Los bajos salarios, la precariedad laboral y el encarecimiento de la vivienda convierten la pobreza en una realidad estructural para una parte creciente de la juventud y la emancipación en un privilegio reservado para una minoría con recursos suficientes. Una situación crítica que, traducida a datos, revela que, por primera vez en Menorca y el resto de Balears, hay más jóvenes de entre 16 y 29 años en riesgo de pobreza y exclusión social (15,7 por ciento) que jóvenes emancipados (15,3 por ciento).
Así lo constata el Anuario de la Juventud de las Illes Balears 2025 que se acaba de publicar y que desvela que el porcentaje de jóvenes nacidos en el archipiélago que han encontrado una solución habitacional al margen del hogar familiar es aún más reducido, al caer hasta el 8,44 por ciento. Una cifra que deja ver las diferencias entre quienes llegan a las islas con un empleo o una mayor capacidad económica para acceder a una vivienda, distingue el informe, y una juventud autóctona que queda atrapada en un sistema que perpetúa la precariedad e impide su plena autonomía.
«Los alquileres son prohibitivos, la compra es una quimera y el parque de vivienda pública es insuficiente», concluye el Anuario, que relaciona este escenario con el empeoramiento de la salud mental juvenil en Balears. «Factores como la precariedad laboral, el encarecimiento de la vivienda, la incertidumbre vital o las experiencias de discriminación configuran un entorno adverso que explica el incremento de diagnósticos de depresión, ansiedad y otros trastornos, así como el repunte en la ideación suicida», destaca el estudio.
Los jóvenes de las islas tienen una peor salud mental que los del resto del país y sufren más problemas psicológicos por factores estructurales específicos, detalla el Anuario, entre ellos, la especulación inmobiliaria, la presión del mercado turístico sobre la vivienda y la dependencia de trabajos temporales y mal remunerados. Esta realidad conlleva un malestar generalizado en una generación que percibe su situación como crítica y que se ve atrapada en la dependencia y abocada a prolongar la convivencia familiar.
Mercado inaccesible
Los alquileres, especifica el informe, requieren el 59 por ciento de los ingresos de un hogar joven y hasta el 135,9 por ciento del salario de una persona. En Menorca, el precio medio del alquiler a comienzos de 2026 es elevado y, en Ciutadella, por ejemplo, el alquiler promedio supera los 1.000 euros, con precios rondando los 14,2 euros por metro cuadrado. En la práctica, y según los datos que aporta el estudio, el salario juvenil en el archipiélago solo permite acceder a una vivienda de 18 metros cuadrados en el mercado libre. Comprar tampoco es una alternativa, porque adquirir una vivienda nueva supone el equivalente a 22,1 años de sueldo juvenil y, para que un joven pueda destinar el 30 por ciento del sueldo a una hipoteca, necesitaría ingresar 5.440 euros netos mensuales, una cifra que el propio Anuario califica de «totalmente alejada de la realidad salarial de la juventud».
El contexto se erige entonces como un factor de desgaste psicológico y de desigualdad generacional que lleva a los jóvenes a vivir en un círculo de vulnerabilidad estructural. La imposibilidad de proyectar un futuro estable y la sensación de bloqueo vital impacta directamente en su bienestar emocional, indica el Anuario, hasta tal punto que un 13,3 por ciento declara sufrir ansiedad crónica, más del doble que la media estatal (6,2 por ciento).
No falta vivienda. Sobra codicia. Sigan aumentando sueldos para ponerlo peor. No aprenden en décadas haciendo la misma cagada.