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Un paseo por ses Roques Llises: Conociendo el Stonehenge balear

El sepulcro menorquín formado por una cámara funeraria forma parte del vasto entramado de estructuras megalíticas que salpican el paisaje insular

Antes de la intervención arqueológica mencionada del último tercio del siglo XX el monumento estaba cubierto por una densa vegetación de acebuches y lentiscos | Foto: Redacción Menorca

| Alaior |

En el corazón del Mediterráneo occidental la isla de Menorca sigue albergando secretos milenarios que redefinen nuestra comprensión de la prehistoria. Un monumento funerario, conocido localmente como ses Roques Llises, emerge como un testimonio imponente de las primeras civilizaciones que habitaron estas tierras insulares. Este sepulcro megalítico, uno de los dólmenes mejor conservados del conjunto de las Islas Baleares, representa una de las construcciones más antiguas de la isla, erigida por los primeros grupos de pobladores hacia finales del tercer milenio antes de Cristo. Su existencia nos transporta a una era donde la vida y la muerte se entrelazaban con rituales complejos y una arquitectura monumental de la que dan cuenta las excavaciones y los arqueólogos.

La estructura de ses Roques Llises es un ejemplo paradigmático del megalitismo, una corriente arquitectónica que se extendió por Europa y el Mediterráneo durante la Prehistoria. Este tipo de construcciones, como los dólmenes, menhires y crómlechs, no solo servían como lugares de enterramiento, sino que también marcaban el paisaje y la identidad de las comunidades. Hoy medio oculto entre caminos, el sepulcro menorquín, con su cámara funeraria accesible a través de una losa perforada desde un corredor, constituye una muestra viva de la ingeniería y la cosmovisión de aquellos tiempos tan remotos. Aunque el gran túmulo de tierra que originalmente lo cubría ha desaparecido, como en la mayoría de los monumentos similares en las Baleares, su esencia y majestuosidad perduran.

La importancia de este yacimiento se consolidó con la primera excavación arqueológica, realizada en un ya lejano 1974. A pesar de las condiciones adversas, los hallazgos proporcionaron una ventana invaluable a la vida y costumbres de sus constructores. Restos humanos, aunque muy deteriorados por la humedad y las raíces de los árboles, junto con un ajuar funerario compuesto por piezas de cerámica, una punta de flecha de cobre o bronce, un puñal o cuchillo, un botón de hueso piramidal y fragmentos de brazales de arquero, revelaron detalles fascinantes sobre la cultura material y las prácticas funerarias de la época. Estos objetos no solo se reducen a meros artefactos, sino que juegan un estimulante papel de narradores silenciosos de una historia olvidada.

Viaje a la prehistoria balear y a la arquitectura de la eternidad

Menorca, una de las joyas de las Islas Baleares, puede vivirse como un fiel crisol de historia antigua. Ses Roques Llises no es un monumento aislado, sino parte de un vasto entramado de estructuras megalíticas que salpican el paisaje insular. Estas construcciones, que incluyen las famosas navetes, talaiots y taules, forman parte de la cultura talayótica, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2018. El dolmen de ses Roques Llises, sin embargo, precede a muchas de estas estructuras, situándose en una fase anterior del megalitismo insular. Su datación, hacia finales del tercer milenio antes de Cristo, lo convierte en uno de los testimonios más tempranos de la presencia humana organizada en la isla, ofreciendo una perspectiva única sobre la transición de las sociedades cazadoras-recolectoras a las agrícolas y ganaderas.

La concepción arquitectónica de ses Roques Llises se antoja un prodigio de la ingeniería prehistórica. El sepulcro, diseñado para la eternidad, consistía en una cámara funeraria central, el corazón del monumento, a la que se accedía a través de un corredor. La entrada a esta cámara estaba marcada por una losa perforada, un elemento distintivo que se encuentra en otros dólmenes europeos y que podría tener un significado simbólico o ritual. Aunque el gran túmulo de tierra que lo cubría ha desaparecido con el tiempo, su presencia original habría conferido al monumento una apariencia de colina artificial, integrándolo aún más en el paisaje natural. La comparación con el 'Stonehenge balear' no es casual; aunque de una considerable escala menor, la monumentalidad y el propósito ritual de estas estructuras comparten una raíz común en la fascinación humana por la muerte y el más allá. En la parte derecha del monumento aún se puede apreciar un murete circular que funcionaba como contrafuerte o límite de contención para el túmulo, una evidencia clara de la planificación y el esfuerzo invertidos en su construcción.

A pesar de los milenios transcurridos y la acción de la naturaleza, la estructura de ses Roques Llises ha resistido notablemente bien el lento paso del tiempo. Antes de la intervención arqueológica mencionada del último tercio del siglo XX el monumento estaba cubierto por una densa vegetación de acebuches y lentiscos, que, si bien lo habían degradado superficialmente, también lo protegieron de una mayor destrucción. Actualmente, solo falta una de las piedras que delimitaban el corredor de acceso y su cubierta. Sin embargo, se conservan tres de las cuatro losas que cubrían la cámara funeraria, aunque aparecen rotas en el interior del sepulcro, lo que sugiere posibles colapsos internos o alteraciones posteriores. Esta resiliencia estructural subraya la maestría de los constructores prehistóricos y la calidad de los materiales empleados, capaces de soportar el paso de más de cuatro milenios.

Legado de una excavación crucial

La campaña arqueológica de 1974 fue un hito para el estudio del megalitismo en Menorca. Los arqueólogos se enfrentaron a un yacimiento cubierto por la vegetación, lo que dificultó inicialmente el acceso y la visibilidad. La humedad constante y la intrusión de las raíces de los árboles habían afectado gravemente los materiales orgánicos, como los restos humanos, que se encontraron muy deteriorados. Sin embargo, la meticulosidad de los trabajos permitió recuperar un valioso conjunto de artefactos que, a pesar de su mal estado, ofrecieron pistas cruciales sobre la cultura de los constructores de ses Roques Llises. Esta excavación no solo rescató el monumento del olvido, sino que también sentó las bases para futuras investigaciones y la comprensión de la prehistoria insular.

El ajuar funerario hallado en ses Roques Llises es particularmente revelador. La presencia de piezas de cerámica indica la existencia de prácticas rituales asociadas al enterramiento, posiblemente ofrendas o recipientes para alimentos. La punta de flecha de cobre o bronce, junto con el puñal o cuchillo, sugiere una sociedad donde la metalurgia ya estaba presente, aunque en sus primeras fases, y donde la caza o la guerra podían tener un papel importante, como en muchas civilizaciones coetáneas. El botón de hueso de forma piramidal y los fragmentos de brazales de arquero son especialmente interesantes, ya que apuntan a la existencia de individuos con roles específicos, como arqueros, y a una cierta jerarquía social o especialización. Estos objetos no solo son herramientas o adornos, sino símbolos de estatus y creencias que nos conectan directamente con la vida cotidiana y espiritual de aquellos antiguos menorquines.

Más allá del hoyo: vida y ritos ancestrales

No debemos conceptualizar los dólmenes como ses Roques Llises como meros lugares de enterramiento; más bien eran centros neurálgicos de la vida comunitaria, puntos de referencia en el paisaje y escenarios de rituales que cohesionaban a la sociedad. Hay que considerar que la construcción de estas estructuras monumentales requería una organización social compleja, una considerable inversión de trabajo y un conocimiento avanzado de la ingeniería y la astronomía. La elección de la ubicación, la orientación de la cámara y la presencia de elementos como la losa perforada sugieren una profunda conexión con el cosmos y las creencias sobre el ciclo de la vida y la muerte. Estudiar estos monumentos nos permite inferir aspectos de la organización social, la economía, la tecnología y la cosmovisión de las comunidades prehistóricas de España, revelando cómo enfrentaban la trascendencia y la memoria de sus ancestros.

En estos inicios del año 2026 la conservación de yacimientos como ses Roques Llises se antoja una prioridad fundamental para ensalzar el patrimonio cultural propio. La declaración de la cultura talayótica de Menorca como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO ha puesto de relieve la necesidad de proteger y difundir estos tesoros arqueológicos. Los esfuerzos actuales se centran no solo en la preservación física de las estructuras, sino también en la investigación continua y la divulgación al público. La humedad y la vegetación siguen siendo desafíos persistentes, pero las modernas técnicas de conservación y restauración son capaces de mitigar mejor su impacto. De este modo la educación y el turismo sostenible son puntales en la tarea de asegurar que las futuras generaciones puedan seguir maravillándose con la ingeniería y el misterio de nuestros antepasados, manteniendo viva la memoria de quienes construyeron estos monumentos hace milenios.

Para aquellos interesados en profundizar en el fascinante mundo del megalitismo y la prehistoria balear, cabe señalar que el que nos ocupa constituye uno de los paisajes arqueológicos más ricos y singulares del globo modelado por generaciones de menorquines que, con estima y dedicación, han protegido el impresionante legado patrimonial e histórico de la cultura talayótica. En concreto, la Isla menor de las Gimnesias cuenta con más de 700 kilómetros cuadrados y 1.586 yacimientos arqueológicos. Por ello las administraciones públicas menorquinas ponen al alcance de los visitantes y usuarios esta selección de ubicaciones, ya que no todas son visitables ni cuentan con instalaciones accesibles para determinado tipo de público, ávido de entrar en contacto con la grandeza prehistórica local.

5 comentarios

Unalectora Unalectora | Hace un mes

Hombre, sin quitarle importancia, compararlo

M28030 M28030 | Hace un mes

Maravillosa construcción megalítica, que aparte de su cercanía al poblado de Torre d'en Galmés también está al lado de Na Comerma de Sa Garita que quizá algún día en futuras campañas arqueológicas desvele su significado.

Hola Hola | Hace un mes

Menorca es mágica, lástima que las malas gestiones politicas y el afan de recaudar dinero nos este llevando a la deriva esta maravillosa isla. Existe mucha corrupción y prevaricación en todas las instituciones empezando por Ayuntamientos y administraciones . Por cierto muy buen reportaje

user Peripal | Hace un mes

Buena redacción. Gracias.

Sebastià Benejam Sebastià Benejam | Hace un mes

Conozco el lugar y es sencillamente ESPECTACULAR Y MAGICO. Y dista un centenar de metros de otro sitio magico, el poblado de sa Torre den Galmes.

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