Sant Lluís gestionará un presupuesto de 18,5 millones de euros en 2026, una cifra casi idéntica a la de este año pese al aumento de recaudación previsto por el IBI, la mayor participación en los impuestos estatales o la flamante concesión del chiringuito de Los Bucaneros en Binibèquer. Con este dinero, el ayuntamiento deberá afrontar la subida de sueldos del personal, un refuerzo de plantilla y la mejora del contrato del geriátrico.
Tras la cifra récord de este año, el capítulo de inversiones se queda esta vez en cinco millones. En su mayor parte corresponden a proyectos que ya aparecían en las cuentas de este año y no han llegado a ejecutarse por demoras en los trámites. El descenso se explica por la menor aportación de otras administraciones.
La actuación más importante es la obra de la urbanización de Binissafúller, que prevé iniciarse en el segundo trimestre de 2026. La financiación del impuesto de turismo sostenible (la ecotasa) permitirá reducir un 10 por ciento la contribución especial a cargo de los propietarios, que deberán afrontar el 90 por ciento restante del coste.
En 2026 también se contempla iniciar el proyecto de la piscina municipal, sufragada por el mismo fondo autonómico, y se incluye la mejora del firme de la carretera de Punta Prima con la colaboración del Consell y la adecuación de los dos centros escolares del pueblo con recursos de la Conselleria de Educación.
Inversiones no incluidas
El equipo de gobierno no ha podido incluir otras actuaciones a financiar con fondos propios, como el aparcamiento de Dalt Binifadet o la compra de los terrenos de los pozos de Binissafúller Roters, para no incumplir la regla de gasto. Esta norma impide los presupuestos expansionistas en las entidades locales.
Ambos proyectos quedan ahora sobre la mesa hasta que lleguen nuevas opciones de financiación, como los remanentes de la liquidación del año anterior. «No es el presupuesto que me habría gustado, pero incluir estas obras rompía el equilibrio y hemos tenido que sacarlas», admitió la alcaldesa Loles Tronch en el pleno del jueves que aprobó las cuentas con el rechazo del PSOE y Volem. Todo ello mientras el Ayuntamiento, según sus palabras, tiene dinero en el banco «muerto de risa».
Joan Pons, portavoz de Volem, lamentó las «carencias graves» de las cuentas y la escasa ejecución de las inversiones, «menos de un millón por año desde que gobierna el PP», aseguró. Criticó, además, que se hayan dejado perder actuaciones como la mejora de la calle Sant Antoni, el skatepark o actuaciones en Sa Tanca.
El PSOE, por su parte, calculó que tras descontar la aportación de otras administraciones, Sant Lluís solo destina a inversiones 380.000 euros de recursos propios. Silvia Pérez incidió en la contradicción entre lo que defendía el PP en la oposición y lo que hace ahora en el gobierno.
Efectos del ‘catastrazo’
Es el caso de la subida del IBI, por efecto de la revisión de los valores catastrales iniciada el mandato anterior, a razón de un diez por ciento más cada año. En 2026 no se amortiguará la subida con una reducción del tipo impositivo, a diferencia de este año.
Loles Tronch no descartó que en 2027, a las puertas de las nuevas elecciones, se adopte alguna bajada. La alcaldesa subrayó las dificultades para evitar que los concurso de obra pública queden desiertos y avanzó la contratación de un nuevo técnico de administración general, un responsable de comunicación, una trabajadora familiar y tres nuevos operarios para la brigada.
XxxLos impuestos son imprescindibles mientras tengamos a media isla trabajando solamente medio año. Y esto, la derecha no lo va a cambiar porque los hoteleros necesitan machacas que trabajen solamente medio año.