Saltó del tercer al primer lugar de la candidatura socialista para, en julio de 2024, ser investido alcalde y desbancar del gobierno al PP. La moción de censura, que durante el último año y medio ha permitido restablecer el resultado de las urnas, ha dado sustento a cambios históricos y controvertidos, como la peatonalización de la Plaça des Born.
El 31 de enero será el último de Llorenç Ferrer Monjo como alcalde de Ciutadella. Recién cumplidos sus 60 años, se apresta a ser relevado de la alcaldía por Maria Jesús Bagur (PSM), quien terminará el mandato al frente de la corporación. Antes, el 17 de enero, Ferrer podrá presidir los actos de Sant Antoni, que han vuelto a programarse en el Teatre des Born, «donde han ganado mucho y resulta agradecido pronunciar el discurso institucional». También lo ha sido presidir los festejos de Sant Joan, que «es una avalancha impresionante, una fiesta majestuosa». Defensor de «otra manera de hacer política», ha intentado mantener una relación cordial con los cargos públicos del PP, «siempre en defensa de Ciutadella».
Año y medio después de la moción de censura, ¿se ha conseguido el propósito que se perseguía?
—En parte sí, porque partíamos con uno de desventaja. Nuestro primer objetivo era restablecer la normalidad democrática. El segundo, crear un equipo de gobierno sólido y cohesionado. Y, además, peatonalizar Es Born, fruto de un año de trabajo. También hemos impulsado la ampliación del polígono, acabado los pliegos de la escuela de música y dotado al Ayuntamiento del máximo de recursos humanos para poder mejorar la atención al ciudadano. También empezaremos 2026 con un cambio en la recaudación municipal, mediante un acuerdo con la ATIB que dará beneficios a la ciudad.
Personalmente, ¿cómo ha vivido el cambio de convertirse, de un día para el otro, en alcalde?
—Es como una montaña rusa, una peli de acción en la que, hasta el final, estás entretenido. Es una experiencia vital que nunca había imaginado que pudiera aportarme tanto.
Le queda apenas un mes en el cargo. ¿Qué aportará el relevo al frente de la alcaldía?
—Trabajamos en equipo y de forma cohesionada para que no cambien ni el ritmo ni la dirección.
¿Han logrado dejar atrás el desacuerdo con sus socios del PSM que en 2023 brindó la alcaldía al PP?
—Está más que superado, a nivel interno y en la calle. Venimos a servir el pueblo y mi disponibilidad como alcalde aún es total.
Con el nuevo año llega el primer reto, la aprobación, aunque tardía, del presupuesto.
—Sí, ya tenemos todo listo, pendiente solo de los últimos informes. No es excusa para justificar que no se haya podido aprobar antes, pero compaginar la alcaldía con la gestión de áreas es difícil. La alcaldía requiere muchísima dedicación. Lo importante es que el presupuesto salga adelante y podamos aprobar también la Relación de Puestos de Trabajo (RLT), un compromiso pendiente desde hace más de 20 años.
¿Llegan a tiempo de aprobar la nueva tasa de residuos?
—No. Han llegado cuatro alegaciones y deben responderse. Así que habrá que esperar a 2027 para que pueda aplicarse. Es una merma en ingresos que afectará a las inversiones, aunque tenemos un montón de obras pendientes todavía por ejecutar: en Cala en Blanes, Cala Morell, Serpentona, la calle General Morera… Los vecinos dicen que llevaban 60 años reclamando alcantarillado.
En 2026 también habrá nuevo contrato de recogida de basuras, tras la caótica situación que se vivió el pasado verano.
—Solo se ha presentado FCC, que es la empresa que actualmente presta el servicio, pero estamos contentos porque se ha comprometido a las renovaciones de contenedores y camiones que hacen falta. La idea es que el cambio se note ya esta próxima temporada, después de tantos problemas del verano pasado. Aun así, hay que impulsar en paralelo campañas de concienciación.
Ciutadella se resiste todavía a implantar el puerta a puerta.
—Por la dificultad añadida que supone contar con un gran número de urbanizaciones, lo que exige estudiar bien las fórmulas más adecuadas antes de implantarlo. Pero no por ello debemos dejar que se nos multe por incumplir los porcentajes de reciclaje.
Usted y su gobierno serán recordados por haber sido los que sacaron los coches de Es Born, pero ¿cuánto tardaremos en ver el próximo paso?
—Es algo que todos los partidos llevaban en su programa, pero ha sido este gobierno el que lo ha ejecutado. Eso nos ha permitido acabar con las retenciones interminables que se generaban, sobre todo en Sa Contramurada. Ahora lo remataremos con un buen concurso de ideas que ya estamos negociando con el Colegio de Arquitectos y que va a hacer que demos a Ciutadella la plaza que se merece. Será un punto neurálgico de actividad y vida.
Hasta que empiecen las obras, aún pueden pasar años.
—Hemos hecho una pequeña reforma para no gastar a la espera de que dispongamos de un proyecto ganador. Lo que queremos es que ocurra como con la escuela de música, que recibió 24 propuestas. Más aún en el caso de Es Born, que el Colegio de Arquitectos quiere ligar a la plaza de Es Pins. Es un proyecto muy ambicioso e ilusionante.
La gestión de los aparcamientos y de los accesos motivó una encendida polémica. ¿Qué harán para mejorarlo de cara a este verano?
—Hemos creado parkings disuasorios en Sa Coma y la avenida Mascaró Pasarius. El primero se ha mejorado, con el terreno bien compactado, pero deberemos cerrarlo ahora durante tres meses para reabrirlo antes de la temporada. El otro es importante para facilitar la conexión de los buses con el centro. Pero, a la vez, trabajamos en promover un aparcamiento subterráneo, ya sea detrás del Oar, en la plaza del Príncep o en una nueva zona de desarrollo urbano que se abrirá detrás del Casino 17 de Gener. Nuestra idea es que se facilite a los residentes que puedan alquilar o comprar una plaza. De momento, hemos encargado un estudio y, en función del resultado, decidiremos.
Los vecinos de Dalt sa Quintana piden un puente sobre el puerto para poder acceder directamente a Es Born. ¿Lo ve viable?
—Su idea me recuerda la que está en un libro de Rafel Oleo i Quadrado, que conecta Sa Quintana con el Camí de Baix. Por nuestra parte, insistimos a Ports para que construya un ascensor que acerque los parkings de esa zona más al centro. Y, luego, tener un ascensor que permita subir hasta Es Born desde Baixamar.
¿La protesta del 9 de julio ha sido el peor episodio que ha sufrido como alcalde?
—Más que saberme mal a mí, me supo mal por Ciutadella. Se deslució una fiesta que para nada debe mezclarse con una manifestación. Puede que la peatonalización de Es Born no sea perfecta, pero las reacciones que recibimos son mucho más positivas. Además, la jueza ha dictaminado que no corresponde volver a llenar la plaza de coches y nuestra intención es que los empresarios y comerciantes puedan salir aún más beneficiados con ello.
Ha heredado deudas históricas pendientes en el municipio: la estación de bus, el desarrollo del polígono industrial…
—La administración es tan lenta que cabe no despistarse. Con la ampliación del polígono, en el B9, hemos encargado una revisión y actualización de los precios para cambiar el sistema de gestión y que sean los propios empresarios los que impulsen el proyecto. Así se agilizará el proceso, ya que el Ayuntamiento carece de la capacidad de impulsar un proyecto de esta magnitud.
Empezaron el mandato anunciando un director de Urbanismo, que aún no han nombrado. ¿Ha influido el desencuentro inicial al respecto con el PSM?
—La RLT contempla la plaza de director de Urbanismo y plantea que todas las áreas dispongan de su propio director. Pero ahora, sobre todo, nos faltan arquitectos.
¿Se están agilizando las licencias?
—Sí. Estamos desbloqueando licencias pendientes de 2017 o 2018 y, aunque todavía se tarda año y medio en concederlas, desde el sector de la construcción se nos pide que tampoco las aceleremos en exceso, pues no habría suficientes constructoras para asumir el trabajo que ya hay.
Por vez primera en 16 años, Ciutadella ha cedido solares para promociones de vivienda.
—Tres solares para un total de 71 viviendas, pero debemos mirar otras actuaciones que permitan poner pisos en el mercado de forma más rápida. Se nos empuja a ejercer de promotores, pero el Ayuntamiento no cuenta con recursos. Además, hay ciertas profesiones vinculadas a la construcción que se están encontrando con la falta de relevo generacional, con lo necesarias que resultan.
El Juzgado investiga desde hace un año y medio la sobreexplotación de pozos en Ciutadella. ¿Cómo se está actuando en la gestión del agua?
—Ya tenemos aprobado el Plan de Gestión Sostenible del Agua y falta por conectar la desaladora para que llegue al núcleo urbano. La solución será consumir más agua desalada y, en consecuencia, subir las tarifas a la población. La gente se queja, pero no lo hace tanto cuando es la telefonía o plataforma de televisión de turno la que nos sube la tarifa. Paga y ya está. El agua es un bien esencial y debemos darle más valor.
¿Se equivocaron al priorizar la reforma del geriátrico a la construcción de una nueva residencia?
—No todos los partidos del Consistorio opinábamos lo mismo, pero accedimos a satisfacer la opinión mayoritaria y priorizar la reforma. Hasta que los técnicos han visto que es inviable acometer la obra teniendo a los mayores dentro. Así que hemos cedido un solar a la Conselleria para que construya un nuevo centro de 100 plazas, de manera que cuando esté listo ya podrá embestirse el proyecto de ampliación.
Perdona? La moción de censura, que durante el último año y medio ha permitido restablecer el resultado de las urnas? Restablir el resultat és sinònim de mentir i maquillar els resultats?