La crisis de la vivienda y el rápido aumento de la población que está registrando Menorca disparan el riesgo de que proliferen casos de hacinamiento habitacional, un fenómeno que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la propia Ley de la Vivienda llaman a combatir por los severos riesgos que entraña, entre otros, para la salud física y mental, con especial afectación para la infancia. No existen registros estadísticos públicos con el nivel de detalle suficiente para medir la magnitud de la problemática, pero hay algunos expertos que ya han empezado a abordarla y que llaman a la administración a cruzar sus bases de datos para hacerla aflorar y poder actuar en consecuencia.
El estudio «Una aproximación cuantitativa a la sobreocupación de viviendas en Menorca», que se presenta este miércoles en el marco de la Mesa Insular por el Derecho a la Vivienda, trata de acercarse a la evolución del fenómeno de la sobreocupación –cuando el número de ocupantes excede el máximo de plazas que fija la cédula de habitabilidad– en la Isla. En una proyección meramente estimativa calcula que en la actualidad cerca del 30 por ciento de la población de Menorca, serían más de 30.000 personas, comparte vivienda con al menos cuatro personas más.
El análisis ha sido elaborado por Eduardo Robsy, quien fuera, entre otros, asesor en materia de Vivienda del Gobierno y director general del Govern en la pasada legislatura. Hoy miembro del Grupo Socialista en el Consell, el experto ha analizado los datos del Censo de Vivienda de los años 2011 y 2021 –solo se publica cada diez años– y observa como el número de habitantes en casas con cinco o más convivientes pasó de 10.911 personas en 2011, el 11,7 por ciento de la población, a 17.968 en 2021, el 18,6 por ciento. Atendiendo al incremento de habitantes desde entonces, realiza una proyección que, solo a modo de estimación, habría elevado ese porcentaje hasta el 29,6 por ciento.
No es el objetivo de este estudio de aproximación poner cifras al fenómeno, algo imposible con las estadísticas públicas disponibles, sino señalar a una posible tendencia de la que este diario ha podido constatar la existencia de casos concretos en los que hay núcleos familiares residiendo en una sola habitación y pisos con hasta nueve ocupantes. De hecho el informe invita a las administraciones que custodian datos relevantes a compartirlos para poder realizar un diagnóstico que permita tomar medidas que eviten la sobreocupación, tipificada como infracción muy grave en la ley balear (multas de entre 30.000 y 90.000 euros), y el hacinamiento, término que responde a consideraciones de tipo más cualitativo.
En el primer caso el estudio apunta a que con los datos de las cédulas de habitabilidad y los metros cuadrados construidos con uso residencial, así como con los sistemas de información georreferenciada de consulta restringida de que dispone el Consell, se podría tener una base suficiente para realizar un estudio más detallado sin que suponga un consumo desproporcionado de recursos. En cuanto el hacinamiento, el autor apunta a que probablemente sería necesario un trabajo de campo.
Hay que tener en cuenta asimismo otro fenómeno que viene a agravar el problema de acceso a la vivienda. En los últimos lustros también está creciendo el número de casas en las que solo reside una persona. En el año 2021 estaban en esa situación más de 10.000 residentes y se estima que ahora podrían ser 13.500. Paradojas: cada vez hay más espacio disponible en algunas viviendas y menos en otras.
El TalaGracias por avisar. Siguiendo tu consejo, dejaré de discutir contigo. Por una vez, tienes razón.