Maria Solá Maó
Corría el verano de 1994 cuando un grupo de diez miembros del Comité de Solidaridad de Menorca con América Latina se desplazó a la ciudad de Bluefields, en Nicaragua, con un objetivo claro: dotar al barrio marginal El Canal de una pequeña escuela donde los niños de la zona pudieran formarse. La Iglesia había cedido un edificio casi en ruinas que los menorquines, la mayoría procedentes de Ciutadella y Ferreries, se encargaron de adecuar y adecentar durante alrededor de un mes.
Con el tiempo, la que por entonces se denominó Escuelita Menorca, se ha ampliado y recientemente una de sus alumnas ha sido premiada por sus buenas calificaciones. El periódico nicaragüense La Prensa se hizo eco de la noticia en su edición del pasado día 13 de junio de que la alumna Hazel Sequeira fue premiada con el pago de seis meses de facturación eléctrica. "Sequeira tiene un promedio académico de 94 puntos y estudia en la escuela campesina Menorca", informaba el rotativo. El antiguo capellán de Bluefields, el padre José, ya retirado en Estados Unidos, hizo llegar la buena nueva al párroco de Ferreries, Joan Febrer, quien desde entonces no ha perdido el contacto con los habitantes del barrio. "Es una pequeña muestra de cómo la buena semilla sembrada da sus frutos tarde o temprano", señala Febrer, que tiene previsto visitar Bluefields de nuevo el próximo mes de julio.