La cerámica vuelve a estar de moda, lo que junto con el gusto y deseo de exclusividad de algunos, ya sea del gremio de la gastronomía o linajes privados, ha significado una fértil combinación para Marc Marcet (Vic, 1983), quien desde noviembre de 2022 regenta con su pareja, Cristina, nativa de Ferreries, y en la localidad del interior insular, un taller que se dedica a la producción de cerámica para restauración e interiorismo.
Piezas únicas y atemporales, trabajadas a alta temperatura –se cuecen a más de 1.200 grados– aderezadas con líneas suaves, minimalistas y orgánicas, «la belleza de las cosas simples», en síntesis, es el producto, fundamentalmente a modo de vajilla, con el que opera Marcet. Artesano, como le agrada definirse, con una formación que prolongó seis años –e inició a los 17– y también sobrino de ceramistas, lo que delata que el arte se porta en los genes, tras abrir Marc Marcet su cerámica en tierras catalanas dio continuidad, con un viraje a su vez, a ese proyecto estableciéndose en la Isla junto con su pareja, «con quien la producción es conjunta», recalca.
Las manos de Marcet en plena labor de artesanía ceramista. | Josep Bagur Gomila
Su capacidad para seducir, desde el trabajo y el esmero, a un segmento cada vez más amplio, al tiempo que selecto, de la restauración local, le está consolidando en un mercado y sector siempre complicados, «pues las vajillas se rompen, producirlas cuesta dinero y hay industriales de alta gastronomía que producen en cantidad y de calidad», precisa.
Fórmula
Su fórmula para sobrevivir en tales circunstancias, es tan simple como efectiva. «No hago mil platos, sino una producción adecuada o personalizada a restaurantes concretos», detalla, también en función de su margen de gasto (su oferta varía entre 20 y 150 euros, dependiendo de lo arduo de la labor). Y determinado por «cómo se quieren presentar según qué platos». «Intentamos ofrecer una vajilla profesional, que cumple las expectativas a nivel de calidad y resistencia, producida artesanalmente con el plus de que está personalizada, ya sea en el color, la forma… a veces hay cosas más estrambóticas, o nos piden un producto minimalista», se extiende Marcet, que admite «no tener» ni idea de cocina.
Existen unas medidas estándar acerca de como debe ser el plato, su amplitud, su comodidad, pero en definitiva es el chef el que «me traslada la idea» a la que luego Marcet da forma y plasma en un producto elegante e intransferible. «Igual que la cubertería o la mantelería son importantes, también lo es la vajilla con la que degustas el manjar», abunda. «¿Lo más extraño que me han pedido? Que hiciera un recipiente mitad coco, mitad piña... no tenía ni idea por dónde empezar», confiesa.
La demanda por sus servicios no se limita al gremio de la restauración. También muchos particulares le reclaman. «Las vajillas duran, se heredan de una a otra generación, por eso la gente también desea tener la suya personalizada, trabajamos mucho en eso. A veces nos lo piden por partes, ahora los platos, un año después las tazas... cuando tienes invitados, una vajilla artesanal es un plus en una mesa», termina Marc Marcet, el arte de como hacer un buen plato.
Bona feina!