Creció en el campo y ver el nacimiento de un ternero, cuando era niño, marcó su vocación para siempre, primero se ilusionó por la veterinaria y luego el sueño, que ha cumplido sobradamente, viró hacia la medicina. Pere Anglada Coll (Ciutadella, 1956) cumplirá 70 años en agosto, de los cuales 39 los dedicó plenamente a la ginecología y la obstetricia, siempre en la sanidad privada. Ha atendido miles de partos «no he querido contar», asegura, pero el último, con el que se retiró definitivamente, fue el de su nieto Bruno. Anglada tiene tres nietos, a todos los ha ayudado a nacer.
¿Ha sido una despedida muy especial de la profesión?
—Sí, en realidad me jubilé en diciembre de 2025 pero en febrero asistí el nacimiento de mi tercer nieto y después me retiré definitivamente.
¿Qué es lo que más añora ahora que ha colgado la bata?
—Pues lo único que echo de menos es precisamente la asistencia al parto, porque esa ha sido siempre mi vocación, lo que me ha apasionado y por lo que me hice ginecólogo.
Ha sido muy importante su ejercicio para las mujeres que querían dar a luz en Ciutadella ¿qué opciones había cuando usted comenzó?
—Había una comadrona. De hecho cuando me licencié estudié medicina tropical, quería irme a África, y mi hermana me hizo ver que aquí la situación para las mujeres tampoco era segura, y decidí venir y establecerme en Ciutadella. Empezamos en el hospital municipal y luego en la Clínica Menorca, compramos todos los aparatos, como monitores de control cardiofetal, la anestesia epidural y empezamos a operar con anestesia locorregional y con raquianestesia.
¿Siempre ha trabajado en la sanidad privada?
—Sí, aunque cuando vine solicité plaza en el ambulatorio de la Seguridad Social, al mismo tiempo que montaba mi consulta. Tardaron un año y medio en llamarme y cuando lo hicieron ya tuve que decir que no, tenía demasiado trabajo.
Y así ha sido hasta su retiro, 39 años de trabajo incesante.
—Así es, de noche y de día, localizable siempre, las 24 horas. Mi dedicación ha sido al cien por cien, he vivido para esto. La suerte es que mi mujer, que es farmacéutica, siempre me ha apoyado, y he podido compatibilizar el trabajo con la familia y los amigos.
¿Qué opina de la protesta médica, entre otras cosas, por las guardias de 24 horas?
—Creo que eso no solo pasa en la profesión médica sino en todas las profesiones, la gente hoy día no quiere dedicar tanto tiempo al trabajo, es un cambio social. Antes nos educaban para trabajar y cuanto más mejor.
Ahora mismo no hay atención a partos en Ciutadella, dicen que por falta de profesionales. ¿Es un retroceso?
—Yo me siento un poco decepcionado, porque aquí llegamos a hacer cosas complicadas, y creo que se necesita un poco más de vocación. Exigen una nota espectacular para entrar en la carrera, muchos conocimientos, pero con un notable y mucha vocación se puede ser un buen médico.
A usted le intentaron minar esa vocación y el deseo de marcharse a estudiar.
—Sí, pero nunca cambié de idea. Para poder estudiar la carrera tuve que trabajar, de albañil, de camarero, y me decían «no te vayas, quédate aquí» pero no me convencieron, lo tenía muy claro.
¿Sabe cuántos niños ha traído al mundo?
—He asistido miles de partos pero no he querido saber cuántos, la estadística es dura y siempre hay un porcentaje que se cumple, me da mucho respeto. No he tenido complicaciones con madres pero con bebés alguna sí, hay casos incompatibles con la vida, cuando empecé la especialidad todavía nacían fetos con anencefalia, por ejemplo, malformaciones..., hoy día con los cribados y las pruebas prenatales se diagnostican intraútero.
Algunas embarazadas acudían a su consulta para realizarse pruebas extra, que hace unos años no estaban en la sanidad pública ¿invirtió mucho en tecnología?
—Estuve invirtiendo casi 8 o 9 años de trabajo en equipos tecnológicos. Siempre me he querido sentir tranquilo con mis diagnósticos y eso, aparte de la experiencia y de la formación, te lo da la tecnología.
En su carrera ha sido testigo de cambios en la maternidad y paternidad, el principal, el dilatar en el tiempo esa decisión ¿cómo influye ese retraso a la hora de ser padres?
—Es una de las causas por las que ha aumentado la infertilidad, sobre todo porque las mujeres han retrasado la edad de ser madres. A los 31 años la fertilidad de la mujer empieza a disminuir y a los 35 el bajón es importante. La media de edad de la mujer en los tratamientos de fertilidad es de 39 años. Entre los 20 y los 30 es el periodo ideal para el embarazo, pero en esa edad la prioridad hoy día es otra, formarse, tener un trabajo, una estabilidad...y se va retrasando.
Biología y sociedad no casan ¿cuál cree que es la solución?
—La solución que se tendrán que plantear muchas mujeres será congelar sus óvulos cuando son jóvenes, de los 20 a 30 años, para utilizarlos cuando los necesiten, a partir de los 40 o incluso hasta los 50. Creo que llegará un momento en que quizás deba ser cubierto en parte por la Seguridad Social, porque es mucho mayor el gasto que genera luego la reproducción asistida.
La infertilidad es otro ámbito de su interés ¿cuándo comenzó a trabajar en este campo?
—Empecé colaborando con el Ibilab (Instituto Balear de Infertilidad) de Palma, que aportaba la bióloga. Fue una experiencia muy bonita. Hacíamos grupos de mujeres y venía la bióloga de Palma para poner en marcha tres ciclos al año de Fecundación In Vitro (FIV-ICSI); también al principio venían ginecólogos. La primera FIV la hicimos en 1999 y el centro se cerró en 2022, nadie ha cogido el relevo.
¿Son procesos que generan un alto nivel de ansiedad en las parejas?
—Se pasa mal, sí, pero no tanto si los pacientes confían. Yo creo que hoy día se ha perdido un poco esa confianza entre el médico y el paciente, hay más dudas, pero en todo, tanto en un parto como en un tratamiento o una operación. Yo siempre cuidé mucho esa relación médico-paciente y me ha funcionado bien. También formamos un buen equipo, y un tándem fundamental con el pediatra Gabriel Moreno que me tranquilizaba, hay que pensar que entonces había más partos gemelares y de trillizos. Eso ha cambiado, en la FIV se ha reducido el número de embriones transferidos.
Una cuestión polémica ¿qué le parece la gestación subrogada, ilegal en España?
—Mi opinión es clara, y es que la ley siempre va por detrás. El que ha trabajado tanto tiempo como yo con parejas infértiles sabe que el deseo de ser padres es tan potente que se hace cualquier cosa. No sé si la gestación subrogada llegará a legalizarse o normalizarse, porque aquí entran otras cosas en juego como los derechos de la mujer. Pero todo cambia y evoluciona, ahora se aceptan los tratamientos de fertilidad, o las inseminaciones, y antes había parejas que no quería que se supiera, o no se aceptaba tanto que fueran óvulos o semen de donantes. Pasaba igual con el aborto.
¿En qué sentido?
—En que es un problema moral y en que había mucha oposición, pero frente al riesgo de que la mujer aborte y se exponga a una perforación uterina, una sepsis o la muerte, por hacerlo en malas condiciones, al final se ofrece con toda la seguridad. Es el problema moral de decidir y eso solo lo puede hacer la mujer, es mi opinión personal, los demás estamos para ayudar a que sea en las mejores condiciones sanitarias posibles.
En cuanto a los avances para la salud femenina ¿Cuáles destacaría en estas casi cuatro décadas de profesión?
—Ha habido un gran avance en el tratamiento del cáncer de mama, antes se hacían más mastectomías y ahora se hacen en menos casos, según el tumor y la localización; se practica la cirugía mínima, y con un diagnóstico precoz y los tratamientos actuales se da una supervivencia del 95 al 99 por ciento de casos, esto es espectacular. La ginecología en este sentido ha avanzado muchísimo, el cáncer de mama era una de las enfermedades más complejas que tratábamos. La quimioterapia será pronto menos tóxica, y existen otras técnicas que reducen los efectos secundarios, y todo eso me hace sentirme optimista sobre el progreso de la ciencia y la medicina desde que yo empecé hasta hoy.
Ahora que ya no está disponible para que le llamen por un parto o una urgencia ¿a qué dedica su tiempo?
—No he bajado mucho la actividad, es una cuestión de carácter. He vuelto al campo, tengo un huerto con muchos árboles frutales, caballos, hago mountain bike y me ocupo de mis nietos, uno está en Barcelona y tengo que ir a verle. Yo creo que uno, cuando se levanta por la mañana tiene que estar ocupado.
Gran profesional....per ses moltes hores treballades