Incombustible e incómodo, admirado por los seguidores del movimiento altermundista y denostado por los que ven en su persona un líder de los 'antitodo'. François Houtart, sacerdote católico y sociólogo belga (Bruselas, 1925), es además profesor emérito de la Universidad Católica de Lovaina, director del Centro Tricontinental -dedicado a la difusión del "pensamiento crítico del sur" y a la colaboración con movimientos sociales y de solidaridad-, y secretario ejecutivo del Fórum Mundial de Alternativas.
Houtart ha visitado en varias ocasiones Menorca, donde cuenta con amigos de la corriente Cristianos por el Socialismo, un colectivo que junto a Veterinaris sense Fronteres y Entrepobles, apoyados por el Fons Menorquí de Cooperació, invitó al prestigioso y controvertido intelectual a pronunciar una conferencia sobre "La madre Tierra y el futuro de la humanidad".
El profesor accedió a esta entrevista, concedida en el hogar de Pere Tur y Mercè Seguí, sus anfitriones en la isla, pese a hallarse indispuesto tras un viaje complicado desde Bruselas -los retrasos aéreos no perdonan a nadie-, y de haber regresado recientemente de Mali y Cochabamba. A sus 85 años es un trotamundos que se sobrepone a la fatiga y que todavía habla de revolución.
¿Cómo ve ese futuro del planeta, amenazante o esperanzador?
El problema de la Tierra es extremadamente serio, porque todo el modelo de desarrollo conocido desde hace varios siglos, pero en particular desde los últimos 30 ó 40 años, es destructor, y hemos llegado a un punto en el que la Tierra no puede recomponerse. Problemas como el aumento del nivel del mar debido a la disminución de los glaciares pueden tener consecuencias importantes en islas del Pacífico y ciudades cerca del mar; Nueva York o Amsterdam tienen medios para luchar, pero en Lagos o Yakarta es imposible. Se calcula que 200 millones de personas pueden convertirse en inmigrantes climáticos a mediados de este siglo, y las medidas para corregir esa situación de momento no han sido aceptadas por los grandes países.
Usted ha dicho que ese modelo, el capitalista, es tremendamente poderoso pero frágil a la vez. Ahora atraviesa una dura crisis. ¿Es una más o traerá cambios?
Es igual que las demás, financiera, porque es típica del sistema, lo que pasa es que se combina con las crisis climática y energética, esa es la gran diferencia. Y también que esta vez los estados intervinieron para salvar el sistema, y no lo hicieron en los años 30, eso ha provocado un déficit enorme y ahora las políticas de austeridad. Al final quien va a pagar la crisis del capital es la gente. Es la contradicción del sistema, el motor económico es la ganancia del capital y se ignoran las externalidades. Es eficaz para producir bienes y servicios, pero lleva a la destrucción de la naturaleza y a desigualdades sociales. El modelo creció ignorándolo todo y ahora paga esas contradicciones.
Es usted un enemigo acérrimo del capitalismo.
Totalmente.
Pues otros modelos alternativos ya fracasaron.
El socialismo fue pensado como alternativa y ahora que han transcurrido 20 años desde la caída del Muro de Berlín podemos juzgar con más objetividad por qué fue un fracaso. Fracasó porque no cambió su actitud hacia la naturaleza, siguió con el mismo modelo de explotación, abandonó la democracia. Cuando la Unión Soviética decidió que su objetivo era sobrepasar al capitalismo con sus mismos medios fue el fin del socialismo.
¿Y cuál es su propuesta?
Regular el mercado no es suficiente, si no se cambia la lógica del sistema capitalista, en diez años estaremos igual. Debemos pensar en transformar los fundamentos de la vida de la humanidad en el planeta. La relación con la naturaleza debe pasar de la explotación al respeto, como fuente de vida; hay que privilegiar el valor de uso sobre el de cambio, que lo convierte todo en mercancía; es necesario promover la democracia, que no sea una pequeña minoría la que decida en función de las ganancias del capital. Eso es lo que ha provocado la crisis financiera, era una economía-casino; y por último, hay que permitir a todas las culturas y saberes que contribuyan a construir esa sociedad. Hasta ahora desarrollar implica occidentalizar y marginalizar o folklorizar todas las otras culturas.
¿Y cómo llama a ese proyecto?
No hay que hablar de nombres sino de contenido, y ese contenido es el bien común de la humanidad. Si se quiere se puede llamar socialismo, pero ese ha sido un concepto muy ambiguo y ambivalente que hay que redefinir. Es el maoismo, el estalinismo, es Tony Blair, la socialdemocracia, todos se llaman socialistas. Para mí la definición es ese bien común que debemos buscar.
Me está hablando de cambios radicales y revolucionarios, además desde abajo. ¿Son posibles hoy día esos movimientos populares?
El problema es que si no se hace no hay mucho futuro para la Tierra y la humanidad. Si es posible o no, es una cuestión de voluntad política. Hay iniciativas de movimientos sociales en los cuatro campos, en la defensa de la naturaleza, la economía social, la democracia participativa y la multiculturalidad, pero el problema es que son iniciativas que se quedan aisladas. Hay que acumular toda esa fuerza para llegar a un proyecto común con sus especificidades. No se trata de un partido único, sino de avanzar hacia esa conciencia colectiva, ese sentido de globalidad y de bien común de la humanidad.
Ya que ha hablado del derrumbe del comunismo y de socialismo, ¿qué opina de la situación de la disidencia en Cuba?
En Cuba siempre hubo muchos desacuerdos con la política del Gobierno. Lo que aquí se llama disidencia son los que, de una manera u otra, tuvieron apoyo de Estados Unidos. Hay muchos intelectuales en desacuerdo que están en libertad, participo en varias revistas críticas y los autores no están en la cárcel, están los que fueron utilizados por Estados Unidos en la política de destrucción de la experiencia cubana.
En los casos actuales creo que hay una reacción desproporcionada, predomina la parte más intransigente del partido, pero es difícil entender desde fuera el estrés que significa el embargo y la agresión perpetua contra el país por parte de Estados Unidos.
¿Lo justifica?
Lo que creo es que no se puede menospreciar esa atmósfera, que hace que se reaccione de una manera exagerada, que puede provocar una esquizofrenia y ver que todo es una agresión aunque no lo sea. Además veo en los medios europeos una actitud deshonesta. Estoy escandalizado al ver cómo tratan periódicos como "Le Monde" y "El País" los asuntos de Venezuela o Bolivia, e intentan deslegitimar todas las iniciativas que tratan de cambiar las cosas, evidentemente con sus defectos.
Usted estuvo vinculado a la Teología de la Liberación, surgida en América Latina, ¿considera que aún es necesaria esa vía?
Existe pero es marginal, porque no tiene los canales oficiales de difusión, y es más necesaria que nunca, ante los desafíos de la crisis mundial, porque es la reflexión que sale de las víctimas.
Y Europa ¿está descristianizada?
En Europa hay una parte de la sociedad muy influida por el espíritu del capitalismo, con un individualismo exacerbado, con valores materiales y consumismo. Esto no elimina los valores espirituales pero los marginaliza, provoca una crisis de todas las instituciones religiosas, políticas y sociales. La respuesta de la Iglesia Católica ante esta situación es totalmente inadecuada, con una reacción de restauración, autoritaria, dogmática, regresando a la Iglesia pre-Concilio Vaticano II, en vez de seguir la gran orientación de este Concilio. La consecuencia es que se automargina de la sociedad. La política de nombramiento de obispos y de control está matando la Teología de la Liberación, las comunidades eclesiales de base, lo veo en América Latina. El resultado será siempre un mayor aislamiento.
Sus vínculos con la Teología de la Liberación le trajeron problemas con la Santa Sede. ¿Cuál es su relación en la actualidad?
Ninguna (se ríe a carcajadas).
¿Qué opina sobre la fuerza que ha cobrado el Islam?
Hay toda una propaganda para decir que el Islam es el gran peligro actual para Europa, una ofensiva de la derecha. Al mismo tiempo también hay esfuerzos de diálogo, que no es fácil. Vamos a tener que aceptar que Europa es una tierra de pluralidad religiosa, que no existe ya el monopolio del cristianismo. Cuando al redactarse la Constitución europea se habló de reconocer las raíces cristianas de Europa, las raíces musulmanas y judías fueron olvidadas.
¿Es partidario de prohibir el uso del velo integral?
Es una política errónea, porque provocará justamente lo contrario. El burka es tan marginal en Europa que es ridículo hacer leyes sobre eso. El velo es un símbolo ambivalente, para muchas mujeres no es una señal de sumisión sino de afirmación cultural en el medio europeo. Hacer una ley sobre eso me parece tonto.
Para terminar, y ya que defiende que hay que cambiar el mundo, dígame, ¿qué es para usted una utopía?
Una utopía no es una ilusión, es lo que no existe hoy, pero puede existir mañana.