El economista y expolítico Marcos de Quinto será este año el encargado de ofrecer la conferencia institucional de Sant Antoni en el Consell. Su perfil, marcado por la experiencia en la alta dirección empresarial y una visión crítica del debate público, aporta una mirada singular sobre los grandes retos actuales. En esta ocasión centrará su intervención del sábado en la vivienda desde una perspectiva liberal.
De Quinto es economista, especializado en econometría, y MBA por el Instituto de Empresa. Ha desarrollado una larga trayectoria profesional de 36 años en The Coca-Cola Company, donde desempeñó distintos cargos de máxima responsabilidad.
En el ámbito político, fue diputado por Ciudadanos (2019-2020). También es autor del libro «Notas desde la trinchera», y de la recopilación de poesía «La otra vida del fugitivo», además de ser colaborador habitual en medios de comunicación. Su presencia en redes sociales, especialmente en X, ha situado en numerosas ocasiones sus opiniones en el centro del debate público y ha generado titulares en medios de ámbito nacional.
Empecemos con un tema desenfadado. Usted participó en la película «Isla Bonita» de Fernando Colomo, grabada en Menorca. ¿Cómo surgió esa oportunidad?
—Desde muy joven soy amigo, conocido, de Fernando Colomo y conozco muchísimo a Miguel Ángel Furones, que fue un poco el hacedor de la película. Fue una experiencia muy buena. Ya he estado en alguna que otra película, incluso de pequeño con la televisión en blanco y negro, en un programa que se titulaba Retablo TV. Me divierte, es un hobby.
¿Ya conocía Menorca?
—Conozco Menorca desde hace mucho tiempo. Tengo buenos amigos allí y muchos amigos míos viven en la Isla. Solía ir bastante a menudo, pisaba poco la tierra, la rodeaba dándole la vuelta en velero e intentando no poner motor. Ahora la frecuento menos, pero quiero volver.
Este año es el encargado de pronunciar la conferencia institucional. ¿Qué significa para usted asumir este papel?
—Yo doy bastantes conferencias, me lo propusieron y me apeteció. Es una temática que también me interesa.
En su perfil de X afirma que «no pretendo convencerte de nada, acaso hacerte dudar de lo que crees». ¿Es ese el planteamiento con el que afronta esta conferencia?
—Sí. No me dedico a hacer proselitismo de nada. Yo soy absolutamente liberal, cada uno es muy libre de tener sus ideas. Hablo de cosas sin querer convencer, solo espero que lo que diga haga que la gente repiense sus planteamientos. Creo en la libertad.
Su designación como conferenciante no ha estado exenta de polémica. Los partidos de la oposición en el Consell han mostrado su rechazo. ¿Qué les diría a quienes discrepan de su presencia para que acudan a escucharle?
—Que me parece muy bien, el rechazo es mutuo, yo también les rechazo. Yo no les caigo muy bien... pues es un sentimiento recíproco. Así es la vida.
Hablará de vivienda, uno de los grandes problemas sociales y económicos actuales. ¿Qué aspectos clave quiere poner sobre la mesa?
—Ofreceré una visión liberal sobre el tema de la vivienda. El problema es que determinadas políticas se han cargado el mercado de la vivienda. Cada vez hay más demanda de vivienda y cada vez la construcción es más complicada y menos interesante. Si la demanda es creciente y nadie construye por razones burocráticas y de especulación, pues tenemos el problema que tenemos.
Entonces, desde su punto de vista, ¿cuál es la causa principal del encarecimiento de la vivienda? ¿Estamos ante un problema de mercado, de regulación o una combinación de ambos factores?
—Tenemos un exceso de regulación. Si quieres construir, el promedio en España desde que lo quieres iniciar hasta que lo terminas son ocho años, un tiempo durante el que tienes el dinero inmovilizado. Cualquier inversor prefiere comprar acciones, bitcoins, letras del tesoro... ¿Quién va a querer construir vivienda con esta situación? Y entre tanto y tanto, aumenta la demanda. Hay que quitar trabas, si no todo son parches y engaños. Y ahora, además, construyes y te lo okupan antes de que des los pisos. Esto es lo que se debería solucionar. Construir debería hacerse interesante para la iniciativa privada.
En Menorca se suma el auge del alquiler turístico y la fuerte demanda de compradores extranjeros con alto poder adquisitivo. ¿Qué medidas podrían ayudar a aliviar esta presión?
—Si un extranjero quiere comprar algo en Menorca, al propietario le puede venir bien venderlo. ¿Por qué hay que impedirle que lo venda? Fenomenal para él. Si viene un extranjero y va a estar aquí un tiempo, va a comprar en los supermercados, va a los restaurantes... Esto va a ser bueno para Menorca, ¿no? Es mucho mejor que Menorca esté invadida por gente con renta alta que por la inmigración ilegal. Creo en la libertad.
A menudo se acusa a las políticas liberales de favorecer al propietario frente al inquilino. ¿Comparte esta crítica o cree que parte de un planteamiento erróneo?
—Si tengo acciones, letras o he comprado un apartamento para alquilar es para que me dé una rentabilidad. ¿Por qué alguien tiene que topar la rentabilidad de un activo y no la de los otros? Lo que está claro es que si te pueden okupar tu propiedad, la gente no comprará vivienda y si no compran, no se construirán apartamentos, por lo que la gente acabará comprando letras o acciones que no te las pueden okupar. Todos estos activos son propiedad privada. Pero parece que al activo inmobiliario la legislación lo penaliza, por eso va a perder interés. Si hay gente que pagaría mucho dinero por comprar algo en Menorca, la economía iría de maravilla. Si se pudiera construir en sitios que no estén protegidos, repercutiría en trabajo y prosperidad y bienvenido sea, siempre siendo respetuosos con el medio ambiente.
Para terminar, miremos la política internacional. Recientemente publicó un tuit apoyando una posible compra de Groenlandia por parte de Estados Unidos, que se hizo viral. ¿Cuál es su razonamiento?
—Groenlandia tiene un acuerdo de cosoberanía con Dinamarca. Es lo mismo que sucede en Escocia con Reino Unido. Pueden hacer un referéndum porque así lo plantea su Constitución. Por lo que en Groenlandia se podría hacer un referéndum y escindirse de Dinamarca si así lo decidieran. Yo lo único que digo es que si Estados Unidos ofreciera un millón de dólares a cada uno de los 57.000 habitantes de Groenlandia y les dijera que durante cien años no van a pagar impuestos, a lo mejor los ciudadanos prefieren ser norteamericanos que estar bajo la corona danesa. Sobretodo en una situación donde China y Rusia tienen los ojos puestos en Groenlandia. Son ciudadanos libres, por lo que ¿por qué se les va a forzar a no asociarse si lo reconoce su acuerdo de cosoberanía? Además, a Dinamarca, con su política de puertas abiertas, con seis millones de habitantes, le han entrado 300.000 musulmanes. Y la cifra crece. A lo mejor Groenlandia no quiere eso. Y Estados Unidos sí que la protegería. No lo sé...
Per una altra banda res de nou, sa extrema esquerra i s'esquerra extrema, voldrien triar es conferenciants quan comanden i quan el poble ets envia a s'oposició.