La mitad de los jóvenes de entre 14 y 18 años han probado los cigarrillos electrónicos –también llamados vapeadores– y el 27 por ciento los ha consumido en el último mes. Lo recoge la encuesta Estudes 2025 sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España. Esta última cifra se mantiene respecto a la anterior encuesta (26 por ciento en 2023), pero triplica de largo la de 2021, cuando el 8 por ciento reconocía haber vapeado en los últimos 30 días.
Los datos de Estudes objetivan la «incorporación rápida y progresiva del uso de cigarrillos electrónicos entre la gente joven», que corrobora el médico de familia y responsable de diversos programas contra el tabaquismo, Andreu Estela.
Peligroso como el tabaco
La encuesta Estudes también indica que los jóvenes conocen el riesgo de consumir tabaco. Diariamente lo fuma el 4,3 por ciento, la cifra más baja de la serie histórica (en 2023 era el 7,5 por ciento, mientras que en el año 2000 se superó el 23 por ciento).
En cambio, con los cigarrillos electrónicos «la industria del tabaco y el cannabis hacen su trabajo manera muy efectiva. Consiguen normalizar el consumo y minimizar los efectos nocivos», advierte Estela.
El experto expone una estrategia comercial «potente y planificada de hace años» que se aprovecha de los vacíos legales en el control de la comercialización y publicidad en las redes sociales.
La facilidad del comercio on-line y el negocio que suponen estos productos también provocan que se «multipliquen los puntos virtuales de venta (alejados de los típicos estancos siempre) y sin control calidad, por lo que resulta muy difícil saber qué se está consumiendo realmente».
Pero a pesar de los atractivos sabores, de los discursos asegurando que no son lesivos, o que lo son muchísimo menos que el tabaco convencional, los peligros de vapear resultan «prácticamente los mismos: un fuerte poder de adición a la nicotina –sí, la gran mayoría contiene nicotina– y al cannabis».
Además, los vapeadores generan toxicidad a nivel pulmonar, con efectos que ya se han comprobado como graves. En septiembre 2019 el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos alertó sobre un importante número casos patologías pulmonares asociadas al uso de cigarrillos electrónicos.
Tres años más tarde, en 2022, el Ministerio de Sanidad elaboró un informe sobre los cigarrillos electrónicos en el cual indica que, a corto plazo, «se han hallado efectos adversos en las vías respiratorias similares a los asociados al humo del tabaco»; así como «sustancias cancerígenas en líquidos y aerosol». También advierte que la utilización de estos productos genera «emisión de partículas, nicotina y sustancias cancerígenas que pueden contaminar los espacios cerrados», con el consiguiente riesgos para los vapeadores pasivos.
El informe del Ministerio añade otro aspecto preocupante, ya que indica la necesidad de «más estudios» para conocer los efectos a largo plazo los vapeadores. A su vez, desmiente otro los argumentos para fomentar su consumo. «Aunque algunos fumadores podrían cambiar temporalmente el consumo de tabaco por estos productos, una proporción muy baja parece llegar» a dejar de fumar de forma sostenida.
Para el doctor Estela lo que está consiguiendo la industria mediante el vapeo es «perpetuar una cohorte de personas enganchadas a la nicotina y al cannabis que les garantiza el negocio a costa de la salud los consumidores. Como sociedad tenemos mucho trabajo por delante», concluye el experto menorquín en la lucha contra el tabaquismo.