La Vigilia de Pascua, con la bendición del fuego nuevo y del agua, constituye la parte final del triduo pascual. El obispo de Menorca, Gerard Villalonga, manifestó en la homilía celebrada anoche en la Catedral de Ciutadella que «la profesión de fe y la renovación de las promesas bautismales no son algo formal, sino respuesta comprometida al amor de Dios».
Villalonga presidió la más importante de las celebraciones cristianas y acto nuclear de los oficios de Semana Santa, al conmemorar la resurrección de Jesús. Una ‘noche en vela’ que recuerda el pasaje bíblico en el que un grupo de mujeres llega al sepulcro para embalsamar a Jesús, que había muerto en la cruz, pero no encuentran el cuerpo.
Ese oficio de Semana Santa empieza en el exterior de la Catedral, donde se bendice el fuego nuevo, con cuyas brasas se enciende el Cirio Pascual, que simboliza a Cristo resucitado. «El resucitado nos transmite su vida y nos da la paz, para que a su vez podamos difundirla a nuestro alrededor, incluso en estos tiempos difíciles, rodeados de conflictos bélicos y de violencia», señaló el obispo de Menorca.
Tras recordar que el 22 de abril se cumplirán tres años de su ordenación episcopal, Gerard Villalonga anunció que a partir del próximo curso 2026-2027 empezará su primera visita pastoral a la Diócesis, «con mucha ilusión para encontrarme con una comunidad que avanza unida y gozosa en su peregrinar» y «para ejercer la autoridad episcopal de una manera sinodal».
Esta próxima visita pastoral servirá «para reconocer y confirmar con autoridad la calidad sinodal del camino recorrido por la comunidad eclesial y los frutos que ha generado, promoviendo así la unidad de la Iglesia que, como ya decía San Juan Pablo II, no es uniformidad, sino la integración orgánica de las diversidades legítimas».