Entre la memoria áspera de la violencia terrorista en España y una Europa marcada por un nuevo orden geopolítico, la biografía de Jaime Mayor Oreja (San Sebastián, 1951) discurre entre política y moral. Ingeniero agrónomo de formación y político por vocación temprana, su etapa como ministro del Interior (1996-2001) quedó asociada a los años más duros de la lucha contra ETA, a la que cree aún muy presente.
Eurodiputado popular durante una década y referente del pensamiento conservador europeo, alejado de la primera línea política desde 2014, ha dedicado los últimos años a una reflexión insistente sobre la crisis moral y cultural de Europa, reivindicando el humanismo cristiano como único modo de recuperar el rumbo de Occidente. En un tiempo marcado por la guerra en el continente, los embates de Trump, las tensiones migratorias y el cuestionamiento del proyecto común, pone la fe en la cohesión entre europeos y el rechazo del relativismo. Hoy viernes participa en Maó en una nueva sesión del ciclo «Diálogos constitucionales», organizado por la Fundació Rubió, con la conferencia «La Europa de hoy y su identidad», presentado por el político menorquín Joan Huguet.
En el actual contexto geopolítico, ¿cuál es la mayor fortaleza y debilidad de Europa?
—La mayor debilidad es la falta de cohesión. No se puede hacer la identidad europea sobre una plataforma anti Trump, sino que tenemos que saber lo que nos separa a nosotros. Más diálogo y una Europa para resolver los problemas, que son: una nueva cultura de defensa, una política común de inmigración, una política de innovación, nuevas tecnologías y universidades que estén en la vanguardia. No puede ser la Europa de las ocurrencias. Llevar el aborto como un gran objetivo europeo a la carta de derechos fundamentales es una ocurrencia que divide, fractura y separa. Como fortaleza, tenemos una historia y cultura compartida enorme. Es una unión que hay que saber regenerar, refundar o repensar, nunca destruir.
Europa, golpeada por la política arancelaria de Trump y el poder comercial de China, ¿cómo queda económicamente?
—Yo creo que la prioridad son los problemas; no tanto la obsesión regulatoria. No se trata de hacer una directiva sobre plaguicidas, que se tenga que aplicar igual en Jaén que en Estocolmo. Hay que poner el acento en que desde el punto de vista de las nuevas tecnologías, de la inteligencia artificial, estamos siendo superados, no solo por Estados Unidos, sino también por potencias asiáticas.
¿Quién es responsable de esa crisis en una Europa en la que la derecha domina la política?
—La derecha, no. Ha habido una cultura que no viene de Europa, que viene de Estados Unidos: la cultura woke, que viene a significar un relativismo completo en todos los órdenes. En el Parlamento Europeo están obsesionados con que esa cultura dominante prospere. Y no pueden decir que la Iglesia es la responsable del desorden que existe en Europa. La iglesia como institución pública ha desaparecido del debate público, en mi opinión exageradamente, desde hace tiempo. Pero el desorden que existe es precisamente porque esa cultura no ofrece nada, solo destruye. Destruye los fundamentos cristianos de nuestra sociedad. Si la iglesia ha apoyado la vida, hay que apoyar el aborto; si ha dicho que no a la eutanasia, hay que decir sí a la eutanasia; si no hay una doctrina entre hombre y mujer, hay que llevar el género como un elemento dominante. El marxismo en su momento construía equivocadamente, pero esta cultura es destructiva, es obsesiva.
¿Usted no ve el aborto, la eutanasia o el matrimonio homosexual como un avance en derechos humanos?
—No, lo veo como una pérdida, una obsesión enfermiza de destrucción de lo existente. Hoy, el que no defienda la moda dominante es un fundamentalista. Y hay que discernir. Hay cosas nuevas que son buenas y otras que son malas. El aborto se ha convertido en un derecho, pero es malo porque es como la esclavitud. La esclavitud pudo ser moda dominante, pero el discernimiento demostró que era una vergüenza para aquella generación donde se aplicó. La Iglesia, en ese sentido, ve la vida donde los otros no la ven, es decir, ellos vieron personas en los esclavos. Dentro de 150 años se darán cuenta.
¿Qué partido representa en España esos valores que considera que ha perdido Europa?
—NEOS.
Pero NEOS no es un partido.
—Ni pretende serlo. Yo en política lo que deseo es que haya alternativa, no alternancia. Nosotros tratamos de influir para que los partidos de la alternativa tengan en cuenta los fundamentos cristianos. Y en esto habrá quien prefiera al PP y otros a VOX.
¿Y cómo ve ese pacto PP - Vox aun asumiendo postulados que alejan al PP de su posición liberal y moderada? ¿Hay que gobernar a cualquier precio?
—Está publicándose hoy mi libro que se llama «Una verdad incómoda» y que es testimonio de una época contra la mentira y el silencio. Planteo que lo necesario es una alternativa, pero sin quebrar ninguno de los principios basados en los fundamentos cristianos de Occidente. No se puede abrazar el extremo de forma sistemática, sino que hay que ir a la raíz de los problemas.
El Papa ha alertado del auge de la extrema derecha en España…
—No, lo ha desmentido la Conferencia Episcopal Española rotundamente. Ha alertado de una falta de evangelización en España. Todo lo demás es manipulación. Ese titular es el ejemplo de la obsesión enfermiza de destrucción de los fundamentos cristianos de Europa.
La Iglesia, la Corona… se posicionan ante temas que algunos consideran ideológicos. La Iglesia ha apoyado la regularización masiva de inmigrantes. El Rey ha pedido frenar la polarización política.
—Yo soy contrario y he hecho ya dos leyes de regularización masiva de inmigrantes, en 1990 y 2000, que me impuso la oposición: PSOE y CIU. Luego, cuando gobernamos con mayoría absoluta y presentamos una ley de extranjería nueva, tuvimos que hacer una regularización también para ajustar la que se nos había impuesto. Pero yo soy contrario a las regularizaciones masivas, tiene que ser la excepción de la excepción y no es lo mismo aquella España con un millón de inmigrantes que una España con once millones. En este tema igual no pensamos todos los católicos igual. El presidente de la Conferencia Episcopal, que no la Conferencia, ha dicho que él cree que es bueno. Yo hice una regularización de 22.000 ecuatorianos, pero con contrato de trabajo. Hay que buscar no perturbar la convivencia, alejándose del buenismo. Uno de los problemas de la inmigración islamista es que son sociedades vacías de valores y ahí nacen los guetos. Sólo hay que ver lo mal que lo han hecho los franceses y los británicos para tratar de no hacer lo mismo. Seamos prudentes, extremadamente prudentes.
Sobre la polarización política, ya hay dos derechas: una más institucional, que es la del PP, y una más reactiva, que es la de VOX. Buscar responsabilidad solo en la reacción es un error. Para que haya estos avances reactivos, es que algunas cosas hemos hecho mal.
Una gran coalición de izquierda como la que propone Rufián, ¿es un peligro mayor para la derecha o para el PSOE?
—Sánchez sostiene dos socios de verdad hoy: ERC y ETA. Sumar y Podemos han sido reemplazados por la radicalidad de Sánchez. Lo que existe ya es un nacionalismo extremo, que es ETA en el País Vasco, que va a gobernar en poco tiempo y que va a reemplazar al PNV; ERC lo hará con el PSC, y en Navarra también el proyecto de ETA está ganando.
¿Se puede negociar con la rama de Bildu que nunca apoyó el terrorismo?
—Proyectos solo ha habido uno, que es el de ETA, que hoy está a punto de alcanzar el poder en el País Vasco. Todo lo demás son siglas. Bildu es un pretexto de un relato que dicen que ETA era mala y que Bildu era buena, pero no es así.
Por cierto, su hermano está casado con una mallorquina.
—Sí, mi hermano pequeño con una mallorquina, de Palma. Y yo he pasado veranos en Menorca porque me encanta.
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