haya que excluirlo; al contrario, las perspectivas de género, y en definitiva el feminismo, lo que vienen es a incluir, a contar la historia de la arqueología de una forma más inclusiva, más igualitaria», con el objetivo de que «también nos resulte más cercano». Un camino que pasa, dentro de la arqueología feminista, por poner en el centro de la explicación «de lo cotidiano, las prácticas de procurar alimento, de cuidar a las comunidades...».
En lo que se refiere a cómo abordar la situación para intentar revertirla, uno de los primeros pasos al aplicar la perspectiva de género es «cuestionar por qué hemos llegado hasta donde nos encontramos». Pone el ejemplo de cuando se abren libros, expedientes como el de la Menorca talayótica o se visitan museos «y no encontramos esas referencias ni a hombres ni a mujeres, pero tampoco a niños o niñas, ni ancianos ni ancianas». Lamenta el investigador que cuando se habla en masculino genérico se invisibiliza no solo a las mujeres «sino a todos los colectivos posibles». En ese sentido, enfatiza que es tan importante «tener en cuenta el lenguaje escrito como el visual».
En definitiva, concluye el arqueólogo que «incorporar la perspectiva de género es una oportunidad, no es excluyente ni menosprecia, simplemente nos invita a pensar cómo hemos contado el pasado y cómo podemos hacerlo de una manera más inclusiva, más social». Una vía que se puede aprovechar, a nivel local, «para conectar mejor con la gente» a la hora de trasladar lo que representa la Menorca talayótica. Su propuesta se abre a repensar esos bienes culturales desde una perspectiva que «refuerce su valor social y educativo como patrimonio compartido y plural»
Propuestas
En su artículo, Torres propone un plan que pasa por revisar el discurso y los recursos de los principales espacios de socialización del patrimonio. La tarea consistiría en evaluar textos, vitrinas e imágenes, y a partir de ese diagnóstico elaborar propuestas y materiales específicos para incorporar la perspectiva de género en los espacios museográficos y arqueológicos de la Isla.
Para este proceso, propone tomar como referencia herramientas específicas como el test de Baeza, desarrollada en el marco del proyecto feminista colaborativo PastWomen para analizar y producir imágenes del pasado con perspectiva de género.
Si me cambias el término en perspectiva feminista por femenina, te puedo comprar la idea.