La empresa Anga Bisutería S.L., fundada en 1958, ha cesado en su actividad industrial. Es otra de las firmas veteranas del sector que echa el cierre debido a una transformación del modelo de negocio marcada por la feroz competencia china, la influencia de internet, que ha llevado a la desaparición de los grandes mayoristas, y la necesidad de hacer producciones más reducidas, con las que es cada vez más complicado mantener grandes estructuras de fabricación.
La bisutera de Maó, empresa familiar en su segunda generación, tampoco tenía relevo ante la próxima jubilación de sus propietarios, los hijos «no quieren seguir, han estudiado otras cosas», y sus padres no ven tan claro el negocio como cuando ellos cogieron las riendas, «aquí no hay horas suficientes», mucho trabajo para un futuro incierto, afirman Juan Carlos y Gabriel Gelabert Carretero, hermanos y socios que ahora desmontan las instalaciones bisuteras del polígono industrial de Maó.
Una nave de 1.200 metros cuadrados que albergaba maquinaria pesada y miles de componentes de bisutería –unas cuatro mil cajas llenas de piezas–, que desde enero de este año se está vaciando para poder cerrar las puertas del negocio.
Anga Bisutería empezó su fabricación en bisutería terminada, pero en 1999 empezó a fabricar fornituras metálicas, ya que absorbió una de las fábricas más antiguas de fornituras de España, Jover y Carreras (Joyca), cuyo edificio imponente se levanta en la Plaça Eivissa de Maó.
«Nos lo trajimos todo menos el polvo», bromea Juan Carlos Gelabert, recordando los años en los que tenían encargos de cientos de miles de piezas bisuteras. Son días de sentimientos encontrados para estos empresarios, hay cierta pena por el cierre de la empresa familiar, pero al mismo tiempo, determinación. «Es lo mejor que podíamos hacer», coinciden ambos socios, «es triste, pero una vez decidido y asumido, es mejor así, una retirada a tiempo», aseguran. Anga Bisutería tenía 12 empleados, estaba muy automatizada.
Parte del material de Anga Bisutería ha sido retirado para su reciclaje, otro ha sido vendido y otro donado, como una máquina de electroerosión que los empresarios regalan al instituto Pasqual Calbó para su curso de mecánica. «Las más antiguas se guardan para un futuro y posible museo» de la industria bisutera menorquina, y se almacenan en Es Castell, explica Juan Carlos Gelabert.
Cambios en la industria
La larga experiencia en el sector bisutero de los hermanos Gelabert es la secuencia de todos los cambios que ha experimentado esta industria en las últimas cuatro décadas, del esplendor a la reconversión actual.
«Hemos llegado a fabricar millones de piezas, éramos fabricantes y mayoristas», explican, pero ahora los pedidos son de cantidades inferiores, cuando la infraestructura de la empresa es para una fabricación más grande.
A punto de cumplir los 65 años, Juan Carlos Gelabert señala que internet ha perjudicado a la industria tal y como era cuando ellos asumieron el negocio familiar, «antes era una cadena, estaban los importadores, los mayoristas y luego las tiendas, internet ha hecho que desaparezcan los grandes mayoristas», señala.
Competencia «feroz»
Al mismo tiempo, la competencia asiática no da tregua, «es feroz», corrobora su hermano Gabriel, «nos han hecho copias hasta de las cajas con el nombre». Por otro lado, las propias empresas europeas también han deslocalizado producción hacia los países asiáticos.
También consideran que ha habido un cambio en los hábitos de compra de los más jóvenes, «ahora se gastan el dinero en un móvil, en tecnología» más que en joyería o bisutería.
En el sector menorquín, Anga se dedicó a la fabricación de todos los componentes que entran a formar parte de collares, pulseras, pendientes y anillos, desde los cierres y broches hasta los propios abalorios. Entre los restos de material que ayer aún quedaba en las cajas almacenadas en la nave del polígono hay moldes y antiguas piezas que estuvieron de moda -y algunas aún se mantienen-, como las letras que personalizaron con iniciales y nombres, los collares y pulseras de clientas de todo el mundo.
Los hermanos Gelabert desean muchos años de trabajo a los compañeros del sector bisutero menorquín, en su opinión, para competir hoy día hace falta «crear marca, fabricar cantidades pequeñas e invertir en publicidad y marketing digital», es la era de los influencers.
Obligados a adaptarse
Las empresas menorquinas dentro de la Asociación Española de Fabricantes de Bisutería (Sebime), son trece, entre ellas firmas de larga tradición como Mir Fornituras (1961), Estampadora Mahonesa (1954) o Clara Bijoux (1953) y otras que ya han nacido en el entorno actual a partir de talleres con pequeñas producciones que han ido creciendo, como Marybola o Barba-Rossa.
El presidente de Sebime, José Manuel Moreno, explica que el perfil del comprador ha cambiado y el modelo de fabricación también, «antes se trabajaba con stocks y ahora ya no, los modelos pasan de moda rápido, las empresas en activo están en constante adaptación». Al mismo tiempo sus costes fijos de producción han aumentado.
«Con megaestructuras no puedes competir, las grandes producciones se han acabado», apunta, y para no sucumbir ante la competencia asiática, de la que se nutren para sus líneas de accesorios la mayoría de las franquicias de ropa y moda, «tenemos que ofrecer, calidad, servicios y cercanía», subraya.
La major part de les indústries no fabriquen en els països d'origen. El problema és que així, els sectors industrials desapareixen i es perden llocs de treball ben remunerats. Resten així només els llocs de treball del primari (cada dia més escassos) i del sector serveis. Això és difícil de canviar. Però són els propis fabricants que "deslocalitzaren" les produccions per treure majors beneficis. Però la realitat és que actualment gairebé ningú pot competir amb Xina a no ser que es dediqui als productes artesans o de luxe. El que no es pot competir és en productes mediocres i sense innovació. Per això fa falta invertir en I+D i entrar en el mercat d'Internet. Però insistesc, és un tema complicat.