Cala Teulera es un refugio natural entre el islote del Lazareto y el último tramo de acceso a la fortaleza de La Mola. En Llevant se la conoce como «cala cobarde», un malnom que explica que los que no se atreven a salir al mar los días de oleaje, abandonan su amarre y fondean en estas aguas mansas. En verano, algunos días, está más ocupada que Binigaus, Macarelleta o la Illa d’en Colom. Pequeñas embarcaciones y algunos yates, de los que suelen navegar a pocos nudos, y que no rompen el silencio, suelen pasar horas allí.
Para lo que no está previsto que sirva Cala Teulera es para el fondeo de yates de lujo, como el que descansó allí el pasado domingo. Esos yates deben amarrar donde toca y pagar las lujosas tasas que les corresponde. Es verdad que el domingo pasado coincidió con dos cruceros amarrados en el Moll de Ponent. El lujo debe tener su espacio, que, por lógica económica, no puede ser el de todos los demás.