La enorme crisis que atraviesa el sector europeo del reciclaje de plásticos, con cierres masivos y multitud de empresas en el alambre, está afectando y de qué manera a la operativa del Área de Gestión de Residuos de Milà. Más de 2.000 balas de envases compactados se amontonan junto al área de tratamiento, invadiendo ya los viales del recinto, a la espera de que las empresas recicladoras vengan a recogerlas. La situación que se está generando preocupa mucho a la concesionaria de Milà: la acumulación hasta la fecha de unas 600 toneladas de esta tipología de residuo comporta un serio riesgo de incendios y plagas de insectos, además de un creciente colapso de los espacios disponibles.
Para entender la problemática primero es conveniente profundizar un poco en lo que está ocurriendo con el negocio del reciclaje, especialmente de envases. En los últimos años se vienen agudizando obstáculos que amenazan con dar al traste con los objetivos de reciclaje de plástico y con llevarse por delante a un sector que, en pleno auge del reciclaje, debería ser pujante. El último informe anual del sector refleja la pérdida de casi un millón de toneladas de capacidad europea de reciclaje en solo tres años debido al cierre de empresas recicladoras ahogadas por las deudas.
Los motivos principales son los crecientes costes energéticos y de producción, el descenso de la demanda y, vinculado directamente, el incremento de la importación de materiales para la fabricación de bajo coste procedentes de terceros países que tiene una regulación más laxa que la europea y con los que las empresas de la UE no pueden competir. El cóctel es letal y se los están bebiendo a sorbos un sector que está a todas luces saturado, con consecuencias que se están dejando notar en toda España. Menorca no es una excepción, todo lo contrario. La insularidad, que encarece los costes de recogida, solo añade más leña al fuego.
Es en este contexto en el que la empresa PreZero, concesionaria (en Unión Temporal de Empresas con Adalmo) del Área de Gestión de Residuos de Milà desde finales de 2015, ha alzado la voz para denunciar la situación. Enrique Patricio, el gerente, es muy claro al exponer que en estos momentos ya «hay 2.150 balas almacenadas que nos generan un problema». Por el momento desconocen el calendario de recogida previsto por las empresas recicladoras de Ecoembes, la entidad con la que el Consorcio de Residuos, titular de Milà, tiene conveniado el traslado de este tipo de residuos. «Hay un riesgo medioambiental, pueden haber incendios y plagas de insectos como la cucaracha americana, que no muere en invierno A pesar de que fumigamos cada 15 días, se esconden dentro de las balas».
El listado de perjuicios se completa con la falta de espacios y con la merma económica, ya que el material vendido –después de ser separado y compactado para su valorización– se factura en el momento en el que sale del recinto. También la UTE Es Milà está sufriendo la crisis, y no solo como efecto colateral, sino directo a su balance de ingresos. La compañía vende por su cuenta lo que logra separar de los contenedores de basura (RSU) y admite que en estos momentos hay algunos envases que los factura a pérdidas. El motivo, el mercado se ha contraído, mientras que las tarifas de venta están fijadas por contrato.
Tots sabem que l'hi fotreu foc. Ara haureu de canviar es modus operandi... estafadors!