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Verter aguas fecales al mar, el delito ambiental que menos se persigue

Maó y Ciutadella no han solucionado los problemas de contaminación portuaria que provocan las grandes torrentadas

Una imagen de archivo de los restos que el desbordamiento de los aliviaderos arrastra hasta las aguas del puerto de Maó en una de las torrentadas sufridas por la ciudad. | R.L.

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No se pueden realizar vertidos al mar de aguas que no hayan recibido un tratamiento de depuración secundaria. Lo dice una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Balears de 2006, pero los puertos de Maó y Ciutadella lo sufren cada vez que hay fuertes aguaceros, como los que se anuncian para estos días.

Las redes municipales son las responsables de que eso ocurra y la solución ni es fácil ni puede ser inmediata, salvo que la sombra del delito ambiental siga creciendo.

Es lo que está ocurriendo en Palma con una reciente denuncia por vertidos fecales a la Bahía, si bien hay una diferencia notable. Mientras estos son continuados, en Maó y Ciutadella son puntuales, ocurre cuando aumenta mucho el caudal de la red y esta se desborda por los aliviaderos a causa de la lluvia.

Ambas redes municipales de saneamiento son unitarias, recogen aguas orgánicas y pluviales con la particularidad de que ambos núcleos han ido creciendo y, en la misma medida, ha crecido el caudal de aguas sucias. Ante el aumento del problema, hace ya unos años que todos los proyectos de reformas urbanas en las calles incluyen redes separativas de pluviales y fecales. Así lo marca el Plan General de uno y otro municipio.

Nadie se ha planteado todavía -al menos no lo ha hecho el GOB- que pudiere contemplarse este problema como delito ecológico porque, entre otras razones, el agua orgánica que llega al puerto en esas situaciones concretas está muy disuelta con la pluvial.

Miquel Camps, de la entidad ecologista, no esconde no obstante su preocupación por los plásticos y las colillas que son los residuos más habituales en esas evacuaciones al puerto, flotan y son los primeros en aflorar. También productos menos visibles, como los residuos líquidos procedentes de industrias y algunos comercios.

En Ciutadella, las obras recientes en el puerto han arreglado parcialmente el problema, aunque el cambio de capacidad de la nueva red ha hecho saltar el problema por otros puntos, como la plaza del Born a comienzos de verano. «Ha sido solo por el cambio de diámetro de las tuberías», apunta Noemí Camps, teniente de alcaldesa de la materia.

En ambos municipios se agrega el problema de las redes obsoletas que discurren por el subsuelo salvo en las nuevas zonas de desarrollo o de reforma.

En Maó existe desde hace una década un proyecto de segundo colector presupuestado en unos ocho millones de euros. La responsable municipal de Medio Ambiente, Conxa Juanola, explica que la primera ación ha sido solicitar fondos de la ecotasa para el tratamiento terciario de la depuradora Maó-Es Castell «y luego activaremos el colector sur», señala. El problema es, como siempre, la financiación.

Rebaja la gravedad de la situación a la puntualidad con que se produce, «no es lo habitual».

Para el GOB es mayor el problema de la central de Endesa, que vierte cloro de forma continuada. Utiliza el agua del mar para refrigeración y luego la arroja al mar, lo que provoca que al estar más caliente atrae pequeños organismos que se incrustan en la salida y llegan a taponarla. La alternativa de circuito cerrado no es exigida por la normativa europea y la eléctrica considera, por tanto, que es legal su sistema actual.

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