Margarita Caules Ametller
Continuando con el listado de la calle Nueva de nuestro Mahón, de un lejano 1955, la misma dice así: en el número 5, también vivían los propietarios del edificio, don Pedro Mercadal Seguí, su esposa Catalina Goñalons Escrivá y su hija Emilia, a continuación Francisco Ferrer Pallejá nacido en Barcelona, regentaban la tienda de comestibles, su esposa Clara Montoy López , sus 2 hijas Concepción y Montserrat y la madre del primero Eulalia Pallejá Cervelló. El nº. 9 no existía ; en el 11, Bartolomé Pons Camps, carnicero de profesión, su mujer Margarita Pallicer Gomila y su hijo Antonio. El 13 tampoco existía, continuando el 15 con Juana Jover Mascaró, a la cual últimamente tanto he llegado a citar por la fama de bordallets que tenía en su negocio conocido por ca na Segó. Una gran casona, rotulada con el 17, trasformada en varias viviendas. Entre los vecinos, se encontraban, Juan Pons Camps, empleado, su esposa Esperanza Prats Caules, Mari y Antonio. Bartolomé Riudavets Caules, María Mir Olives, ambos de Alaior , propietarios de la Mahonesa. En la misma escalera vivía una mujer que significó mucho para esta servidora, doña María Llabrés Piris, natural de Ciutadella, hermana de doña Catalina, farmacéutica de aquella ciudad y que mi madre, en gloria esté, trabajó para ella en calidad de criada, niñera de su único hijo, ama de llaves, despachaba y atendía el público etcétera. En 1955 doña María, viuda de Arregui, con dos hijas Carmen, nacida en Valencia, y Pilar, en Algeciras. Otro inquilino del edificio, Ángel Gil Pachón, militar , Juana García González, Santiago, Concepció y Francisco y el hijo del matrimonio Vicente, nacido aquel mismo año. Un altre estadant molt important, Dámaso Iturrioz Bajo, ingeniero, Ana Lázaro Aguirre, ambos de Victoria, un hijo Rafael que totes ses al·lotes de Mahó, esteien enamorades d'ell.
Continuaba el 19, popular cafetería Rosabel de Domingo Pons Guzmán, cruzábamos la calle de Santo Cristo, topando con la librería de Catalina Marí Juan, venta de libros nuevos. Rafael Salas Bauzá y su comercio de Los Escudos, nacido en Pollença, casado en Mahón con Catalina Pons Triay y su hija Francisca. La casa rotulada con el 25 se encontraba deshabitada, su vecino del 27 era la tienda de don Manuel Obrador Casasnovas, su esposa Antonia Real Pons y sus hijos Antonio y Rosa. Juan Vives Llull, profesor, Antonia Campomar sus hijos José y Juan. Al año siguiente, en aquel domicilio figuraba Inés Vives Llull, con el epígrafe de venta de cuadros pintados. En la casa 29, se encontraba Juana, la mayor de los hermanos y en el 31 los padres de Antonia o sea los suegros del señor Vives, Juan Campomar Crespí de Pollença y Catalina Mus Pons. La tienda de tejidos finos de Luis Casals Thomás. En el 35 un matrimonio muy apreciado por esta servidora, Domingo Caruana Mus, militar y su esposa Mercedes Orfila Iborra, con su hijo mayor Juan Antonio. Sus vecinos, Julio Alou Mercant, funcionario, Francisca Alorda Crespí y Federico. Otros vecinos también muy queridos, Fernando Andreu Asencio y Catalina García Chabala. Al año siguiente se fundó la primera oficina de viajes Iberia. El Barato, venta de trajes de algodón de Juana Pons Riudavets y su tia Francisca Riudavets Felix, hermana de su madre. Y por último en el 39 el banco Central, que si mal no recuerdo antes se encontraba en la calle del Ángel. Frente a esta entidad bancaria, se encontraba una tienda muy característica y emblemática, la de Consuelo Riudavets Manent (1901-1995) Su padre fue uno de los comerciantes más importantes de nuestra ciudad, José Riudavets Serreinat, tanto es así que fletaba veleros que llegaban a nuestro puerto cargados de tejidos, lozas, preciosas porcelanas, toda clase de enseres, incluso del ramo de alimentación, vendía al por mayor, su establecimiento se encontraba, en la actual casa Sturla, esquina con la calle del Norte llegando a más de la mitad de la misma . Estaba casado con Lucía Manent Espineta, el matrimonio vivía en la cuesta de Deyá pujant des de sa Ravaleta a mà dreta. Desde el 24 al 28 ambas inclusive, él y sus hermanos José y Juan lo heredaron de su padre. Parece ser que el árbol genealógico de esta rama Riudavets, está plagado de personajes muy interesantes que más adelante intentaré descifrar, entre ellos afamados maestros artesanos en el ramo de carpintería y ebanistas, hubo marinos, maestros de ribera y el insigne capitán de navío honorario, Pedro Riudavets y Tuduri, que escribió en 1888, la historia de la isla de Menorca, tio carnal del padre de Consuelo Riudavets.
Los 3 hermanos Riudavets Serreinat, eligieron rumbos diferentes, mientras José tal como ya he dicho fue un aventajado comerciante, Enrique llevó a buen puerto la prestigiosa carpintería, en la cual continuaron sus descendientes, mientras Juan fue capitán de navío.
José Riudavets Serreinat, falleció un año antes de estallar la guerra, dejando viuda y 3 hijos Consuelo, Blanca y Juan. Con la muerte del cabeza de familia, los negocios, no continuaron con la misma desenvoltura que con su fundador y mientras los aviones asustaban a los sufridos mahoneses tirando bombas, Consuelo, Blanca y el novio de ésta, Deleuse de grato recuerdo. Hacían el traslado de la esquina de la calle del Norte, con la que todos hemos conocido fins fa 4 dies.
En un principio, aquella estrecha entrada, la compartían con el señor López el turronero, hasta que se decidió a cogerla por su cuenta, na Consuelo. Intentaron vender cuanto habían sacado del almacén del ramo de alimentación, una vez agotado, prefirió decantarse por la mercería, en este epígrafe entraban muchas cosas más, y me pregunto yo? ¿quién mejor, en todo Mahón, para despachar al público femenino, productos de belleza, que Consuelo Riudavets ?... nadie, tan sólo ella que era muy presumida y sabía sobre el tema. Las mujeres le tenían depositada, toda la confianza del mundo. En casa Consuelo Riudavets se encontraba todo, lo que se dice todo, el Cold Cream, que despachaba a granel, usaba de medida un pequeño tarro de porcelana marrón que llenaba con una lima metálica que usaba a modo de espátula, creo recordar valía 1,50. Por el contrario, para la medición de los polvos compactos se valía de un dedal, cada didalada 0,60 céntimos.
En la vitrina a modo de escaparate, se podían apreciar modernísimas pinzas para arreglar las cejas, rizadores de pipelles, rimel, pinzas para marcar las ondas del pelo, peines , cepillos, clips, ganxos de vella, peinadores de tela, redecillas para dormir, otras para proteger el moño durante el día, per es carrer, tintes para el pelo y agua oxigenada, fijapelo, sobres que contenían polvos para lavar la cabeza de la casa Bilore, cada lavada costaba una peseta, al despacharlos solía recomendar que al aclarar el pelo se echara sobre la misma un vaso de cerveza Dam, si por el contrario aquel estaba muy encrespado, tenía fácil solución, soportar 15 minutos un huevo batido y la cabellera quedaba de cine. Los pestilentes depilatorios de la casa Taky que pudien com un abulló, cuando alguna mujer se depilaba, el vecindario se enteraba al acto. No faltaban los crepes o rellenos de peinados. Pinta labios de todos los colores y un moderno método que surgió, papeles de celofán que estaban coloreados, se depositaban sobre los labios quedando al acto según el color elegido. Esmaltes para uñas, borlas para espolvorear la cara y el cuerpo, y otras de más pequeñas para los coloretes. Colonias de todas las marcas a granel y embotellada y jabones d'oloreta.
Decir que más que una perfumería era un casinet, punto de encuentro con sus amigas siempre fueron bien recibidas cuantas quisieran participar de lo que allí se debatía, más bien diría yo, fue una especie de Ateneo femenino.
Consuelo fue una mujer muy querida por cuantos la tratamos, por su manera de ser por su originalidad, dicharachera, muy divertida, muy buena cocinera, tenía muchas amigas que cada día acudían a saludarla, recuerdo a Tinita Riudavets Fortuny; Cleofe, la modernísima modista que le confeccionaba aquellos vestidos que tanto le gustaba ponerse, era de estatura pequeña, pero su corazón más grande que la de cualquier modelo. Gran danzarina, bailaba cuanto marcasen los músicos, en la Liga, en el Mesón y no digamos los populares bailes del Victoria y el Consey, pero los que recordaba muy bien tal vez por la cercanía con su hogar, los del Teatro Principal. Los del vermouth, Navidad, fin de año, estudiantes, de las muñecas, carnaval?
Debo agradecer a su sobrina Niní Sans, continuadora durante mucho tiempo de aquel negocio y a su prima Carmen Riudavets, por su ayuda, sin ellas hubiera sido totalmente imposible realizar la misma.
Descanse en paz, mi querida amiga , esta tarde, tras esconderse el sol por el poniente, aprovechando la ocasión de ser el mes de María, le dedicaré, con todo mi cariño, mis oraciones y unas humildes flores des lloc de sa figuera.