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El impacto de la desinformación provoca reacciones impulsivas

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El anuncio de un posible paro de una asociación de transportistas, en protesta por el elevado precio de los carburantes, ha provocado una cascada de mensajes falsos y bulos en las redes sociales que ha causado alarma por el temor a un eventual desabastecimiento. Distribuidores y transportistas de Balears descartan la falta de suministros en los centros de alimentación, por lo que carece de justificación el acopio de productos. Otro tanto ocurre con los combustibles.

El impacto social de las fake news –la desinformación, en definitiva– es conocido. Las redes sociales multiplican la velocidad de difusión. Audios y mensajes de origen desconocido llegan a centenares de miles de personas en pocas horas, creando inquietud y reacciones impulsivas.

Garantizar el abastecimiento de Balears no supone resolver el problema que plantea la actual coyuntura económica en casi todos los países occidentales con una subida constante de los precios. Desde hace meses los carburantes y la energía mantienen incrementos notables y constantes sin que se haya logrado su contención, tarea en la que ahora –con el estallido de la guerra en Ucrania– los mandatarios de la Unión Europea parecen haber tomado conciencia. Lo que realmente debe preocupar es la deriva inflacionista que se ha desatado y que castiga severamente el bolsillo de todos los consumidores.

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