El desprendimiento de una gran roca ocurrido el martes sobre una vivienda de Cala Sant Esteve, en Es Castell, que causó la muerte de un hombre y dejó herida a una mujer, ha vuelto a poner en el centro del debate la seguridad de los acantilados del puerto de Maó, y la falta de un control efectivo de su estado por parte de propietarios y administraciones.
Para Agustí Rodríguez, geólogo y experto en hidrogeología, que desde hace años viene advirtiendo de los riesgos que conlleva el estado del acantilado para las edificaciones de la zona, el accidente era previsible. Recuerda que toda la fachada sur del puerto de Maó, incluida Cala Sant Esteve, es una zona de alto riesgo geológico y la más peligrosa en este sentido de Menorca, con numerosos antecedentes de desprendimientos. «Yo siempre había dicho que, por suerte, no había habido ninguna desgracia personal, y ahora, lamentablemente, la hemos tenido», afirma.
Rodríguez rememora episodios de desprendimientos ocurridos en los últimos años, como el del Café Baixamar de Maó o el derrumbe de un tramo de unos 20 metros de la Costa des Muret sobre la fábrica de Xoriguer, el pasado mes de diciembre, donde ya se produjeron caídas de rocas de gran volumen. «Hasta ahora habíamos tenido suerte», recalca.
Falta prevención
El geólogo explica que en esta zona del puerto de Maó el terreno está formado por una alternancia de capas blandas y duras, y las primeras se erosionan con facilidad, especialmente en episodios de lluvias intensas como el de las últimas semanas, y acaban socavando las capas más resistentes situadas encima. Cuando esto ocurre, se producen desprendimientos, que pueden llegar a ser de grandes dimensiones.
Por ello, Rodríguez asegura que el suceso de Cala Sant Esteve está directamente relacionado con las últimas lluvias, que han provocado una fuerte infiltración de agua en el subsuelo. Ese volumen de agua acelera la erosión de las rocas más blandas, incrementando el riesgo de colapso de los acantilados.
En este sentido, Rodríguez señala que los colectivos de geólogos llevan años reclamando una mayor concienciación social y política sobre la prevención de riesgos geológicos, tanto a nivel balear como estatal. «Estos acantilados deben estar bien estudiados para evitar que ocurran desgracias como esta», advierte.
Planificación territorial
Sobre qué hacer a partir de ahora, Rodríguez reconoce que la situación es compleja, puesto que también se trata de una cuestión de planificación territorial. Para el experto, la construcción de viviendas en las zonas próximas a los acantilados es un error comparable a lo ocurrido en otras partes del Estado, donde se ha edificado en zonas inundables, y compara las consecuencias con lo ocurrido en Valencia con la dana. «En España se ha tendido a crecer en zonas de riesgo y luego llegan las consecuencias, porque estas casas no deberían estar ahí», lamenta.
Pese a ello, como la zona afectada a lo largo del puerto abarca una enorme cantidad de viviendas, considera que es inviable plantear demoliciones a gran escala. Según él, la solución pasa por invertir de manera decidida en prevención de riesgos geológicos, realizar estudios exhaustivos y consolidar las zonas más inestables.
Advierte, además, de que puede haber tramos del acantilado en los que no exista una solución técnica para asegurar completamente su estabilidad, y no descarta que, tras esos análisis, en algunos puntos concretos sea necesario retirar construcciones, especialmente en acantilados de mayor altura donde no se pueda garantizar la seguridad al cien por cien.
Áreas de riesgo
Rodríguez también critica la falta de atención de las administraciones a las advertencias del sector y recuerda que, desde la Associació de Geòlegs de les Illes Balears (AGEIB), se ha reclamado durante años al Govern balear la creación de áreas específicas de riesgos geológicos, sin ningún éxito. «Los geólogos somos un colectivo muy pequeño y poco escuchado, pero llevamos mucho tiempo alertando de este problema», concluye.
Habrá que ver ahora si la tragedia de Cala Sant Esteve sirve para marcar un punto de inflexión en la gestión del acantilado del puerto de Maó, y si las administraciones actúan de manera imperiosa, como piden los expertos.
Ara tothom sap el que ha passat, uina vegada ha caigut sa roca tothom sap que alla no s'hagues tingut que construir, avans la roca agues quedat inclus polida i ningú hagues apostat res. La cultura popular es inacabable, ja ja ja.