La falta de vivienda es uno de los problemas más acuciantes en la sociedad, en Menorca, en España y en Europa. La situación se agrava y nos aleja de aquel precepto de la Constitución Española, de que «todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada», que «los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias», siempre «regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación».
En este contexto, la Federació d’Associacions Veïnals de Menorca organiza este miércoles (Ateneu de Maó, 19.30 horas) la conferencia «Viure a Menorca: el repte de l’habitatge», a cargo de Montserrat Pareja-Eastaway, doctora de Economía y presidenta de la European Network for Housing Research, voz de referencia en materia de vivienda y políticas urbanas.
Dice usted que la vivienda debería ser, como educación y sanidad, un pilar fundamental del estado del bienestar...
—No lo es, por una razón muy simple y bastante objetiva. La vivienda es un bien de consumo, pero al mismo tiempo, un bien de inversión. Significa que, muchas veces, se prioriza la parte de inversión y de considerarlo un activo más, con una rentabilidad muy importante.
El diagnóstico es preocupante.
—Lo es. Es un problema generalizado, no solo de Balears, pese a que es una de las zonas más afectadas dentro de España, y en Europa, donde por primera vez hay un comisionado dedicado al tema de la vivienda y las necesidades que tiene el mercado, para convertirlo en una propuesta de acción para crear más vivienda asequible. A nivel global hay una confluencia, fondos de inversión; la gente se mueve más, yo misma vivo en Menorca y trabajo en Barcelona; las plataformas digitales facilitan la interacción entre demanda y oferta; y además, el cambio climático. La vivienda no es un problema aislado, es una de las formas en que se visibiliza la tensión entre lo que pasa a nivel global, y cómo se traduce en el entorno local.
Menorca se asoma, cada vez más, a la situación de Eivissa.
—En otros momentos, Mallorca y Eivissa no respondieron a una preocupación más amplia, y Menorca no tenía el atractivo, ni para turistas, ni para inversores. Ahora, como en todos lados, esta presión se hace más evidente. Aquí, lo que ocurre con la vivienda revela un determinado modelo de ciudad y de territorio. Hasta ahora, Menorca tenía el paraguas de la Reserva de Biosfera, que era un instrumento que se traduce en regulaciones, del suelo, etcétera. A mí, una de las cosas que me preocupa es que el modelo por el cual opta Menorca pueda cambiar. Bajo mi opinión, evidencia aún más la tensión que hay en vivienda. Si dejamos de tener un modelo territorial preservado, aun con muchos problemas, porque la Reserva de Biosfera no lo resuelve todo, pero sí que da paso a la regulación y la legitimidad de los poderes públicos para garantizar, efectivamente, tener derecho a una vivienda digna y adecuada.
¿Hay que construir más?
—Primero habría que decidir si realmente hay un problema de falta de oferta. Yo tengo dudas, no lo creo. Hay mucha vivienda vacía, mucha vivienda temporal. Me preocupa que la respuesta a esto sea construir más. Se tendría que ir a mejorar la gestión del parque [de vivienda] e ir a mejorar los procesos de rehabilitación, los usos. Construir más no garantiza que se construya para quien lo necesita, ni mucho menos. Traducir la solución en construir más, es un error grave y simplista.
¿Y la vivienda vacacional?
—Todo contribuye a situar el debate entre turismo y residentes, y este no es el debate. Demonizar el turismo también ha ocurrido en Barcelona y es erróneo, el turismo es una fuente de riqueza para mucha gente en Menorca. Lo que hace falta es un proyecto compartido, donde todos los actores, asociaciones de vecinos, promotores, ayuntamientos, Consell, se pongan de acuerdo y todos tengan claras las prioridades. Si se considera que hay una falta de vivienda asequible, vayamos a abordar el problema. Y no soy pesimista, hay herramientas, la regulación, las leyes, las políticas de vivienda sirven para eso, y cuando el mercado no da soluciones a todos los que necesitan este bien, es necesario intervenir, pero eso va acompañado de muchas otras cosas.
¿Hay que impulsar la vivienda social?
—De vivienda social hay muy poca en España. Debería contrastarlo con datos, pero en el caso de Menorca hace falta más vivienda asequible. El principal problema es que la dificultad de acceso a la vivienda se ha generalizado a más de la mitad de la población, incluso más. La vivienda social y la asequible son dos guerras diferentes, la social es importante, orientada a quienes tienen niveles de renta muy bajos o algún problema estructural o familiar. La vivienda asequible es para todos, y el coste no debe ser superior al 40 por ciento de los ingresos familiares.
Algo difícil, hoy.
—Hoy ya no distinguimos entre vivienda de propiedad y de alquiler. Hoy, el problema es otro que va más allá, es la asequibilidad, que las personas vivan decentemente, con una vivienda adecuada. Y se tendría que pensar a medio y largo plazo. Los jóvenes que empiezan en el mercado de alquiler, ¿tendrán algún día la posibilidad de ser propietarios? Y si no es así, ¿qué consecuencias tendrá? Hoy, muchos jubilados sobreviven porque tienen la vivienda en propiedad, porque han pagado y es lo que se hacía. ¿Qué pasará en el futuro?
¿El arrendador tiene suficiente seguridad jurídica?
—Cuando hay grandes problemas, las grandes soluciones pasan por una buena regulación. Si se está incentivando a que la gente con vivienda vacía la ponga en el mercado, habrá que hacer cambios. El sector público puede actuar como garante y, si el inquilino no paga, pagará el Estado, o el municipio. En el alquiler privado, las garantías jurídicas son fundamentales.
Días atrás publicábamos que los alquileres pueden subir 300 euros, por no ser Menorca una zona tensionada.
—Por los números que he visto, parece evidente que Menorca es una zona tensionada. No entiendo por qué no se puede considerar, quizá no toda la Isla, pero sí determinadas zonas.
¿Y la opción de crecer en altura para ganar viviendas?
—Densificar... Yo no lo haría. Solo se podría hacer en las periferias de Ciutadella y Maó. ¿Estamos seguros de que queremos eso? Significa desdibujar el paisaje. Unos dicen que rompe el equilibrio, otros, que favorece la accesibilidad física.Se trata de buscar una solución compartida.
El Consell lleva invertidos 2 millones para comprar suelo para vivienda pública, pero no se ha construido nada.
—La burocracia es dramática y hay casos más extremos. En Barcelona hay pisos acabados y no se han entregado las llaves. Es desesperante. Está muy bien que el Consell compre suelo, pero eso, no necesariamente resolverá el problema. El sector público debe ser más innovador, más flexible, más eficiente, pero no llega a todo. En Barcelona, el Ayuntamiento creó una housing association, un partenariado donde el Ayuntamiento pone el suelo, constructores ponen el dinero, y ONG o fundaciones gestionan el parque de viviendas. Y lo que se construya estará por debajo del precio de mercado y el constructor está dispuesto a ganar menos. Para que pasen cosas así, la administración tiene que ser más ágil y no solo comprar suelo.
Hace unos pocos años, el alcalde de mi pueblo era quien personalmente firmaba los cheques de arriendo de mi vivienda de alquiler que contrató para alojar temporalmente a gente desalojada por obras muy mayores en su barrio por iniciativas de mejoras drásticas por el ayuntamiento, prácticamente a demolición de un sector en graves problemas. Los encontré con trajín de drogas y 'cobijando' gente adicional al estricto cupo en el contrado de arriendo. Los eché a gritos y casi patadas blandiendo una pistola de juguete a la mano, llegó la policia, huyeron en fuga, irrumpí furioso en el despacho del alcalde y la inspectora del ayuntamiento me dió la razón pagando las averías y un mes adicional, muy avergonzada. Si el ayuntamiento quiere adjudicar mi vivienda a alquiler social; pues que me paguen IBI, la mensualidad y destrozos por nunca mas de seis meses continuos bajo contrato a mis términos.