La parroquia de Sant Antoni Maria Claret de Ciutadella celebró el sábado una fiesta intercultural, en la que participaron casi 400 personas, de unas veinte nacionalidades, de diferentes religiones, algunas ateas. La idea surgió del grupo de Càritas de esta parroquia y se sumaron los que también están comprometidos con la labor social en las otras comunidades del municipio.
La fiesta fue una expresión alegre de la fraternidad que impulsa la Iglesia para acoger a las personas inmigrantes, ayudarlas a la integración y responder con la acción a las actitudes de discriminación y xenofobia que se extienden por la sociedad y que impulsan grupos y formaciones políticas.
El encuentro sirvió para compartir bailes, actuaciones, comidas regionales de países distintos, propiciando el conocimiento de las costumbres y culturas en un ambiente de convivencia.
Detrás de la parte visual de la fiesta, está una labor más interna, en cada parroquia, donde los voluntarios de Càritas ayudan a resolver necesidades perentorias y al mismo tiempo facilitar la integración. La mano tendida es el símbolo de unas comunidades cristianas comprometidas con el prójimo, especialmente el que procede de la pobreza lejana.