«Vaya fiesta que hay aquí montada». La frase es de Francisco Pardo Navarro, familiar de uno de los 60 usuarios del Geriátrico municipal de Ciutadella, donde ayer tuvo lugar una demostración de porquejades con la participación de los alumnos de primer curso del grado medio de Cocina y gastronomía de IES Maria Àngels Cardona. Una actividad que celebra Pardo por su componente de conexión intergeneracional en un contexto «en el que todo viene hecho del supermercado», pero no siempre fue así: «Hay tradiciones que no se deberían perder nunca», sentencia.
El encuentro entronca con una costumbre vinculada con la fiesta de Sant Antoni que este año ha tenido que cambiar por la prohibición de sortear animales vivos. La solución ha pasado por rifar un lote de productos de la matanza que ayer fueron elaborados por los estudiantes de cocina, y que se dividirán en dos lotes: uno para los Pons Vinent, la familia con la papeleta agraciada, que ayer también fueron testigos de la demostración, y los usuarios del geriátrico, que el próximo sábado celebrarán con sus familiares por adelantado el darrer dimarts asando la sobrasada.
La experiencia vivida ayer fue, en palabras de la gerente del centro asistencial de mayores, Marina Olivella, «todo un éxito». Sostiene que se trata de una actividad que «aporta conexión con la comunidad, conexión con el pasado, con la historia, y además salen a relucir anécdotas, humor y supone un ejercicio de convivencia. Lo disfrutan mucho». Así lo corrobora uno de los usuarios que ayer asistió a la demostración, Xisco BoschSalord, quien hablaba de «los recuerdos de infancia» que ayer le vinieron a la cabeza de las porquejades familiares.
«Una experiencia bonita»
Disfrutan los mayores y también los jóvenes, confiesa Santi Pons, profesor del ‘Cardona’. «La gente mayor está colaborando y los chicos se lo están pasando pipa. Sin duda es una actividad muy enriquecedora para todos nosotros». Teo Casasnovas, uno de sus alumnos, añadía al respecto que «está siendo una experiencia bonita, siempre la recordaré».
Y todo apunta a que la actividad coja arraigo como nueva costumbre a la vista de lo bien que ha funcionado este año todo lo relacionado con la tradición que nació en torno a Sant Antoni, tal y como explica la concejala de Servicios Sociales, Núria Pons. Y lo bueno de todo esto, defiende, es que «hemos regresado a los orígenes de la fiesta, que era dejar una parte de los productos a los residentes del Geriátrico».
El nuevo modelo no ha propiciado que la participación ciudadana en la rifa se haya resentido, de hecho para muchos supone un gran alivio al evitar, en caso de ganar, hacerse cargo de todo el proceso que implica la matanza. Según informaron desde el Geriátrico, se recaudaron 1.970 euros, muy por encima de los 1.041 de 2025, año en el que hay que tener en cuenta que la actividad se vio desfavorecida por culpa del mal tiempo. Cabe recordar que, además, el dinero recaudado irá a parar a manos de Associació de Familiars de la Residència Geriàtrica para la organización de sus actividades anuales.
A la espera de poder degustar los manjares de un ejemplar que pesó 175 kilos, del que saldrán por lo menos 27 de sobrasada y 14 de carn-i-xua, entre otros productos cárnicos, la fiesta de ayer en el Geriátrico estuvo endulzada por los pastissets que los mayores elaboraron en su taller semanal de cocina.