«Si buscas una formación práctica, útil y con salidas reales, este curso es para ti». Así se promociona el taller de manipulación, conservación y venta de pescado y marisco en el que esta semana están participando 13 personas (10 mujeres y tres hombres) entre 45 y 60 años, todas ellas en situación de desempleo.
Se trata de una actividad que forma parte del programa nacional «Talento 45+», desarrollado en la Isla por la Cámara de Comercio, cofinanciado con fondos europeos y que cuenta también con la colaboración de la Cooperativa San Crispín para la cesión del aula formativa.
El programa tiene como objetivo mejorar las competencias profesionales de personas en paro con el fin de aumentar sus oportunidades dentro del mundo laboral. Rodrigo Boano, de 50 años, se encuentra desocupado desde el pasado noviembre, y aunque en su sector, el de la hostelería, al final no suele faltar trabajo, ha visto en el curso una oportunidad de futuro. «Está siendo una experiencia muy provechosa, creo que también me servirá para tener una mejor atención hacia mis clientes», confiesa este jefe de sala cuyo único contacto con el mundo de los peces, hasta ahora, había sido la pesca recreativa.
Boano, si encuentra la posibilidad, no descarta dar el salto a este nuevo campo profesional. Sin embargo, las opciones plantean dudas. Por un lado, tal y como se les está explicando en el aula, el sector demanda cubrir el puesto de pescadero, pero, por otra parte, cada vez hay menos pescaderías.
Raquel Santiago cuando comenzó en el sector, hace 15 años, «no sabía lo que era una dorada», y hoy es propietaria de dos negocios de pescadería. Visto el panorama, reconoce que el oficio que desempeña puede estar en vías extinción: «Para encontrar trabajadores me las veo y me las deseo», explica Santiago, quien esta semana se ha estrenado como profesora.
Filetear una lubina
En la primera clase práctica, los alumnos probaron a filetear, «con muy buenos resultados», una lubina, cortar un salmón en rodajas y limpiar unos calamares. Eso ya lo tiene aprendido Boano, quien confiesa que «algo que sea nutritivo para el saber siempre tiene lugar». El alumno se siente muy interesado tanto por el tema de vender pescado como por todo lo relacionado con el almacenaje o la producción: «La verdad es que es un tema que me tiene entusiasmado».
Sin embargo, no hay que olvidar, comenta la profesora, que el curso es solo «una toma de contacto para ver si gusta o no», porque lo que es la profesión «se aprende en el día a día». El problema en Menorca es precisamente que no existe formación específica, salvo en ocasiones puntuales como esta, para esa profesión. Y como ocurre en tantos oficios, este también se aprende con la práctica, y esta también se encuentra con las trabas habituales. «Hay que enseñar en temporadas en las que haya poco movimiento para dedicar el tiempo que merece, pero la realidad es que, con el gran volumen de trabajo que hay, no queda tiempo para formar», explica la profesora, quien defiende que «lo más importante es tener ganas de trabajar, así es como se aprende un oficio».
Pero antes de la práctica, está la teoría. Parte esta de la que se ocupa en el curso Rafel Quintana, un perfil muy vinculado al mar, tanto desde una vertiente técnica e investigadora como desde la experiencia directa en el sector primario, trabajando tanto en la pesca profesional como en la comercialización. El profesor comparte esa sensación de falta «de mano de obra cualificada en sector», al igual que también ocurre en otros campos, como el de la carne, apunta.
Alaba Quintana iniciativas como en la que está participando y con las que aspira al siguiente objetivo: «Que se lleven una visión general, reforzada con la parte práctica, que abarque desde el conocimiento de las especies, a la manipulación del pescado, pasando por su conservación y aspectos higiénicos». Un buen punto de partida para emprender un nuevo rumbo profesional.
Mercadona ahora vende el pescado ya envasado y limpio,al igual que la carne. Una pena.Se está perdiendo lo auténtico. Las grandes superficies abaratan la compra y por eso tienen afluencia de público. Además de fácil aparcamiento y otros factores. Las pescaderias de la isla han desaparecido y el mercado de pescado de Mahón y Ciutadella también acabarán por desaparecer.