Xavier Florit Alemany (Ferreries, 1994) es un diseñador menorquín dentro del gigante español de la moda, Inditex. En concreto hace casi diez años que trabaja para Oysho, la cadena que empezó como marca de lencería y que, tras un cambio de estrategia, ahora se especializa en ropa de deporte y tiempo libre para la mujer. Concede esta entrevista mientras aguarda en el aeropuerto de Barcelona para tomar su vuelo a Shanghái. En China, él y su equipo deben reunirse con proveedores en diferentes ciudades del país. Xavier viaja a Asia dos veces al año, pero también acude a dos polos clave de la moda internacional, como son Nueva York y Los Ángeles, en busca de novedades e ideas.
¿Cuál es su función ahora mismo en Oysho?
—Soy responsable de tres departamentos, activewear (ropa deportiva), esquí y prendas exteriores o outwear, que son chaquetas. Me encargo de los equipos de diseño y creamos juntos las colecciones.
¿Cómo empezó en la firma?
—Cuando acabé de estudiar hice las prácticas en Oysho. Empecé como cazador de tendencias. Después me ofrecieron un contrato, y diez años después, aquí sigo. Empezar en una empresa como esta fue una gran oportunidad para mí.
La moda tiene que reinventarse constantemente, alimentar dos temporada al año ¿dónde busca inspiración?
—Como cool hunter trabajaba básicamente rastreando internet, en ese momento se utilizaba mucho Tumblr, y también Pinterest e Instagram..., viendo lo último que se está llevando, gente que te gusta cómo viste o que muestra imágenes estéticas, y una vez que tienes el ojo entrenado, sabes cuándo algo puede ser diferente o inspirador.
¿Son contenidos de personas conocidas dentro del sector o anónimas?
—No tienen porqué ser conocidas, también te inspira la gente de la calle, en la que siempre nos fijamos cuando vamos de viaje. Para la ropa deportiva también vamos a gimnasios, para ver personas entrenando y qué se ponen; cuando viajamos a Estados Unidos incluso asistimos a las clases.
¿Acuden a actividades deportivas?
—Sí, en Nueva York o Los Ángeles, siempre buscamos nuevos deportes que están saliendo, o estudios por ejemplo de yoga a los que acude todo el mundo, que están de moda u ofrecen nuevas técnicas, y vemos cómo van vestidas las alumnas.
Tiene que ser una ropa especial, que conjugue un diseño bonito y atractivo con la comodidad.
—Claro, al final nuestro objetivo es que todo sea funcional. Incluso en las chaquetas, que son prendas exteriores, muchas tienen tecnicidades únicas, hechas especialmente para nosotros, para que tengan sentido con la marca.
Dejó Menorca con 18 años para estudiar en Barcelona, y ahora trabaja en una de las grandes multinacionales de la moda ¿cómo se siente?
—Muy contento, mi experiencia ha sido siempre muy buena, prácticamente todo lo que he aprendido del mundo laboral ha sido con este grupo; es un máster constante, siempre estás aprendiendo cosas nuevas y además, he ido cambiando dentro de Oysho (cazador de tendencias, jefe de color, ahora diseñador) y todo este tiempo ha sido muy nutritivo para mí, he podido evolucionar y en el futuro a corto plazo me veo aquí.
¿Qué motiva este último viaje a China?
—Tenemos muchos proveedors en Asia y el motivo de ir allí es adelantar trabajo. Normalmente les mandamos unas fichas técnicas con los diseños y ellos nos envían las prendas a Barcelona; aquí las probamos y damos comentarios, pero yendo allí acortamos plazos, la comunicación es más fácil y todo es más eficiente. Nos trasladamos un equipo formado por diseñador –puesto que él ocupa–, patronista, modelo y comprador, que negocia precios. El punto de llegada es Shanghái pero luego recorremos distintas ciudades, a veces con vuelos internos pero también en coche o en tren. Los viajes a Nueva York y Los Ángeles son más de inspiración. Otros equipos viajan por Europa.
¿Les está afectando el conflicto en Oriente Medio?
—De momento no notamos un impacto directo, nuestras mercancías no pasan por esa zona pero imagino que los precios de las materias primas acabarán subiendo.
En la comunicación de las tendencias ¿cuáles son los canales más efectivos para Oysho?
—Normalmente no trabajamos con influencers sino que lo hacemos con deportistas. Hacemos patrocinio de carreras, de pádel, clubs de running, estamos más enfocados en el deporte. Buscamos crear un sentimiento de comunidad de deportistas relacionados con la marca.
¿Qué opina del debate sobre la ‘fast fashion’ y la segunda vida para las prendas?
—En la ropa de deporte es más complicada por ejemplo la reutilización, la venta de segunda mano, porque trabajamos con calidades elásticas; el elastano de momento tiene caducidad, no se ha encontrado un sustituto que dure como puede hacerlo un vestido de seda. Nuestro objetivo en este ámbito ecológico se dirige más a las fibras recicladas, la ropa deportiva tiene unas características específicas, necesitas nylon o poliéster para cubrir las funciones que necesitan.
¿Hay algún proyecto novedoso con materias recicladas?
—Un proyecto muy bueno son unos leggings compresivos que salen de neumáticos reciclados, mediante unos procesos químicos se puede extraer la fibra pura del nylon y volver a hacer hilo, un proyecto interesante que además pudimos escalar, cuando empezamos era un ensayo, algo nuevo, pero ahora ya están en tienda. Nuestro objetivo es tener reciclados textil a textil, una economía circular, crear y volver a utilizar los productos que creamos, es el futuro y lo estamos intentando.
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