Las obras para reformar la céntrica Plaça Constitució de Maó arrancaron hace ya días y se estima se prolongarán unos cinco meses. Un aspecto que preocupa es que no se trata de una intervención al uso puesto que implica actuar sobre un pavimento del siglo XIX, protegido por su componente histórico y cultural.
No en vano, la obra entraña, con la sustitución de infraestructuras que yacen bajo suelo, tener que quitar y reponer uno a uno los adoquines, con la prioridad de salvaguardar el mayor número de piedras que sea posible. Un auténtico trabajo de orfebrería.
Uno de los primeros pasos en ese proceso, detalla uno de los operarios que trabajan en el proyecto, ha sido «zonificar» el espacio por segmentos de dos metros cuadrados. Los adoquines se recogen y se depositan en palés, cada uno numerado, lo que permite controlar de qué zona se han retirado.
Una tarea que para evitar estropicios se efectúa de forma manual, con esmero. El problema radica en que algunos de esos adoquines tienen pintura de las señalizaciones de tráfico, otros están agujereados de cuando se aloja el árbol de Navidad y algunos tienen mortero pegado a raíz de algunas reformas que se llevaron a cabo durante el siglo XX.
Las piedras con pintura o restos, según explica el arqueólogo y responsable del matiz cultural de la intervención, Carlos de Salort, serán «procesadas con aire y arena», el sistema más efectivo para recuperarlas. Eso sí, a causa de la abrasión del chorro de arena, «se perderá algo de su pátina oscura», precisa De Salort, que se restablecerá «con el tiempo». Al recolocarse, los adoquines se repartirán de modo «estratégico», con lo que el mosaico de la plaza proyectará un color negro uniforme «a primera vista». En cambio, los que tienen mortero contemporáneo no se podrán salvar, lo que asegura que un porcentaje del adoquinado «se perderá».
El proyecto, por otra parte, contempla que la parte central disponga trama lineal; «cada metro o dos metros con piedras grandes, repartidas de norte a sur». En lo que atañe a la reposición de las piedras, último paso de la reforma para legar una plaza de plataforma única, debe hacerse en seco, «sin argamasa». Y tal proceso o acabado «depende» del paso del tiempo, en el sentido de «que nadie espere, cuando la obra termine, que no haya piedras que no sobresalgan u otros problemas. Lo que hace que este pavimento en seco funcione es la retracción, se forma una costra con el paso del tiempo», concluye Carlos de Salort.
Costa des Sol
Los responsables del proyecto asumen que será «imposible» preservar la totalidad de adoquines de la Plaça Constitució. Para mitigar esa pérdida, el paraje que abarca la calle Alfons III «probablemente se repondría», indica Carlos de Salort, con material importado o con adoquines en su momento retirados de la Costa des Sol. También en esa vía de Alfons III se ha previsto colocar la piedra más blanca de la plaza, sobre la que en su día se alzó una gasolinera.
No podeu emplear lo mateix que es carrer d'es sol? A mes no se mouen. Som a menorca, esterem per pedres?