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Galerista por Ikigay

Etesian Gallery en la calle Castell Rupit de Ciutadella

| Menorca | |

Hace unos días salió un reportaje en el Magazine de «La Vanguardia» dedicado a las galerías de Menorca. Un reportaje de cuatro páginas a color firmado por Rafael Lozano, muy bien documentado. En él destacaba haber pasado de 7 a 21 galerías de arte contemporáneo en los últimos 5 años. El hecho de centrarse en las galerías comerciales dejaba fuera las salas municipales (nuestro Consell no dispone de ninguna…) y otros espacios públicos que ofrecen a menudo obras interesantes. Sin ir más lejos, el año pasado, la artista Ana Rierola expuso su «Jardín de las Delicias», para mí la más interesante del año, en la Sala Sant Josep, donde ahora expone Xec Florit Nin, uno de nuestros artistas más destacados.

El artículo tampoco hace referencia a la fábrica Codina que gestiona Nando Pons ni al Plankton Manifesto en Casabeja de Katja Loher, como espacios alternativos de arte contemporáneo vinculados a esta isla. Entiendo que ese artículo se refería solo a las galerías comerciales, como fenómeno veraniego. Sin embargo, creo que no hay solo un interés comercial detrás de tantos proyectos de galerías. Está el factor humano y algo especial vinculado a esta isla. Hay mucha gente que llega a Menorca y siente algo. Surge un impulso interior por aventurarse a mostrar ese vínculo a través del arte.

Bettina Calderazzo, la propietaria.

Porque estamos hablando de sentir y de hacer sentir, no de negocio.

El otro día, sin ir más lejos, paseaba por Ciutadella y, al pasar por la calle Castell Rupit, me llamó la atención una pintura expuesta en un local. Casi no hay un cartel para saber que estamos en una galería. Luego supe que se llamaba Etesian y que era un espacio creado por una mujer australiana de origen italiano, Bettina Calderazzo. Ella había abierto esta pequeña galería hace 4 años, discretamente, pero con la ambición de hacer algo hermoso y permanente. En teoría, esta galería podía haber sido incluida en el reportaje de la revista, pero fue olvidada por Lozano. Es lo que tiene la discreción y la voluntad de ir penetrando poco a poco en la sociedad isleña.

Pero, a lo que iba, entré en la Etesian Gallery porque me había atrapado un cuadro. Se trata de «Atardecer» un óleo del pintor polaco, para mí absolutamente desconocido, Iwo Zaniewski. Es una pintura con una lámpara luminosa color fucsia en el centro que te atrae como un faro en la noche. Luego, delante de la obra, vas descubriendo toda la escena; la lámpara está sobre una mesa camilla donde hay una mujer en la oscuridad, de espaldas, cuesta distinguir si está leyendo o escribiendo; una cortina abierta nos descubre un jardín con una sombrilla y una hamaca; el jardín está cerrado por unos árboles que se recortan contra un cielo al atardecer que da título al cuadro. Es una escena serena, de gran quietud y silencio, sintiendo pasar el tiempo, enredado en la lectura o la escritura, mientras avanza la penumbra. Es una escena con mucha atmósfera, a pesar de utilizar unos colores planos que recuerdan a Matisse. Quizás sea ese equilibrio entre interior y exterior, entre colores apagados y el rosa intenso de la lámpara central. Hacía tiempo que no me sentía tan inmerso en una pintura como delante de aquel cuadro.

Iwo Zaniewski. ‘Atardecer’, óleo 110 x 140 cm, 2007.

Me giré y en la pared de enfrente había una pequeña obra totalmente opuesta en cuanto a lenguaje y propuesta estética. Se trata de una obra abstracta de una delicadeza inusitada, que también te atrapa en las sutilezas de su equilibrio compositivo, el contraste entre las masas de color y los trazos tenues del lápiz, la elegancia de esos colores, con su juego de tonos, y la armonía que respiran. Una obra de otro pintor desconocido, el griego Stolios Karamanolis, «Sin título» de 2025.

De la atmósfera figurativa y evocadora de Zaniewski a la composición sugerente y abierta de Karamanolis. Dos mundos conviviendo frente a frente y ambas obras con las que conecté de inmediato. ¡Qué poco nos llega de otros países y qué fácil puede ser conectar con su pintura!

Stolios Karamanolis. Sin título, acrílico y lápiz, 50 x 50 cm, 2025.

Entonces apareció Bettina.

Bettina Calderazzo es la propietaria de la galería y una enamorada de su trabajo, como pude comprobar. Ella notó que me habían conmocionado esas piezas y me enseñó otras obras de estos artistas que formaban parte de una colectiva. Todas sus obras compartían el mismo magnetismo, dentro de su diversidad. Ella me confesó que, cuando abrió la caja en la que llegaron aquellas pinturas que ella solo había visto en fotografía se emocionó tanto que tuvo que salir a la calle para que el aire le devolviera el aliento por el impacto emocional que recibió. Entendí su emoción. A veces nos decepciona ver una obra en directo, después de haber visto su reproducción, pero otras veces su presencia física nos abruma. Nunca es lo mismo ver una obra reproducida que enfrentarnos cara a cara con el original. Esa emoción presencial es lo que justifica el éxito de los museos.

Bettina es australiana de origen italiano y ha recorrido medio mundo hasta topar con una isla que le produjo la sensación de haber encontrado en ella su sitio, el sitio donde quieres vivir. Tiene con su pareja una casa en el campo donde cada mañana siente el IKIGAY de estar donde debe y haciendo lo que más ama. La pequeña galería está en una callejuela del casco antiguo y es una parte de lo que había sido una casa señorial del siglo XVII, con sus techos abovedados y paredes de piedra. No sabían si podrían sobrevivir vendiendo obras de arte contemporáneo. Pero llevan ya cuatro años y tienen grandes sueños que cumplir.

Yo he conocido a otros galeristas enamorados de un trabajo que viven desde la pasión por el arte. Como Toni Salord, por ejemplo, de Vidrart, al que también le brillan los ojos cuando venden una pintura. Cumplen su IKIGAY, esa motivación vital, tan necesaria, que nos da fuerzas para levantarnos cada día.

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