El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amaga con un gran ataque a Irán, tras alardear de que ha desplegado el mayor contingente militar en la zona desde la guerra de Irak. Próximas a las aguas persas se encuentran dos grupos de portaaviones: el USS Abraham Lincoln y el USS Gerald R. Ford, considerado el buque de guerra más poderoso del mundo. También hay cientos de cazas de combate y refuerzos logísticos sin precedentes repartidos en las bases militares de este país en Oriente Medio. Los tambores de guerra son muy intensos y llegan solo después de que el régimen de los ayatolás masacrara a miles de manifestantes al reclamar libertad y democracia.
En junio del año pasado, la coalición formada por Israel y Estados Unidos ya bombardeó las defensas antiaéreas y las bases subterráneas donde se desarrolla el programa nuclear de Teherán. Ni Tel Aviv ni Washington quieren que Jamenei se haga con armas atómicas. Pero si la Casa Blanca autoriza el nuevo ataque a Irán, los misiles balísticos de aquel país caerán masivamente sobre Israel, el archienemigo de los clérigos fundamentalistas persas. Un conficto armado en esta zona incendiaría la economía mundial, por el riesgo de que Irán cierre el estrecho de Ormuz, donde discurre una gran parte del comercio del petróleo internacional y los precios se dispararían.