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Entrevista

José Beltrán en Menorca: «La Iglesia ha de descubrir los 'hashtag' del corazón y las heridas de la gente»

El periodista católico afirma que León XIV, cuya elección le sorprendió, es el sucesor de Pedro y relevo directo de Francisco

José Beltrán, además de dirigir «Vida Nueva; también colabora en COPE, Trece TV y la revista «Misioneros».

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El periodista católico José Beltrán (Madrid, 1980), director del semanario «Vida Nueva», especializado en información religiosa y de la Iglesia, interviene hoy, en El Toro, en el encuentro anual con los periodistas organizado por la Diócesis. También pronunciará (20,15 horas) una conferencia en el Seminario de Ciutadella sobre el nuevo Papa León XIV. Y mañana participará en un sesión formativa para los sacerdotes, diáconos y religiosos de la Isla.

Defina y explique la revista «Vida Nueva».
—Es un semanario con sesenta décadas de historia. Nació de la mano de un grupo de sacerdotes que veían necesario traducir y contagiar el viento fresco del Concilio Vaticano II que se estaba viviendo en Roma a una España que todavía pensaba y se veía en blanco y negro. Desde ahí, siempre ha soñado con ser una voz profética en la Iglesia y para la sociedad desde la mirada de Jesús de Nazaret, poniendo el foco en aquellos que son los preferidos de Dios, que son los descartados e invisibles para el mundo. La especialización de la revista hace que su alcance sea limitado para un público generalista, pero es una apuesta de referencia en el ámbito eclesial por su profesionalidad desde la búsqueda de la verdad.

¿Sabe comunicar eficazmente la Iglesia sus mensajes?
—La Iglesia tiene la mejor noticia de todas, pero todavía con una asignatura pendiente para reconectar con la mujer y el hombre de hoy. Y no me refiero solo a lo que hace, su labor educativa y sociocaritativa, sino a lo que es. El interés global que ha generado el triste fallecimiento del papa Francisco y el posterior cónclave y elección de León XIV es una llamada de atención a que el hecho religioso despierta, al menos, curiosidad. Desde ahí, el interrogante abierto es si la Iglesia sabe o no recoger el guante para que sean la oportunidad de un primer anuncio.

¿Cuáles son los retos de la Iglesia, en la comunicación?
—Un buen amigo obispo, que también es periodista, me dijo en una ocasión que el desafío de la Iglesia es este ámbito pasa por abandonar la sección de sucesos para adentrarse en la vida de la gente. En una sociedad secularizada es tiempo de hacerse entender, esto es, ser capaz de traducir el mensaje del Evangelio desde la realidad de la persona, no desde un ideal autorreferencial. El reto pasa porque la Iglesia sepa descubrir los hashtag del corazón y de las heridas de la gente de a pie para ofrecer un abrazo de acogida. El papa Francisco nos ha dado grandes lecciones en ese sentido porque ha comunicado las bienaventuranzas de hoy en el migrante, en la ecología integral y en las víctimas de la trata.

¿Cómo transmitir los valores del Evangelio en este tiempo líquido de la IA y el Chat GPT?
—La primera tentación ante lo nuevo y aquello que es especialmente volátil o líquido es ofrecer un espacio seguro en tierra firme en forma de receta o incluso de muro. Pero la invitación de Jesús es navegar mar adentro, aprender a navegar en esas aguas complejas y hacerlo, como nos pide el papa León XIV en un diálogo permanente con estas realidades, pero con anclajes y timón firme en la fe y en la verdad.

¿Ha entrado el laicismo en las redacciones?
—Estamos en una sociedad descristianizada, que no es ni peor ni mejor que el catolicismo cultural que hemos dejado atrás. Simplemente es diferente. No creo que nos encontremos, al menos en España, en una situación de persecución de la fe, sino de un espacio en el que Dios no ocupa lugar. Y no porque otros lo hayan arrinconado, sino porque los cristianos no hemos sido capaces de contagiar a otros la fe en el Resucitado. Lejos de combatir el mundo que nos encontramos, nos toca zambullirnos en este contexto y embarrarnos para propiciar esa cultura del encuentro que la propia Iglesia quiere abanderar.

¿Por qué miran sólo los aspectos negativos de la Iglesia?
—Porque nuestra vara de medir es el Evangelio y eso hace que tanto desde fuera como nosotros mismos hayamos puesto el listo muy alto. No es lo mismo que surja un caso de corrupción en otro ámbito que en una parroquia o en una congregación. A la vez, también percibo que cuando compartimos con transparencia y autenticidad, eso también engancha al que está al otro lado.

¿Cómo combina su vocación periodística con el compromiso con la Iglesia?
— Si ser hincha de tu equipo de fútbol te impide mirar desde la verdad lo que sucede en el terreno de juego, mal vamos. En el caso del periodismo, se sortea a golpe de profesionalidad y de apuesta por la verdad. Ahí la prueba de fuego la da la actualidad. En mi caso, como en el del resto de la Iglesia, se ha materializado en la lacra de los abusos sexuales. Hay quien cree que no hablar de ello u orillarlo es la manera de afrontarlo, cuando esa opción deviene en arrinconar las víctimas y mostrar complicidad con el agresor. El verdadero escándalo es el abuso en sí mismo y el silencio. De la misma manera, a la vez que los periodistas, más aún los católicos, debemos denunciar y anunciar todo el proceso de perdón, reparación integral y prevención en el que ya está inmersa la Iglesia para hacer realidad esa tolerancia cero que nos hemos impuesto.

¿Le sorprendió la elección de León XIV?
—La verdad es que sí. Cuando viajé para el funeral de Francisco, regresé a España con el pleno convencimiento de que solo salían las cuentas de los votos a dos candidatos: Pietro Parolin y Robert Prevost. Pero al regresar al precónclave, me dejé contagiar por la corriente promovida por los medios italianos y se desvaneció mi mirada al cardenal agustino y caí en pensar que Parolin era la opción única.

¿Qué espera del nuevo Papa?
—Que nos siga sorprendiendo como han hecho cada uno de los sucesores de Pedro que hemos tenido en el último siglo, que sea un pastor que refuerce muchas de las sanas provocaciones que ha lanzado el papa Francisco, ese «hacer lío» que se traduce en una Iglesia sinodal, abierta al mundo, pobre y para los pobres.

¿Será un segundo Francisco?
—No. Ni siquiera a Francisco le hubiera gustado tener un clon. Es más, siempre bromeaba con que aquello que él no pudiera rematar, lo hiciera un Juan XXIV. La elección de León XIV refleja una impronta personal marcada, pero con un hilo directo con su inmediato predecesor. Francisco recuperó la Doctrina Social de la Iglesia que ‘inventó’ León XIII, no como algo opcional, sino en tribuna preferente con todo lo que implica: las migraciones, el trabajo digno… León XIV es el sucesor de Pedro, pero quiere tomar el relevo directo del primer pontífice latinoamericano de la historia.

1 comentario

manu menorca manu menorca | Hace 10 meses

... cuando voy por la calle, en ocasiones me cruzo con esos jóvenes pulcramente peinados, vestidos con americana, sonrientes y con un libro bajo el brazo... creo que son apologetas de alguna secta extranjera, buscando incautos a los que explicar la buena nueva... eso sí, no llevan la pulserita de Ejpanha de escaparate, como los cayetanos...

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